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“Me pedía ayuda, pero ya no podía hacer nada por él”

Viento arrastró mar adentro la balsa hechiza a bordo de la cual
navegaba José René Santana Vidal.

Por La Prensa Austral viernes 8 de abril del 2011

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A un día de que su pareja fuera arrastrada mar adentro por el viento a bordo de una embarcación hechiza, María Odette Oyarzo no pierde la esperanza y la fe que José René Santana Vidal pueda estar vivo en algún lugar del seno Skyring, aunque un sobrevuelo realizado por un helicóptero de la Armada no avistó presencia humana en alguna bahía o en la costa de la isla Riesco.
José Raené Santana, soltero, trabajaba en la estancia La Chilenita, en isla Riesco, y en la tarde del miércoles se acercó a la playa con la decidida intención de dar un paseo en balsa.
Eran pasadas las 19 horas y el mar no estaba del todo calma. Había comenzado a levantarse algo de viento.
“Antes de echarse a la mar, tuve el presentimiento que algo extraño le ocurría”, admitió María Odette.
Desconcertada por lo ocurrido, relató que “salimos los dos a la playa y él tiró su plumavit (balsa hechiza) al agua. El trató de salir, pero ya no pudo. Me pedía ayuda, pero yo nada podía hacer porque la marea estaba muy fuerte. Sólo observaba cómo el mar se lo llevaba hacia adentro. De ahí, sólo sentí su último grito y a partir de ese momento no supe nada más de él”.
Santana trabajaba alrededor de 20 años en la estancia La Chilenita de propiedad de Secundino Fernández y periódicamente era acompañado por su pareja, quien viajaba desde Punta Arenas.
En las tardes acostumbraba a recoger su red con la que pescaba en el lugar, pero ya no la tenía. “Pese a ello se subió a su balsa; era como que había planificado algo malo”, subrayó la mujer.
Su balsa la había confeccionado con un trozo de plumavit y dos tablas de madera.
En medio de su desesperación, María Odette Oyarzo narró que se trasladó cerca de las 21 horas hasta la casa de la señora Angélica Santelices, en isla Riesco, a quien dio cuenta del trágico suceso y le pidió ayuda. A esa hora, el hecho movilizó a Carabineros de Kon Aiken y a la Gobernación Marítima.
Ayer tarde, mientras era testigo cómo un avión y un helicóptero de la Tercera Zona Naval sobrevolaban el área de la tragedia, la pareja de José René Santana se aferraba a Dios, manteniendo la íntima esperanza de que pudiera aparecer de un momento a otro.