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Familia vino a vivir a Punta Arenas para que su hijo pudiera ser atendido en el Centro de Rehabilitación

Imposibilitados para dar atención ad hoc a las necesidades psicomotrices de su hijo por la ausencia de un centro especializado en rehabilitación en su ciudad de origen, la familia Soto Escobar decidió radicarse desde hace 6 años en Punta Arenas para ofrecer una mejor calidad de vida a su hijo mayor a través del Centro de Rehabilitación Club de Leones Cruz del Sur.
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Por La Prensa Austral jueves 22 de noviembre del 2012

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Imposibilitados para dar atención ad hoc a las necesidades psicomotrices de su hijo por la ausencia de un centro especializado en rehabilitación en su ciudad de origen, la familia Soto Escobar decidió radicarse desde hace 6 años en Punta Arenas para ofrecer una mejor calidad de vida a su hijo mayor a través del Centro de Rehabilitación Club de Leones Cruz del Sur.

Al igual que cientos de historias de sacrificio y apoyo se tejen al interior del centro que este año cumple 26 años al servicio de la comunidad magallánica, en 2006 Cristóbal Andrés Soto Escobar llegó junto a su familia hasta la zona para ser atendido por los profesionales del centro ubicado en el sector de Las Naciones desde su natal San Antonio, en la Región de Valparaíso.

“Tener un Centro de Rehabilitación de este nivel en su ciudad es un tesoro”, fueron las palabras con las que Maritza Soto, madre de Cristóbal, describió el gran valor que tiene para ella y su familia el recinto que por seis años ha facilitado de forma gratuita las mejores atenciones para el tratamiento de su discapacidad.

“En nuestra ciudad no teníamos dónde atender a Cristóbal y cuando supimos de este centro mi esposo pidió su traslado en su trabajo y venimos a vivir acá“, manifestó la dueña de casa expresando su agradecimiento por el profesionalismo y calidez con que han sido atendidos, no sólo durante las terapias, sino de forma integral. “En este tiempo ha mejorado mucho. El resto de la familia que sólo lo ve una vez al año lo confirma”, acotó, destacando también su satisfacción por haber cambiado su domicilio hasta la ciudad de Punta Arenas junto a su esposo Osvaldo y su hija Catalina (9), ya que “acá se enferma menos. El clima es más seco y su salud ha mejorado bastante”.

Con una parálisis cerebral mixta que afecta directamente sus funciones motoras, Cristóbal cursa actualmente el séptimo básico en el Colegio Charles Darwin donde todos los días es apoyado de forma permanente por una asistente particular para su movilización y actividades escolares y durante las tardes es su madre quien lo acompaña, destacando que “ha tenido muy buena acogida por sus compañeros. Están juntos desde primero básico y aunque no puede hablar se comunica y ellos lo entienden a la perfección”. El Colegio Charles Darwin mantiene entre su matrícula a 9 alumnos con capacidades diferentes de forma regular.

Los amigos

En el aula los escolares describen al pequeño como “el mejor compañero; siempre está alegre y nos contagia a todos. Lo queremos mucho y siempre que podemos lo ayudamos en lo que necesita”, indicando, además, que existe un debate constante sobre las preferencias futboleras de su compañero quien es un ferviente hincha de la Universidad de Chile.

A ponerse las pilas

Finalmente la madre de Cristóbal hizo un llamado a toda la comunidad magallánica “a ponerse las pilas y apoyar a las Jornadas. Hay cientos de personas que necesitan los servicios de los centros de rehabilitación y está en todos aportar”, recordando nuevamente el privilegio de que en la región se cuente con varios centros de atención para la discapacidad y destacando la obra del Club de Leones Cruz del Sur.