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Científicos italianos y del Inach estudian impacto en la salud que producen nanoplásticos en erizos y bivalvos

Por La Prensa Austral jueves 5 de abril del 2018

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El estudio pretende determinar cuáles serían las implicancias de la permanencia de este nanoplástico derivado de los desechos que llegan a las aguas sur polares en el organismo de estos seres vivos presentes en la Antártica, que a priori muestran una alteración en las células a través de los peligrosos compuestos químicos que se liberan dentro de ellos

“Los microplásticos quedan por lo general en los intestinos de estos organismos que estudiamos y de igual manera pueden ser excretados. Pero más que el microplástico, los compuestos químicos que liberan como los ftalatos, retardantes o derivados del teflón son los peligrosos, ya que en el ser humano puede modificar los ciclos de tus hormonas, también de ciertos genes que pueden repercutir en tus descendientes e incluso te podría llevar a una diabetes o a desarrollar células cancerígenas”.

El investigador Marcelo González (a la derecha) junto a su estudiante en práctica Bastián, quien se encontraba en proceso de investigación de las muestras.

Así lo explica el Doctor Marcelo González, jefe del Departamento Científico del Instituto Antártico Chileno (Inach), quien forma parte de una investigación pionera desarrollada por investigadores europeos, bajo el título “Nanopolímeros en el ambiente marino y biota antártica (Nanopanta)”.

Esta indagación se desarrolla hace tres años y está siendo dirigida por las universidades italianas de Génova y Siena.

Según apunta González, el plástico naturalmente con los años entra en un proceso de degradación en el que pasa a ser microplástico, para luego llegar a ser nanoplástico, un elemento que logra penetrar las células de los distintos seres tan sólo a través del contacto. Estos plásticos que llegan a la Antártica generalmente provienen de las redes de pesca, cuerdas y desechos de las bases antárticas como el poliestireno que se extrae de la ropa como microfibra al entrar en proceso de lavado. Esta agua se va al desagüe y los bivalvos como la latérnula la filtran e ingieren ese nanoplástico en sus organismos.

En el ser humano las posibilidades de contraer problemas gracias a los microplásticos no son tan elevadas a menos que se adquieran en exceso, esto debido a que nosotros lo excretamos de manera fácil, no así en estos seres antárticos.

Foto de una importante muestra de microplástico hallada.

“Hace dos años extrajimos células de erizos y nos dimos cuenta de que los nanoplásticos podían ingresar a ellas. Hemos podido determinar que en el caso de estos invertebrados se genera una modificación de sus respuestas antioxidantes y además de una producción de radicales libres que se vuelven tóxicos, y que puede desencadenar en muertes celulares”, comenta González.

Para realizar estos estudios, es necesario seguir un conducto regular estricto que permita entregar una investigación certera de cuáles son los potenciales fibras de micro y nanoplásticos que se hallan en los intestinos de estos seres. “Hay que utilizar controles súper claros porque en el ambiente hay polvo que contiene fibra y microplásticos que están en suspensión en el aire ya sea por limpieza o por el viento que pueden ir generando contaminación en las muestras. Lo importante es saber que el microplástico que ingirió el animal es distinto al que está en el ambiente, ya que puede ser gravísimo mostrar una contaminación que en realidad no corresponde al ser en estudio”, agrega Marcelo González.

Ahora, para saber si lo que se encuentra realmente en estas muestras es poliestireno, PVC o cualquier otro tipo de plástico, es preciso la utilización de un espectrofotómetro infrarrojo. “Nosotros no tenemos esa máquina, pero vamos a enviar a Italia los plásticos encontrados para que ellos puedan determinar qué tipo de plástico es específicamente el que se halla en cada muestra del estudio”, aclara.

¿Cómo es el proceso de extracción del plástico?

El material orgánico de estos seres es muy complejo de diseccionar debido a su tamaño para poder determinar qué plásticos son los que contiene. Prácticamente, el proceso que se genera es el de disolver el tejido orgánico a través de compuestos químicos que permitan dejar a un lado los elementos inorgánicos. También la utilización del ácido es pertinente, pero en muchos casos hay plásticos que son sensibles a estos, por lo cual su estructura se ve modificada y finalmente se complica determinar de qué plástico se trata.

Esta es una imagen de una fibra de plástico encontrada dentro del intestino de una almeja antártica.

Por eso es mejor la utilización del peróxido de hidrógeno (agua oxigenada al 30%) y el tratamiento enzimático. El primer caso es el que más se utiliza debido a que es más económico y funcionalmente es adecuado. El siguiente paso es poner el tejido orgánico dentro del peróxido de hidrógeno para que sea disuelto, para luego agregarle altas concentraciones de sal que permiten que por densidad los plásticos comiencen a flotar y hacer que se vayan hacia la superficie. Después de esto se filtra y se dejan los restos que no son componentes orgánicos de la muestra.

Una forma en cómo se genera el nanoplástico

Ya se sabe que algunos materiales como el poliestireno se convierten en microplástico tan sólo a través de la degradación del tiempo que ocurre a determinadas velocidades dependiendo de las condiciones de radiación, temperaturas o del viento. Pero hace menos de tres semanas, un estudio de varios científicos australianos determinó que existe un método de formación de nanoplástico que hasta ahora era desconocido. El krill antártico, crustáceo que alcanza los casi 400 millones de toneladas en biomasa en las aguas antárticas, puede llegar a ingerir estos microplásticos fácilmente, al igual que los erizos y los bivalvos. Los australianos en sus laboratorios alimentaron a estos kriles con microplástico para determinar cómo actuaba este en su organismo, y llegaron a la conclusión de que estos crustáceos logran achicar estas muestras de plástico hasta 30 veces en distintos trozos que finalmente excretan y son consumidos, absorbidos o filtrados por otros seres que habitan en estos mares. Esto conduce a una inmunidad a los kriles, pero que termina por empeorar las condiciones de este plástico y genera una disponibilidad biológica en los otros organismos antárticos para el ingreso de este ínfimo material plástico en sus tejidos celulares.