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Párroco del barrio chilote hace enfático llamado a vecinos para terminar con el alcoholismo

Ayer se realizó el funeral de Luis Agüero Marín, el joven que fue asesinado la madrugada del viernes por su cuñado. Durante el responso, realizado en la parroquia del Padre Pío, el religioso se refirió a este problema social.

Por La Prensa Austral lunes 27 de junio del 2011

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Cuando faltaban quince minutos para las 14 horas de ayer salió desde uno de los departamentos del barrio Archipiélago de Chiloé el cortejo fúnebre con los restos de Luis Agüero Marín, el joven de 21 años de edad que el viernes en la madrugada fue asesinado con cuatro estocadas por su cuñado. Mientras eso ocurría, el padre Eduardo Ojeda Lamiré hacía sonar las campanas de la parroquia San Pío, ubicada a pocas cuadras del domicilio, y esperaba la llegada del cuerpo y los familiares.

El está hace más de tres años en el sector y conoce la difícil realidad que a veces enfrentan los habitantes del barrio. “Hay mucho alcoholismo pero también a veces la gente vive demasiado encerrada en sus casas o departamentos y eso impide que haya una socialización que les permita ayudarse entre todos”, explica el sacerdote.

Y él menciona un aspecto que también ha inquietado hace años a la junta de vecinos “Archipiélago de Chiloé”. Se trata de la falta de lugares de esparcimiento, porque tal como señala el presidente de esa unidad, Yuri Quiroz, en el barrio viven mil 500 familias y no cuentan con una sede vecinal y menos con un gimnasio para realizar actividades.

El otro punto tiene que ver con un problema social que se vive en todo Magallanes: el alcoholismo. Y en este sector de Punta Arenas es común ver a adolescentes, jóvenes y adultos consumiendo este tipo de bebidas en exceso. Y no sólo se trata de hombres, también el vicio encanta a las mujeres.

Alcoholismo y drogadicción
van en aumento

“Acá hay un problema de alcoholismo y de drogas que va en aumento. Y sobre todo lo primero por eso pido que se ayuden entre todos”, aseveró el párroco.

Mientras conversa, el cortejo se acerca y el sacerdote abre las puertas de la parroquia. Espera en la entrada y recibe a los familiares que llegan evidenciando el dolor que les causó la muerte de Luis. También hay amigos, pero no todos entran para escuchar la misa.

Consciente de los problemas y del impacto que el caso ha causado entre los vecinos, el sacerdote aprovechó de entregar un mensaje durante la homilía. “Ojalá este fallecimiento tan lamentable les permita sacar algo bueno y puedan formar una agrupación de jóvenes que trabajen para sacar a otros del alcohol”.

También les pidió que dejen atrás el rencor contra el autor del homicidio, Luis Miranda Bahamonde, “y que se contengan en lo que es la administración del licor”. Y dijo que “a veces los hombres creen que son muy machitos tomando descontroladamente y después no se pueden dominar. Por eso le pido a las mujeres que en vez de guardar las botellas con licor, las boten”.

El presbítero recordó que más allá de la necesidad de contar con programas estatales de intervención para ayudar a los jóvenes debe existir conciencia en los mismos afectados. “Esto es una cosa de previsión de la propia familia, porque no saco nada con tener un cerco de gente ayudándome si después no tomo las medidas necesarias para evitar algo”, dijo.

Falta de espacios

El barrio chilote está creciendo. A las cerca de seis mil personas que viven en el lugar pronto se sumarán otras dos mil, cuando se inauguren las casas que están en construcción en los alrededores. Esto, según Yuri Quiroz, agravará el problema de no contar con espacios para hacer actividades dirigidas a los jóvenes y en general para toda la familia.
El dirigente criticó que hay un proyecto municipal para construir una sede, que tiene un costo de 42 millones de pesos, pero que no ha sido aprobado por el gobierno regional y que impide su ejecución. “Le he pedido audiencia al intendente pero no he tenido respuesta. A mi más que ir a sentarme a conversar con él me interesa que venga y que conozca nuestra realidad”, afirmó.

“Acá hay una problemática y es el equipamiento. Y esto se conjuga con el consumo de alcohol, drogas y solventes Duele ver a los niños perdiéndose, pero qué podemos hacer si no tenemos nada para ofrecerles”, lamentó Quiroz.

El presidente de la junta Archipiélago de Chiloé recordó que hace dos años habían verdaderas batallas campales en el sector. “Hoy eso no sucede, pero tenemos problemas con el consumo de sustancias. Nosotros conversamos con los chicos y ellos saben que están haciendo algo malo pero no tenemos herramientas para ayudarlos”, criticó.

Así, pese a que se han efectuado esfuerzos los padres no logran controlar a sus hijos. En el barrio existen iniciativas que han sido destacadas, como el grupo de adolescentes que se dedica al street bike. Pero hay muchos más que no hacen nada más que caminar por las calles y reunirse a consumir alcohol y drogas.