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PDI conoció el “lado humano” de Lun Terzic en viaje a Croacia

Pareja de policías que escoltó al veterano de guerra se tomó muy a pecho su
rol de darle seguridad y procurar que llegue en buenas condiciones: en Santiago a diario lo
invitaron a comer e incluso le gestionaron ayudas.

Por La Prensa Austral viernes 11 de noviembre del 2011

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La historia del deportado Lun Terzic empezó a escribir su último capítulo en Chile cuando, el jueves 27 de octubre, el croata tomaba el vuelo Lan 296 de las 6,10 AM rumbo a Santiago, custodiado por dos funcionarios de la Policía de Investigaciones.

A contar de ahí, el extranjero de 44 años debería esperar ocho días más en la capital, una vez lista toda la tramitación para poder devolverlo a su país el 4 de noviembre en vuelo Air France. Esta misión fue cumplida por el subcomisario Maximiliano Negrete y el asistente policial Rafael Soto, ambos de Policía Internacional, quienes la calificaron como “una experiencia bonita, pero agotadora”.

Aquel lapso previo a su despegue de este país le parecería casi eterno a Terzic, quien buscaba romper ligaduras con este país, en el cual debió pasar 13 años preso por el homicidio de su esposa chilena Elsa Torres Cárcamo, a quien asesinó a balazos el 30 de diciembre de 1998 en la ex notaría Vergara (de 21 de Mayo con Roca).

La ansiedad del veterano de guerra balcánico por irse se acrecentaría durante aquellos largos días en Santiago, sumado a la incertidumbre acerca de lo que le depararía su arribo a tierra croata. Para colmo, en esos días vio interrumpido su tratamiento médico por años, que incluía cuatro a cinco comprimidos de Diazepam para mantener en equilibrio aquella impulsividad que lo caracteriza.

Para Negrete, este traslado no dejó de ser especial. Cuando él era detective le tocó estar en el procedimiento policial del crimen y vio cuando sacaron en camilla a la moribunda víctima, y nunca imaginó que se toparía de nuevo al croata en esta nueva misión.

Espera más llevadera

Para tener un mejor pasar en Santiago, la embajada de Croacia le procuró a Terzic un colchón, frazadas y sábanas durante su permanencia en el recinto de Policía Internacional, donde también aguardaban otros extranjeros expulsados en tránsito. Allí, éste haría migas con un rumano, con el cual se comunicaba en inglés.

La pareja de policías se tomó muy a pecho su rol de darle seguridad y procurar que llegue en buenas condiciones de salud y bien alimentado. Ante la precaria condición económica que presentaba el croata, quien viajaba con apenas 240 euros ahorrados, harían contactos con la colectividad croata en Santiago, la cual le aportó 200 dólares y otros artículos personales.

Asimismo, para que no gastara la poca plata que llevaba lo sacaban a diario de su encierro a tomar un poco de aire, junto con invitarlo a comer. El primer día, al pasar a un supermercado el croata eligió un plato de carne mechada con papas fritas y ensalada, además de la infaltable Coca Cola (él no aceptaba consumir una marca inferior). Allí, él le confesaría a los policías que estaba aburrido de las vienesas con arroz que le servían en la cárcel y que no eran un alimento para él.

Sus custodios además le compraron un par de zapatos y una polera para soportar los 26 grados que hacían allá, pues el croata había llevado ropa gruesa y calzado térmico.

El viernes 4 de noviembre, a las 17,30 horas, se iniciaría su larga travesía hacia París. Como todo traslado policial, el sujeto en custodia debía ingresar antes que el resto de los pasajeros por un tema de seguridad, y sentarse en los últimos asientos. Ese día Lun Terzic se vio más relajado, e incluso le solicitó a sus escoltas que lo llevaran antes al aeropuerto. Allí, éstos le darían un último “regaloneo”: antes de subir, el extranjero les pidió servirse un trozo de torta de chocolate y un café cortado.

Ultima escala

Catorce horas después arribarían al país galo, y de ahí esperar más de un día para tomar el vuelo que los llevaría a Zagreb, su destino final. En aquella travesía, algo ajeno para los efectivos policiales fue poder conciliar el sueño, al estar atentos en todo momento de Terzic.

Uno de los tantos aspectos que éste le compartió a sus guardianes mientras se levantaba seguido al baño, fue cuánto sufrió en la cárcel por la falta de calefacción. Claro que el trato siempre fue bueno, ya que lo dejaban tener un televisor plasma en su celda, y gran parte del día se entretenía jugando al PlayStation.

En la capital francesa eran esperados por la Policía Auxiliar Fronteriza de Francia, que los trasladó desde el aeropuerto hasta sus estrechas dependencias. A las 19 horas del día siguiente despegarían rumbo a la capital croata para entregar finalmente a su compañero de viaje en un cuartel policial. Luego de los trámites de rigor, el croata sería afiliado y se verificarían sus antecedentes para ver si le quedaba algo pendiente en los registros de su país.

El ex presidiario -a quien todo Chile conoció al ser entrevistado por Carlos Pinto en Mea Culpa- se despidió muy agradecido de la atención dispensada por los policías magallánicos. Les repetiría su intención de no querer volver nunca a Chile, a lo que ellos le explicarían que tenía el impedimento de ingreso al país por el carácter del delito cometido.

Dentro de su locuacidad, uno de sus malos recuerdos que sacó siempre a colación fue su disgusto con la forma como la entonces jueza del Cuarto Juzgado del Crimen, Jovita Soto, pronunció la sentencia que lo condenó, y en la cual él creyó ver cierto tinte discriminatorio. Ya en su tierra natal, a miles de kilómetros de Punta Arenas, él esperaba dejar atrás el pasado. Volver a ser marino mercante y rehacer su vida.