Necrológicas

Estudian la nubosidad antártica, factor clave para dotar de mayor certeza a los modelos climáticos

Por La Prensa Austral martes 29 de octubre del 2019

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Investigadores de la Usach

Esta indagatoria se suma de otros proyectos que expertos de la Usach están desarrollando en territorio antártico. Recientemente, lanzaron 16 ozonosondas para medir el agujero de ozono

Elia Simeone R.

esimeone@laprensaaustral.cl

La emisión de gases ha estado detrás de fenómenos tan acuciantes como el debilitamiento de la capa de ozono y el efecto invernadero. En el primer caso, fue relevante el consenso científico alcanzado para la firma del protocolo de Montreal (1987), que llevó a que los países firmantes convinieran reducir la producción y el consumo de numerosas sustancias que, según se logró determinar, son las responsables del agotamiento de la misma.

Braulio Valdevenito, minutos antes de lanzamiento de ozonosonda, en Bahía Fildes, Isla Rey Jorge, en septiembre pasado.

Frente al calentamiento global, también la comunidad científica ha llegado a un consenso y ha urgido a la reducción de estas emisiones. Pero esta vez los gases intervinientes están muy vinculados con la actividad humana y existen industrias importantes que ejercen un fuerte lobby, a tal punto que han prosperado las posiciones que niegan las causas que lo provoca.

Con el afán de aportar con datos ciertos al conocimiento global sobre la reflectividad de la Antártica y obtener un perfil atmosférico de dicha zona polar, un grupo de investigadores de la Universidad de Santiago (Usach), encabezados por el Dr. Raúl Cordero, ha estado trabajando en dicho continente, integrando en los últimos años las expediciones científicas antárticas que efectúa el Instituto Antártico Chileno (Inach).

Nubosidad antártica

Recientemente, los investigadores Edgardo Sepúlveda y Braulio Valdebenito, ambos de la Usach, estuvieron trabajando en la Base Profesor Julio Escudero, del Inach, en la isla Rey Jorge.

Uno de los proyectos que están desarrollando es el relacionado con la nubosidad antártica, ya que en la referida zona ésta es muy densa y no ha sido bien estudiada ni caracterizada.

Sepúlveda explicó que los modelos climáticos en Antártica tienen mucha incertidumbre y uno de los factores que influye en esta incerteza es, precisamente, la falta de caracterización de la nubosidad, pues ésta tiene propiedades que deben ser estudiadas.

“Cuando el IPCC hace los informes de cambio climático en el mundo, es en los polos o altas latitudes donde los pronósticos presentan mayor incertidumbre. Se sabe que la poco estudiada nubosidad antártica, es una de las principales causantes de este problema”, remarcó el investigador Edgardo Sepúlveda.

“Para el desarrollo de modelos climáticos, se tiene que conocer, en cierta medida, el comportamiento actual de variables atmosféricas, como por ejemplo el viento, la temperatura y la nubosidad, por mencionar algunas. Las nubes, que es prácticamente vapor de agua, juegan un rol importante en la atmósfera, como gas de efecto invernadero, y cualquier modelo atmosférico que quiera proyectar lo que va a suceder en el tiempo, necesita cierta certeza sobre el rol que cumplen las nubes. En la Antártica, al ser un territorio más remoto, existen pocas mediciones al respecto, y lamentablemente, los pronósticos del tiempo tienen una incertidumbre considerable”, explicó Sepúlveda.

Esta investigación pertenece al proyecto “Reflectividad de la Antártica”, que se relaciona con el balance radiativo (cuánta energía solar llega a la tierra, siendo absorbida por ésta, y cuánta rebota o es irradiada de vuelta al espacio). Importante es subrayar que las influencias que ocasionan cambios en el sistema climático alteran el equilibrio radiativo. Ello fuerza a las temperaturas a subir o bajar.

“Por ejemplo, cuando el IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, en su sigla en inglés) hace los informes de cambio climático en el mundo, es en los polos o altas latitudes donde los pronósticos presentan mayor incertidumbre. Se sabe que la poco estudiada nubosidad antártica, es una de las principales causantes de este problema”, remarcó.

Estos científicos estuvieron realizando la mantención de la plataforma de medición Tarp-02 (Transportable Antarctic Research Plattform), aledaña a la base Escudero.

Agujero de ozono

También lanzaron 16 ozonosondas, que son globos que se inflan con helio para alcanzar determinadas alturas (30 kilómetros) y a los que se les ata un sensor que comienza a enviar datos en vivo. “Este año, lo que hicimos fue agregar un sensor de ozono”, acotó Sepúlveda.

Ello, porque esta época del año es propicia para medir la capa de ozono, ya que su debilitamiento es parte de un fenómeno cíclico que se produce entre septiembre y octubre en la Antártica. “La capa de ozono es un gas que nos protege de la radiación UV y, cuando disminuye la concentración de éste, aumenta la radiación UV que recibimos en la superficie”, hizo ver Sepúlveda.

También realizaron este lanzamiento con el avión del proyecto alemán SouthTRAC Halo, proyecto científico germano que busca conocer la composición y fenómenos climáticos en nuestro hemisferio, a través de expediciones aéreas en la nave laboratorio Halo, nombre que traducido del inglés significa Avión de Investigación de Alta Latitud y Largo Alcance.

Protocolo de Montreal

A finales de los 70 y principios de los 80, hubo consenso científico respecto al debilitamiento de esta capa y sus efectos nocivos, entre otros, sobre la salud del ser humano. El máximo crecimiento del agujero de ozono se verificó a finales de la década de los 90 y durante primera década del 2000.

“Año a año se realizaron mediciones y se llegó a determinar que, desde alrededor del 2010, el crecimiento se estancó. Se cree que fue fundamental en ello el consenso científico que llevó a la firma del Protocolo de Montreal y las posteriores políticas públicas de control y reducción de uso de los gases clorofluorocarbonos (CFC). Se estima que al 2050 la capa de ozono se habrá recuperado. De todas maneras, cada año se sigue monitoreando.