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Alrededor de 180 ejemplares de ballenas jorobadas se han avistado durante esta temporada

Por La Prensa Austral domingo 4 de marzo del 2018

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Entre la zona del Estrecho de Magallanes y la Antártica

Estos animales pueden llegar a consumir una tonelada diaria de alimentos, variando desde fitoplancton, zooplancton, sardinas, langostino de los canales y krill

Vitalia González

vgonzalez@laprensaaustral.cl

Cada año llega a la región un grupo importante de ballenas jorobadas durante el mes de diciembre después de recorrer grandes distancia desde las aguas tropicales de Panamá, Colombia, Ecuador y Perú. Algunos ejemplares vendrían, incluso, desde Costa Rica y permanecen hasta mayo en nuestras aguas.

Son una especie cosmopolita. Tienen una belleza exótica gracias a su cuerpo grueso, básicamente negro con cuello y vientre blanco, su cabeza ancha y redondeada con protuberancias carnosas. Sus aletas pectorales son las más largas de los cetáceos llegando a medir hasta 2,5 metros. Presentan protuberancias en el borde frontal, variando su pigmentación blanca o negra entre individuos. Su pequeña, encorvada y ligeramente triangular aleta dorsal está ubicada en una especie de joroba, la cual se acentúa al arquear su lomo antes de bucear. La aleta caudal es ancha, con forma de mariposa y bordes irregulares. Gracias al patrón de pigmentación de la zona ventral de esta aleta se puede realizar la identificación individual de esta especie.

La popularidad mundial de la especie debido a los tours de avistamiento ha ayudado para crear mayor conciencia y hoy existen muchos esfuerzos de conservación de estas ballenas.

De acuerdo a cifras de la Comisión Ballenera Internacional, se ha estimado para una parte del Hemisferio Sur una población de 10.000 ejemplares y, para el Atlántico Noroccidental, una población cercana a los 11.000 ejemplares.

Un hecho a destacar es que el número de individuos avistados en la Región de Magallanes y Antártica Chilena ha ido creciendo durante los últimos años, lo que se debería mayoritariamente a que en Chile se prohibió su caza. De acuerdo con el profesor Anelio Aguayo, médico veterinario y especialista en mamíferos acuáticos, la población de ballenas divisadas en la zona llega a 180 ejemplares.

El nombre científico de la ballena jorobada es Megaptera novaeangliae, nombre en latín que alude a sus largas aletas pectorales que parecen alas cuando salta y a que fue descrita por primera vez en Nueva Inglaterra.

Actualmente, se reconocen tres subespecies de Ballena jorobada: M. n. australis -Ballena jorobada del sur; M. n. kuzira -Ballena jorobada del Pacífico Norte; y M. n. novaeangliae -Ballena jorobada del Atlántico Norte.

El especialista en mamíferos acuáticos indicó: “Algo muy interesante de esta ballena es que las hembras son más grandes que los machos pudiendo alcanzar los 17 metros y 15 metros, respectivamente. En cuanto al peso, las hembras pueden llegar a las 40 toneladas y los machos, a las 30. Las crías cuando nacen miden cuatro metros. A partir del año 2000, el número de ballenas que llegan al estrecho de Magallanes ha ido creciendo, esto se debería a que la caza de ballenas en Chile terminó en 1983. Llevamos 35 años en veda y, como ya nadie las mata, su población se ha ido incrementando”.

Las ballenas llegan hasta las aguas del estrecho a alimentarse por su riqueza y productividad, especialmente a la zona de Carlos III, donde hay una confluencia de las aguas del Océano Pacífico con aguas de Atlántico, hay mucho fitoplancton, zooplancton, krill, langostino de los canales y las sardinas, que es su comida principal. “Lo interesante es que un grupo permanece en esta zona y no viaja a la Antártica para comer. Las ballenas se reproducen en Perú, Ecuador, Colombia y Panamá, pudiendo llegar incluso hasta Costa Rica”, precisó.

A través de diversas investigaciones, incluso algunas que han tomado años, se ha podido determinar que las ballenas que llegan hasta la región mantienen fidelidad con el lugar. “Cómo sabemos esto, nosotros para determinar que un animal estuvo aquí y después estuvo en Ecuador o Panamá lo que tenemos que hacer es identificar al individuo, y lo hacemos marcándolo, porque las ballenas tienen marcas naturales. Nosotros le tomamos fotografías a sus colas y las identificamos por el color blanco o negro predominante, además de los extremos dentados de los bordes de su aletas. Nuestros colegas de Ecuador hacen lo mismo y después intercambiamos información. Gracias a este seguimiento, hemos podido determinar que se reproducen en Ecuador y se alimentan en la Antártica, el estrecho de Magallanes y al sur de la Isla Grande de Chiloé en el Golfo Corcovado. Posiblemente, el día de mañana si investigamos más al norte pudiera salir otra región. También logramos determinar en nuestra investigación que no se produce intercambio entre la población que llega a Magallanes y le que va a la Antártica. Le sacamos una muestra de piel (biopsia), para hacer estudios genéticos y de ahí tenemos que las ballenas de la Antártica tienen 25 haplotipos (conjunto de variaciones de ADN) y la población de Magallanes sólo tiene cuatro, entonces pensamos que evolutivamente se va a formar una población distinta aquí. Una reconstrucción genética muestra diferencias significativas ente los animales de ambas zonas de alimentación y nos sugieres dos linajes maternos diferentes”, subrayó.

Finalmente, el profesor Aguayo expresó su preocupación de que las autoridades de pesca autoricen a la extracción de sardinas en la zona de Magallanes, lo que provocaría una disminución del alimento de estos animales y que migraran hacia la Antártica u otro lugar. “Esos son los estudios que hay que hacer en ecología, la competencia de los distintos animales que comen el mismo alimento, entre la pesquería que captura y el animal que come. Quiénes comen sardina son los lobos, los pingüinos, cormoranes, albatros y gaviotas. Por eso tenemos que cuidar la biodiversidad. Una ballena consume una tonelada diaria de alimento”, sentenció

El canto de las ballenas

Los machos de las Ballenas jorobadas cantan las canciones más largas y complejas del reino animal. Las canciones consisten en una serie de silbidos, chillidos y profundas llamadas sonoras divididas en “versos” cantados en un orden especí­fico, que pueden durar hasta media hora. Los machos de un mismo área en un territorio reproductivo cantan las mismas canciones, que van cambiando gradualmente en el tiempo.