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Más de 9 mil matrimonios celebró oficial civil que se jubiló tras 42 años de actividad

“No soy de esta zona, pero nos vamos a quedar, porque estamos muy agradecidos de Magallanes”, remarcó el funcionario.

Por La Prensa Austral viernes 9 de noviembre del 2012

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Ni en la hora de la despedida, Manuel Herrera Vallejos dejó de cumplir sus obligaciones. Ordenado y serio, no dejó que la emoción lo desconcentrara. La oficina provisoria del Registro Civil e Identificación (en calle Croacia) estaba repleta, y mucha gente se preguntaba el porqué de tanta expectación. El oficial, que ayer trabajó por última vez en el Registro Civil, caminaba de un lado a otro, hasta que llegó la hora de recibir a los novios, para unirlos en matrimonio. Una actividad que desarrolló por 42 años y que desde 1975 lo tiene en Punta Arenas.

Una vez que estuvo todo listo, Manuel Herrera rompió el hielo al decir “vamos a hacer una ceremonia más corta, porque hay mucha gente y está caluroso”. Y claro, entre la familia de los novios y la presencia periodística, la sala se hizo pequeña.
Antes de iniciar la celebración del matrimonio, Herrera confesó que “éste es el último acontecimiento en mi trayectoria en el Registro Civil y tiene un significado especial. El matrimonio es uno de los momentos más bonitos que le puede tocar vivir a una persona, porque es un acuerdo de voluntades y un juramento”, recalcó Herrera sobre su misión.

Tras entregar un mensaje a los novios respecto de la importancia del paso que dan, comenzó el acto propiamente tal, en el que David Véliz Aguilar y Claudia Fuentes García firmaron su compromiso, tras lo cual, Herrera declaró “a las 11,20 entonces, están casados”. Tras la puesta de anillos y la entrega del documento oficial, la pareja y sus familiares, se despidieron del oficial. Incluso uno le dijo “que tenga un buen descanso y que ahora no lo ocupen de cocinero”. A su vez, Claudia Fuentes manifestó sentirse feliz por partida doble: “Es muy importante para nosotros que hayamos sido los que cerramos la trayectoria del juez Manuel y felicitarlo por todos los matrimonios que realizó en su carrera”.

Más de nueve mil casamientos

Una vez concluida su labor, Manuel Herrera repasó su trayectoria, aguantando a duras penas las lágrimas, especialmente al recordar a los funcionarios que lo acompañaron. Contó también que en todos estos años, celebró más de nueve mil matrimonios, tantos que no recordó ninguno en especial, salvo que en ocasiones debió acudir a clínicas o centros de reclusión para unir a una pareja o como en más de una oportunidad sucedió, “que a la hora de un matrimonio, no haya llegado la novia o el novio”.

Herrera, nacido en la comuna de Arauco, en la Región del Bío Bío, comenzó su carrera en Santiago, tras capacitarse en la Escuela Técnica del Registro Civil. Después pasó por Valdivia y Panguipulli (donde conoció a su esposa, Miriam) hasta que en 1975, arribó a Magallanes, donde fue oficial en Porvenir, Puerto Natales y Punta Arenas. Admitió que nunca, en toda su trayectoria, sintió deseos de no hacer su trabajo, porque “cuando uno sirve a los demás lo hace con cariño, agrado, y siempre en el trato con mis funcionarios, a la gente que me conoce, he tenido la posibilidad de demostrar mucho afecto y ayudarles en la solución de sus problemas, principalmente de las personas más humildes”.

Por eso, cuando el domingo festejó 65 años, cumplió su promesa de jubilarse: “ya tenía pensado con tiempo que el día que iba a cumplir mi edad me iba ‘altiro’, porque quería disfrutar de algunos momentos que me sacaran del entorno de tantas responsabilidades, así que me preparé y formamos una pequeña empresa con mi señora, y nos dedicaremos al turismo. No soy de esta zona, pero nos vamos a quedar, porque estamos muy agradecidos de Magallanes. Aquí estudiaron mis hijos y he podido compartir mucho con amigos de esta región, que sé que me estiman”, reflexionó Herrera, que también se lleva como tesoro el hecho de que “donde voy la gente me reconoce y atiende con mucho afecto. Me ha tocado que hay familias que han querido que yo case a todos los hijos. Estoy contento, es mi último día, pero es como el primero”. Por eso, cumplió el protocolo habitual, se despidió de sus compañeros y se retiró en silencio, como el primer día, pero con el bolso cargado del cariño que se ganó en estos 37 años en Magallanes.