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Escritor magallánico Mario Moreno: “Yo estuve con el asesino de Lolol”

El año 2010, junto a su hijo que estudiaba cine, estuvieron con el anticuario de Oscar Segundo López, hombre que decapitó a mujer y que tenía una segunda cabeza en su propiedad. “Era huraño y se comportaba bastante extraño”, recuerda el investigador cultural.

Por La Prensa Austral sábado 14 de julio del 2012

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Una extraña sensación de terror ante el peligro que les rondó, experimentaron los magallánicos que en el año 2010 establecieron contacto con el comerciante anticuario Oscar Segundo López Rodríguez, protagonista de dos feroces crímenes ocurridos en la localidad de Lolol, en la Región del Libertador General Bernardo O’Higgins y que hoy tienen horrorizados al país.

El jueves López Rodríguez asesinó y decapitó -al parecer sin motivo alguno- a María José Reyes frente a sus dos hijos. Luego que la policía le diera muerte, los carabineros hallaron una segunda cabeza oculta en su casa, que correspondía a Juan René Duarte Becerra, de 56 años, quien era vecino del homicida y se encontraba desaparecido desde el martes pasado.

Patricio Moreno Verdún, estudiante magallánico de la carrera de Cine en la Universidad Arcis, viajó a Lolol junto a otros compañeros de la alta casa de estudios por haber elegido este pueblo campesino como locación para realizar la grabación de un cortometraje titulado “El Volantín”, que narra la historia de un fabricante de cometas y un niño que quería aprender este tradicional oficio.

Ante la necesidad de contar con algunos elementos para el cortometraje, concurrieron hasta el negocio del anticuario Oscar Segundo López Rodríguez, el cual les facilitó, sin costo, algunos aparatos, entre los cuales figuraba un triciclo de acarreo que fue utilizado en el filme.

Su negocio, en ese año, estaba instalado en una céntrica arteria de Lolol.

Como una forma de agradecer el gesto de este anticuario, de prestar algunos elementos sin fines de lucro, los estudiantes decidieron enviarle de regalo una copia del cortometraje, misión que recayó en el escritor e investigador cultural magallánico Mario Isidro Moreno, quien viajó en agosto de 2010 a la Sexta Región para cumplir este cometido.

Contacto con el asesino

El lugar donde funcionaba el negocio estaba vacío, por lo cual Moreno averiguó que el anticuario se había cambiado a un lugar más amplio en el sector de La Palma, en la salida oeste del pueblo. Allí, se entrevistó con Oscar Segundo López Rodríguez, al cual le hizo entrega del obsequio de los estudiantes y, al mismo tiempo recorrió con el dueño las instalaciones del negocio, adquiriendo algunas antigüedades, entre las cuales figuraron estribos y otros elementos campesinos.

El terremoto que afectó a la zona centro-sur, prácticamente demolió la casa y el local de López Rodríguez, el que tuvo que cambiarse a un inmueble ubicado frente a la Compañía de Bomberos y a escasa distancia de la Comisaría de Carabineros, que es donde perpetró los crímenes que tienen conmocionados a los chilenos.

Para los magallánicos mencionados, recordar que al entrevistarse con esta persona, estuvieron prácticamente en sus manos de verdugo les causa una terrible impresión que tardará en borrarse de su mente.

Mario Isidro Moreno rememoró que cada vez que viajaba a su tierra colchagüina, pasaba a Lolol y junto con visitar a su familia, iba a averiguar si a este comerciante le habían llegado otras antigüedades y, en cada oportunidad, notaba un raro comportamiento en el individuo que era demasiado parco en la atención de sus clientes. “Era huraño y se comportaba bastante extraño”, apuntó, al evocar que cuando el año 2010 le entregó el regalo enviado por los estudiantes, Oscar López lo dejó de lado y ni siquiera le dio las gracias.

Lolol y, en general, la zona colchagüina es rica en mitos y leyendas, parte de las cuales están incluidas en el libro “Leyendas Colchagüinas”, editado por Impresos La Prensa Austral en agosto de 2005. Allí se menciona a los brujos, los pactos con el diablo y, en general, todas esas creencias que se conservan intactas en estas localidades costinas que permanecen incorruptas, motivo por el cual un crimen de esta naturaleza, remece el alma de sus tranquilos habitantes.

Para Mario Isidro Moreno, el hecho de haber estado con el asesino de Lolol, hoy le genera una sensación de verdadero escalofrío.