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La mayor queja de los vecinos de sectores periurbanos es el mal estado de los caminos

Paula López Sepúlveda
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Por La Prensa Austral sábado 26 de julio del 2014

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Paula López Sepúlveda
plopez@laprensaaustral.cl

No fueron los suministros de agua potable, gas o de la energía eléctrica, la queja de vecinos que viven en sectores periurbanos de Punta Arenas, sino que el mal estado de los caminos, a raíz de la intensa nevazón en Punta Arenas, iniciada la madrugada del domingo pasado.
Pese a ello, no están arrepentidos, todo lo contrario: agradecen la oportunidad que les dio la vida de vivir en sectores tan tranquilos como villa Generosa o prolongación José Martínez de Aldunate, como en el caso de las personas entrevistadas durante la mañana de ayer.
Carlos Nancul Güeichatureo, funcionario del Comando Conjunto Austral del Ejército, vive con su señora y con su hija, hace diez años, en la parcela 15-B de la calle José Díaz, en villa Generosa.
“No he tenido problemas, porque tengo un vehículo apto para el clima. El tema son los caminos. (…) Han venido a reparar la calle como dos veces, pero lo han hecho mal. Los de la municipalidad vinieron en diciembre pasado, pero dejaron ‘la escoba’, porque lo dejaron plano. Yo, justo ese día, no estaba, si no, les hubiera dicho que tenían que dejar la caída para que el agua corra por los costados, y por eso se forma lo que está ahí”, comentó.
Respecto del suministro de agua potable, no han tenido problemas, pues éstas son subterráneas. Y hasta ahora, el suministro de gas ha funcionado normalmente.
“Este año ha sido el más bueno, porque los otros años ha sido peor, cuando el invierno partía en junio, porque estamos como tres meses con el camino malo”, agregó.
Finalmente, Nancul se quejó de que las autoridades se han preocupado de arreglar los caminos de otros sectores, excepto el suyo.
Su cuñado, Jorge Navarro Montenegro, vive, también, hace doce años en la parcela 15-B, de la misma calle. También coincide con Carlos en que el mayor problema que deben enfrentar es el mal estado de los caminos de accesos a sus hogares.
Un poco más lejos vive Jessica Hernández Figueroa, junto a sus padres y sus dos hijos.
En la mañana de ayer caminaba junto a su madre, Hilda Figueroa Gamín, por el pasaje El Aguila, donde residen hace seis meses.
Por problemas económicos, decidieron vender su casa en la villa Alfredo Lorca e irse a vivir a dicho lugar.
Niña enferma
“Fue más por mi niñita, que es discapacitada. (…) Es más cómodo para ella; tiene más espacio y no hay peligro”, dijo Jessica.
La adolescente de 13 años sufre de una rara enfermedad, que le dificulta el poder caminar. De hecho, anda en silla de ruedas.
“Lo que pasa es que nosotros tenemos vehículos, pero no podemos subir, porque el camino es demasiado peligroso para pasar para acá y hasta el momento, no han echado sal. Así, yo no puedo sacar a mi hija”, explicó la mujer.
Respecto del agua, no cuentan con suministro de agua potable, por lo que deben bajar a la ciudad, una vez a la semana o semana por medio, para ir a buscarla. Por lo general, trasladan a su casa tres bidones de 600 litros cada uno.
En cuanto a la calefacción, el uso de la leña ha sido indispensable, pues no cuentan con suministro de gas.
Al destacar su espíritu de sacrificio, Jessica dice que fueron criados en Puerto Montt, donde la leña es el principal elemento de calefacción, y que siempre han evitado hacerse problemas por este tipo de inconvenientes.
“A mí me gusta acá, porque es más tranquilo. No estoy arrepentida”, añadió la vecina.
“Yo tampoco. Lo único malo es el camino, y que a la niña (su nieta) no la podemos sacar”, señaló, en tanto, su madre.
Arnoldo Hernández Hernández debe ser uno de los vecinos más antiguos de la prolongación Martínez de Aldunate. Vive hace 40 años en el sector, en la parcela 36, Nº2, junto a su esposa.
Allí cría y cuida a sus 16 animales, entre vacas y terneros. Además, más arriba, señala, tiene un campo en arriendo.
Para alimentar a sus animales, tampoco se complica. Compra con anticipación fardos de pasto y lo demás, lo recolecta él mismo.
Sobre el agua potable, cuenta que como las cañerías están bajo tierra, no se escarchan De las que están en su casa, dijo que se han preocupado de forrarlas.
Y pese al mal estado del camino por la acumulación de nieve, en esta época Arnoldo evita salir al centro de Punta Arenas.
Otro de los vecinos agradecidos por vivir lejos del ruido de la ciudad es Abel Mancilla Oyarzún, quien no cambia el vivir en su parcela del pasaje Rubín, pese a todos las dificultades que conlleva estar alejado del sector urbano. Cada día concurre hasta un pilote de agua potable que está instalado en prolongación Martínez de Aldunate a llenar un tambor del vital elemento, que le dura uno o dos días. Algunos días va hasta tres o cuatro veces a sacar agua. Pero, asegura estar feliz, alimentando y criando a sus pollos y gallinas.