Necrológicas

Promueven que niños al pedir confites transmitan alegría y que no se disfracen de “brujos” o “fantasmas”

Instan a los menores a conmemorar la fiesta de Todos los Santos, rescatando los valores de la amistad,
de la fraternidad, más allá de que sea un tema comercial y de golosinas.

Por La Prensa Austral miércoles 31 de octubre del 2012

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Con cánticos, dulces, globos y disfraces de ángeles, animalitos y todo lo que pudiera ser cercano a Dios, más de medio millar de niños dejaron en claro ayer en la iglesia Catedral que el 1 de noviembre no es necesariamente el día de Halloween, sino que en Chile ese día se celebra la tradicional fiesta de Todos los Santos.

Pese a la ausencia del obispo Bernardo Bastres, quien desde Roma envió un saludo, aquella celebración fue un verdadero carnavalito infantil. Todo esto, con el telón de fondo que “la Santidad consiste en portarse bien y ser buenos, hacer lo que corresponde”, como lo ha señalado el obispo magallánico.

A esta celebración litúrgica, el Instituto Don Bosco y el Liceo María Auxiliadora facilitaron monitores de infancia que se encargaron de la animación de los pequeños, en tanto el Instituto Sagrada Familia aportó un tema central, como mensaje a la celebración. El padre Fredy Subiabre, vicario general de la diócesis estuvo a cargo de presidir esta contagiosa fiesta infantil, que abarcó desde los niveles prebásicos hasta cuarto básico. Además de participantes de los colegios salesianos, también incluyó a alumnos de la Escuela La Milagrosa y se invitó a establecimientos municipales.

“La idea es que los niños vean en la conmemoración de Todos los Santos como algo positivo, que se rescaten los valores de la amistad, de la fraternidad, más allá de que sea un tema comercial y de confites”, expresó Tatiana Leuquén, asesora laico de la diócesis de la Pastoral Juvenil. De ahí su énfasis en el compartir y en las cosas buenas de la vida, teniendo como modelos las imágenes de los santos y modelos que los acompañan como María Mazzarello o Domingo Savio.

En este tercer año de celebración, el entusiasmo superó toda convocatoria anterior, con una Catedral estrecha por los alrededor de 600 participantes.

“Nosotros buscamos que si ellos van a buscar confites, no se disfracen de brujos o fantasmas, sino que vayan como niños buenos, santitos, transmitiendo alegría”, agregó Tatiana. Todo esto, con la esperanza de que la santidad de los niños se pueda traspasar en su momento a los adultos, quienes en los tiempos actuales tanto lo necesitamos.