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Bosques animales: un ejemplo de coexistencia en medio del cambio climático global

Por La Prensa Austral martes 26 de marzo del 2019

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En los ’90 estuvo de moda el concepto ecológico de bioingeniero. Con él, los científicos se referían a organismos que son capaces de modificar la biodiversidad circundante. Los bioingenieros se pueden subdividir en dos tipos. Uno de ellos corresponde a los que modifican su entorno por medio de la construcción de estructuras (alogénicos). Uno de los ejemplos más ilustrativos para la región de Magallanes es el castor, especie invasora que, según Siefeld y Venegas (Anales, 1980), fue introducida en 1946 a Tierra del Fuego. A partir de ese momento se generaron importantes cambios sobre la vida silvestre autóctona, a través de construcción de diques, embancamiento de lagunas e inundaciones, entre otros.

El otro tipo corresponde a aquellos que modifican su entorno a partir de sí mismos (autogénicos). En este grupo caben “los bosques”, asociados más a los ecosistemas terrestres que a los marinos. “Y ahí es donde los invertebrados quedaron muy de lado”, dice Américo Montiel, Doctor en Ciencias Naturales formado en el Instituto de Investigaciones Marinas y Polares Alfred Wegener de Alemania, que hoy se desempeña en el Instituto de la Patagonia de la Universidad de Magallanes. El Dr. Montiel explica así el origen de un nuevo término, que vino a enriquecer el concepto de la bioingeniería: el de ‘bosque animal’.

“Una de las cosas que nos dimos cuenta cuando uno ve las fotos submarinas es que en cada una de las fotografías ves que hay invertebrados marinos, animales y algas viviendo en el mismo hábitat (…) Un alga coralina, por ejemplo, con una ascidia (invertebrado con forma de saco gelatinoso)”. Este hecho demuestra, según el especialista, la idea de la coexistencia en los bosques animales, a diferencia de la mirada científica más habitual, donde los animales se veían “siempre a la sombra de lo que son las macroalgas. Y no. En realidad, también son capaces de modificar. La misma barrera de coral; ésos son animales, el gran bosque animal del planeta”, cuenta.

Robusteciendo la nueva perspectiva ecológica

El autor del término es el Dr. Sergi Rossi, investigador del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad de Barcelona, quien asegura que el ‘bosque animal marino’ está formado por comunidades que residen en el fondo del mar, las cuales tienen similitudes estructurales y funcionales con los bosques terrestres, aunque están dominadas por animales en lugar de plantas. Según él, se trata de la estructura más extensa del planeta, considerando que corresponde al 70 % de su superficie.

“Sergi es el editor del libro”, cuenta Montiel, refiriéndose a ‘Bosques Animales Marinos’ publicado, recientemente, por la editorial Springer. “Para tener más impacto en la comunidad científica, necesita el apoyo (de otros científicos), y así fue que 70 investigadores mundiales participamos del libro”, agregó. En tres volúmenes, los autores denuncian que, en los últimos años, el hombre está provocando cambios drásticos y acelerados en los ecosistemas marinos, alterando su capacidad natural para absorber los crecientes niveles de dióxido de carbono de la atmósfera.

Cuando lo invitaron a contribuir con un capítulo, el Dr. Montiel pensó en su ex alumno del Magíster en Ciencias mención Manejo y Conservación de Recursos Naturales en Ambientes Subantárticos de la UMAG, hoy Doctor en Biología Marina del Instituto Antártico Chileno (INACH), César Cárdenas. “Para seguir un poco con los datos que él había obtenido en su tesis sobre comunidades rocosas en Punta Santa Ana, pero verlo desde otra perspectiva”, relata el académico, “y ahí es donde entramos a ver lo que es la coexistencia”.

Bosque animal marino de Punta Santa Ana

El artículo de Springer se redactó con un lenguaje lo más sencillo posible para cumplir fines divulgadores, a partir del trabajo fotográfico que hizo el Dr. Cárdenas para su tesis de Magíster. Aquí lo inédito es la aproximación funcional de colaboración ecológica, gracias a la cual se pudieron ver aspectos que enriquecieron la caracterización de las especies estudiadas. “A eso no se le ha sacado suficiente provecho acá en Magallanes, la coexistencia, una relación muy importante en todos los fondos marinos y, en especial, en los rocosos, donde es mucho más estrecha”, sentencia Montiel.

El primer análisis que hicieron fue una categorización morfo-funcional, asociando el concepto de diversidad funcional con las formas de crecimiento, pues afirman que tanto invertebrados como algas tienden a tener formas de crecimiento similares, aunque taxonómicamente sean distintos, lo cual permite acuñar una clasificación con representantes de ambas. Las cinco categorías son arborescente (crece a partir de un eje que se ramifica), arbustiva, monticulosa, foliosa e incrustante (se pega al sustrato sin levantarse mucho).

“Luego hicimos un análisis espacial de cómo se organizan estas formas de crecimiento. Entonces investigamos que había tres tipos de inclinaciones del sustrato”, explica Montiel. “Si bien coexisten en todas las superficies, las algas tienden a dominar en las inclinadas respecto a los animales (…) porque necesitan hacer fotosíntesis. Mientras que en lugares oscuros, como grietas o superficies sobre inclinadas, los animales son dominantes, entonces, ahí emergió un patrón ecológico interesante”, explica el Biólogo Marino.

Por último, los investigadores observaron las formas de propagación de invertebrados y algas, y llegaron a dos clasificaciones: una de tipo gregario (por ejemplo, los choritos, que tienden a acumularse) y otra de tipo clonal (como esponjas y corales blandos que se van replicando; van creciendo uno al lado del otro). “Cuando se coloca todo esto en una gradiente latitudinal, se observa que son dominantes los crecimientos gregarios hasta el borde del continente sudamericano, mientras que en la Antártica tienden a dominar los de crecimiento clonal, que es un modo mucho más primitivo que el crecimiento gregario”, explica Montiel. En ese sentido, la Antártica es hoy un relicto de formas primitivas; un lugar donde un tipo de flora y fauna quedó protegido del resto del ambiente.

Para qué investigar los bosques animales marinos

“Sólo conocemos un5 % de lo que hay en el fondo del mar, desde un punto de vista biológico y de comunidades, lo cual es muy poco en comparación con la superficie terrestre”, dice Sergi Rossi a la agencia EFE, y afirma que la actividad humana está dañando su capacidad de recuperación. En dicho contexto, los bosques animales no sólo proporcionan servicios ecosistémicos como alimento, protección y viveros para la fauna marina, sino que son fundamentales en los ciclos de los fondos marinos.

Prácticas de pesca destructiva y excesiva, contaminación, acuicultura descontrolada, explotación de hidrocarburos y urbanización del litoral, se suman al calentamiento global, la acidificación de los océanos, el incremento de sus niveles, la erosión glacial o el aumento de la frecuencia y virulencia de los huracanes. El Dr. Montiel acota el mayor daño a su causa. “Todo el planeta a lo largo de la historia global, ha sufrido colapsos, y siempre vuelve a rebalancearse. El problema es para nosotros como especie”.