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La trastienda de la lucha estudiantil

Movimiento seguirá en vacaciones y los alumnos ya están viendo la mejor manera de no morir en el intento

Por La Prensa Austral domingo 3 de julio del 2011
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El miércoles 15 de junio, exactamente hace diecinueve días, amaneció “tomado” el Liceo Sara Braun. Era el comienzo del movimiento estudiantil más grande desde la Revolución Pingüina de 2006 y que en Magallanes ha alcanzado la misma fuerza que a nivel nacional. De hecho, es la región con más colegios ocupados (en proporción) y la más organizada, según antecedentes manejados por la Coordinadora de Estudiantes Secundarios (Ces).

A los pocos días, ya había siete liceos municipales (Sara Braun, Luis Alberto Barrera, Politécnico, Industrial, Contardi, María Behety e Insuco) y cuatro subvencionados “tomados” (Liceo Nobelius, Colegio Charles Darwin, Pierre Faure e Instituto Sagrada Familia). Mención especial se merece el Liceo San José que, si bien adhirió, sólo duró un día.

Lo claro es que todos quisieron hacerse parte de este gran movimiento, sin importar la dependencia del colegio. Prueba de ello es que, incluso, los particulares se han sumado a las marchas reclamando mejoramientos en la educación.

Hoy, son seis municipales (menos el Contardi) y dos subvencionados (Charles Darwin y Liceo Nobelius) los que persisten y que no piensan bajar los brazos hasta conseguir respuestas concretas a sus demandas.

Lucha nacional y local

Una de las voceras de la Ces, Macarena Guerrero, habla sobre el origen del movimiento estudiantil. “Es un conflicto que viene de antes. La Concertación no logró cambiar nada en 20 años y al parecer este gobierno tampoco lo va hacer”, dijo la estudiante. Ella se refiere a un problema de fondo y que requiere de largo aliento. “El tema es cambiar la Constitución que se realizó en dictadura y aún nos regimos por ella”, expresó, agregando que “con la Revolución Pingüina se incurrió en errores al aceptar las mesas de diálogo y proyectos que nunca se concretaron”.

Pero, ¿qué es lo que piden? “La recuperación de la educación pública”, dice Guerrero. Esta frase, que ha sido una de las más escuchadas en el último tiempo, encierra una serie de críticas al sistema actual que los secundarios no están dispuestos a continuar y, por ello, exigen demandas. La lucha en Magallanes es doble: nacional y local.

A nivel país, la dirigente explica que son cuatro los puntos más importantes: “La democratización, es decir, que tengamos un porcentaje de voto a la hora de elegir a los directores; el financiamiento, lo que conlleva a la desmunicipalización, pero sin privatización, o sea, que toda la educación pase a manos del Estado con un aporte directo; que la Prueba de Selección Universitaria (PSU) no sea el sistema de ingreso a la educación superior y se instaure otro tipo de pruebas; y que la Tarjeta Nacional Estudiantil (TNE) dure los 365 días del año”.

Este es sólo un resumen del petitorio nacional, el que se suma al local. Principalmente, exigen el mejoramiento de infraestructura de los establecimientos municipales; extender el recorrido de los buses Movigas para que llegue a todos los liceos de Punta Arenas y los jóvenes no tengan que caminar grandes trayectos o pagar colectivo sin derecho a tarifa rebajada; mejorar las condiciones y reconocimiento de los derechos laborales de la educación dual (quienes estudian y hacen prácticas); mayor cobertura de becas y beneficios para los estudiantes de los sistemas especiales de educación como La Araucana, Ceia, Caminos de la Tarde y los jóvenes internos en el centro privativo de libertad; y que los estudiantes de octavo básico puedan ingresar a los liceos técnicos profesionales y científicos humanistas rindiendo sólo un test vocacional. Esto significaría que liceos como el Contardi o el Barrera reciban alumnos sin seleccionar mayormente.