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Los cementerios de Punta Arenas y sus misterios

El primer cementerio funcionó en la Región de Magallanes en Fuerte Bulnes, entre los años 1843 y 1850. Investigaciones realizadas por la Universidad de Magallanes dieron con los primeros restos óseos de cuatro sepulturas a menos de un metro de profundidad. En este pequeño camposanto podrían estar: la primera mujer fallecida en la zona, los restos del cacique aonikenk Santos Centurión y los del periodista francés Clovis Gauguin, quien murió el 30 de octubre de 1849, cuando viajaba a bordo de la goleta francesa “Albert” en tránsito al puerto del Callao, en Perú. Allí podía estar también el británico Pringle Stokes, primer comandante de la Beagle y, según los investigadores, existen indicios que allí también podrían encontrarse los restos del ex gobernador Benjamín Muñoz Gamero.
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Por La Prensa Austral sábado 1 de noviembre del 2014

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El primer cementerio funcionó en la Región de Magallanes en Fuerte Bulnes, entre los años 1843 y 1850. Investigaciones realizadas por la Universidad de Magallanes dieron con los primeros restos óseos de cuatro sepulturas a menos de un metro de profundidad. En este pequeño camposanto podrían estar: la primera mujer fallecida en la zona, los restos del cacique aonikenk Santos Centurión y los del periodista francés Clovis Gauguin, quien murió el 30 de octubre de 1849, cuando viajaba a bordo de la goleta francesa “Albert” en tránsito al puerto del Callao, en Perú. Allí podía estar también el británico Pringle Stokes, primer comandante de la Beagle y, según los investigadores, existen indicios que allí también podrían encontrarse los restos del ex gobernador Benjamín Muñoz Gamero.
En Punta Arenas
Junto con establecerse la colonia de Punta Arenas en la desembocadura del río del carbón, el gobernador Benjamín Muñoz Gamero, reemplazante de José de los Santos Mardones, determinó en 1851 la instalación de un cementerio que fue ubicado a orillas de un riachuelo que, por esta causa, fue llamado arroyo o río del Panteón. En este lugar habrían sido sepultados los restos de las víctimas del motín de Cambiazo.
La vecina puntarenense, Hortencia Fuentes Bastías dice:  “El primer cementerio de Punta Arenas no fue el de la Plaza Lautaro; estaba ubicado justo como se menciona más arriba en un lugar no definido del sector Miraflores, el cementerio que se emplazó en la Plaza Lautaro fue el segundo cementerio existente en la cuidad”.
Por su parte, Rosario Uribe Mansilla, añade: “Al parecer entre un río que bajaba en calle Las Heras y el sector del Hogar del Niño Miraflores, cuando chica había visto un lugar donde alguien ponía flores. Y agregó que cuando se hizo la red de desagûes salió una lápida, que pudo o no corresponder a aquello”.
Las constantes crecidas de este curso de agua que originaban la inundación del camposanto, determinaron que en el año 1854 el gobernador Jorge Schythe, cambiara esta necrópolis al sector de Plaza Lautaro, hoy conocida como José de los Santos Mardones. El nuevo cementerio distaba sólo tres cuadras de la colonia y, por la diversidad étnica se dividió en sector norte católico y sector sur disidente. Allí fueron sepultados los fallecidos en la explosión de la cañonera británica Doterell.
Su escasa capacidad, originó que 40 años más tarde el camposanto se cambiara de nuevo. Por decreto del 9 de abril de 1894, el Supremo Gobierno concedió cuatro hectáreas de terreno al norte de la ciudad y a una distancia aproximada de un kilómetro del río de las Minas, para que ahí se estableciera el nuevo cementerio, el que fue inaugurado el 18 de abril de ese año, siendo trasladados ahí algunos de los restos que estaban en la sección católica del cementerio de Plaza Lautaro. Para este efecto se aprovechó el arribo al puerto de Punta Arenas del crucero británico “Ayax” para trasladar los restos de los ingleses a la nueva necrópolis.
