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Hay un pueblo en el norte que muere de inercia

National Geographic y Al Jazeera son un par de ejemplos de los muchos medios internacionales que han llegado a conocer Quillagua. Un interés internacional fundado en criterios medioambientales -como el hecho de estar en el punto más seco del planeta- que no se condice con el desinterés nacional por un pueblo que muere a vista y paciencia de todos.
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Por La Prensa Austral jueves 31 de julio del 2014

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National Geographic y Al Jazeera son un par de ejemplos de los muchos medios internacionales que han llegado a conocer Quillagua. Un interés internacional fundado en criterios medioambientales -como el hecho de estar en el punto más seco del planeta- que no se condice con el desinterés nacional por un pueblo que muere a vista y paciencia de todos.
Quillagua está 4.780 kilómetros al norte de Punta Arenas, en la Región de Antofagasta y la comuna de María Elena. Es un oasis en el desierto, que le debe la vida al río Loa que lo baña; un curso de agua que, paradójicamente, falleció, después de las lluvias que desbordaron los estanques de relaves mineros en la década de los ‘80, y de las toneladas de residuos del cobre que cayeron al sur de Calama a fines de los ‘90. El Loa tiene cada vez menos agua, y definitivamente no tiene habitantes.
Pero antes, era otra la vida. Allí habitaban mil personas criando animales, cosechando alfalfa, alimentándose de peces y camarones de agua dulce. Después del desastre ecológico, son sólo un ciento de pobladores, 80% de los cuales son adultos mayores con bajas pensiones, sin teléfono ni agua potable, y ocho horas de luz eléctrica. Quillagua muere de inercia, y a nadie parece importarle.
A mí me importó. Cuando una profesora amiga de mi familia contó que abandonó Quillagua, porque su proyecto de crianza de camarones en el Loa ya no tenía sentido sin camarones, pensé en ir a registrar. Y me armé de cámara y paciencia por 21 días, para captar testimonios, paisajes, personas, silencios; para contar esta historia que no se puede ver en una nota informativa de denuncia; para escuchar a cien chilenos que conviven con una gran industria, una gran sequedad y un gran desinterés político.
Yo no estoy en contra de la minería, porque pienso que es una actividad indispensable en el mundo actual. Tampoco creo que la contaminación haya sido intencional. Pero estos conflictos no se han abordado como corresponde; no se han asumido responsabilidades ni buscado soluciones; no ha habido empatía ni respeto por la comunidad, y eso sí es un problema. Por lo menos, con este documental, espero haber ayudado a decirlo.