Misterios del cementerio
de Plaza Lautaro
Una dama informante manifiesta que, con relación a los misterios del cementerio de Plaza Lautaro, lo vivió personalmente mientras vivía en calle Boliviana, entre Chiloé y Nogueira. Sus padres fallecieron quedando a cargo de una tía abuela con la cual vivió desde los seis años.
En las cercanías se ubicaba la Plaza Lautaro (hoy José de los Santos Mardones) donde se instaló el segundo cementerio de Punta Arenas. En su tiempo estaba aún en servicio. Ella nunca entró en el camposanto pero recuerda que estaba todo cercado y ya se había comenzado a ocupar la actual necrópolis de la Avenida Bulnes.
La plazoleta fue escarbada con el fin de vacíar las sepulturas principales y trasladar los restos al nuevo lugar. Expresa que cuando pasaba por allí veía osamentas en la superficie del terreno y, al manifestarle a su tía abuela el temor que ello le causaba, recibía como respuesta que eran personas que ya se fueron al más allá y sólo quedaba rezarles.
En la esquina suroriente de las calles Nogueira con Boliviana vivió antiguamente la familia Milano, dueños originales de la propiedad que luego de fallecer sus ocupantes, se arrendó como casa habitación y negocio.
“En las noches, se reunía mi familia compuesta por mi tía abuela y sus once hijos, y al compartir un café se comentaba de la señora Milano, según decían era una señora alta, de vestir muy elegante, enaguas almidonadas que resonaban mientras caminaba por las calles del sector. Luego de morir, se comentaba que ella salía después de las doce de la noche del cementerio; se levantaba de su tumba y se dirigía a su antiguo hogar, el cual visitaba pieza por pieza y luego volvía a su sepultura.
“Una noche faltaron en mi casa el café de higos y los fósforos y me ordenaron ir a comprarlos al almacén de los Babaic, ubicado en la esquina contraria al cementerio, es decir Paraguaya con Nogueira. Luego de adquirir las cosas, esperé que alguien saliera del negocio para regresar acompañada a mi hogar lo que no ocurrió y debí retornar sola a mi casa. Cuando iba llegando a la esquina de Nogueira con Boliviana, sentí tras mío los pasos de tacones altos y el frú-frú de las enaguas almidonadas. Seguramente era la viuda de los Milano que como en muchas ocasiones, iba a visitar su casa.
Sólo los más valientes se atrevían a pasar por el sector después de las doce de la noche”.
Las leyendas del
cementerio de
Avenida Bulnes
El hermoso frontis que hoy ostenta el Cementerio Municipal de Avenida Bulnes, se construyó en el año 1923 con las generosas donaciones hechas con tal objeto por la señora Sara Braun y su padre don Elías Braun. Sara, nació en Talsen, Rusia, el 16 de diciembre de 1862. Llegó a Magallanes el año 1874 y el 23 de agosto de 1887 contrajo matrimonio con el pionero portugués José Nogueira, acaudalado comerciante. Tras la muerte del lusitano heredó su fortuna y sus bienes, poniéndose al frente de los negocios.
De carácter abierto y generoso, se transformó en cooperadora en muchas obras de ayuda social. Fueron bastantes y variadas las donaciones que hizo a la ciudad, entre las que se cuentan el pórtico monumental del Cementerio Municipal, donde nació una creencia que se conserva hasta nuestros días.
Se manifiesta que, entre las cláusulas de la donación del pórtico de la necrópolis existiría una que determina que la donante sería la única persona que, una vez fallecida, pasaría por la puerta principal del camposanto.
A esta leyenda, se agrega otra, según el cual el cuerpo de Sara Braun, fallecida en Viña del Mar el 22 de abril de 1955 habría sido embalsamado y que cada 1 de noviembre es sacado de su féretro para ser maquillado y peinado.
La verdadera historia
La verdadera historia de la mujer que era sacada cada día 1 de noviembre, es otra:
El estilista Juan Peruzovic, llegó a Punta Arenas desde Buenos Aires, estableciéndose en la perla del Estrecho con un salón de peluquería en plena calle Bories, al lado de la casa de los espejos, Drpic y la Fama.
Con el tiempo, contrajo matrimonio con una dama de nombre Dina, de la cual estaba muy enamorado. Al fallecer su mujer, la mandó a embalsamar y la sepultó en un mausoleo ubicado a la mano derecha a la entrada del Cementerio Municipal. En ese lugar, cada 1 de noviembre, Juan Peruzovic visitaba a su esposa Dina y la sacaba de su sepultura para peinarla, maquillarla y arreglarle las uñas.
Con el tiempo, se supo que el mausoleo lo adquirió una familia puntarenense y el cadáver de Dina fue cambiado a una tumba en el sector de calle Bilbao, tras lo cual, Juan Peruzovic regresó a Buenos Aires, donde falleció.
Historia del indio desconocido
En el sector nororiente del Cementerio Municipal de Punta Arenas, se encuentra una estatua erigida en homenaje al Indio Desconocido.
La gente cree que es muy milagroso y, además de permanecer siempre con velas encendidas, muestra un sinnúmero de placas recordatorias en agradecimiento a sus favores.
¿Cómo se originó esta creencia?
Se dice que en la década de 1940, se produjo un episodio sangriento en los canales occidentales de la Región de Magallanes. Puntualmente se habría registrado el problema en la isla Cambridge.
Se comisionó para tomar el procedimiento policial a los carabineros Alberto Sepúlveda y Daniel Larenas, los que viajaron al sector en la escampavía Porvenir de la Armada de Chile.
Al arribar al lugar de los hechos, comprobaron que, producto de una pelea, había dos personas fallecidas. Se trataba de un blanco y un kawésqar cuyos cadáveres fueron trasladados hasta la morgue de Punta Arenas, donde el médico legista doctor Alvaro Sanhueza, determinó que David Leal, uno de los difuntos, chileno, de estado civil soltero, presentaba una herida de bala en el cráneo y el otro, identificado como Pedro Zambras, de raza kawésqar, había perecido por inmersión.
Luego de este trámite y en espera de la resolución judicial, fueron ambos sepultados en un solo ataúd en el sitio 17-If-14-c-norte del Cementerio Municipal.
En el año 1950 aparecieron las primeras velas encendidas en el lugar. Algunas piadosas mujeres dejaban incluso monedas, las que eran robadas por algunos “pillos” que solían pasar por allí. Por esta razón, Magdalena Vrsalovic, a quien el Indio Desconocido le cumplió una manda, quiso arreglar la tumba y poner una pequeña estatuilla, además de instalar una alcancía con llave para recibir aportes que serían destinados a la Cruz Roja local.
El trámite continuó en el año 1969, ocasión en que la señora Vrsalovic solicitó al escultor Edmundo Casanova la confección de una estatua en bronce. Para obtener un modelo, el escritor regional Osvaldo Wegmann Hansen facilitó una fotografía de un kawésqar. El trabajo se realizó en la industria Indumetal.
Una vez terminado el trabajo se gestionó ante el alcalde de Punta Arenas la cesión de un paño a la entrada del camposanto para depositar los restos, para cuyo efecto la Cruz Roja se encargó de los trabajos de albañilería.
El mármol para el pedestal fue donado por la Armada de Chile.
Cuando se dispuso el traslado de los restos y al desenterrar los esqueletos se encontraron dos cuerpos. Sin poder determinar cuál de ellos era del indígena, fueron ambas osamentas depositadas en la nueva sepultura, inaugurándose el monumento con gran asistencia de público.
Una réplica de la estatua, se encuentra en la plaza de la sede de la comuna de San Gregorio.