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Expertos analizan consecuencias que tendrá desprendimiento en el lago Grey

Por La Prensa Austral martes 5 de diciembre del 2017

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Masa de hielo de 350 metros de largo por 380 de ancho

Los investigadores de la Universidad de Magallanes, Gino Casassa, y del Cequa, Inti González, se refirieron al fenómeno que impactó en el Parque Nacional Torres del Paine y del trabajo de monitoreo que intensificarán en el sector

Sorpresa causó la información del desprendimiento de un bloque de hielo de grandes dimensiones perteneciente a la lengua este del glaciar Grey, en el Parque Nacional Torres del Paine, ocurrido el pasado lunes. De inmediato, expertos del Instituto Antártico Chileno (Inach) iniciaron un monitoreo satelital labor que fue encabezada por el glaciólogo, doctor Ricardo Jaña, quien en primera instancia indicó que “esta es una situación esperada, pero lo más singular y anecdótico es que es un témpano de dimensiones mucho más grandes, lo cual llama notablemente la atención. Esta lengua en el sector este es un área relativamente confinada y que tiene un frente bastante regular con un ancho del orden de los 800 metros y se encuentra justo al lado de un sector rocoso”.

A medida que han pasado los días, otros expertos han analizado el fenómeno, que ha llamado la atención de los visitantes, que se han acercado al lago Grey para fotografiar el gigantesco trozo de hielo.

Glaciar Grey y cambio climático

El doctor en glaciología e investigador de la Universidad de Magallanes, Gino Casassa escribió una columna titulada “Glaciar Grey y cambio climático”, que reproducimos a continuación:

Gran impacto ha causado el reciente desprendimiento de un témpano de 350 metros de largo por 385 metros de ancho, según datos de Ricardo Jaña del Instituto Antártico Chileno (Inach), ocurrido en la lengua oriental del glaciar Grey, el pasado domingo 26 de noviembre. Sin duda, contribuyeron a la noticia las espectaculares fotos que difundió la Corporación Nacional Forestal (Conaf). Aunque, por cierto, se trató de un desprendimiento excepcional, su tamaño de 13 hectáreas fue un orden de magnitud más pequeño que el evento de 1.5 kilómetros cuadrados de hielo desprendido de la lengua occidental del mismo glaciar en 1997, el cual impidió la navegación en el lago durante dos años sucesivos.

Los desprendimientos de témpanos son fenómenos, esencialmente, naturales y esporádicos, en que un glaciar pierde masa de hielo en su parte frontal (lacustre, en este caso). Si el glaciar estuviese en equilibrio con el clima, dicha masa se recuperaría por flujo de hielo desde su sector alto, producto de un normal exceso de precipitación de nieve en plena meseta del Campo de Hielo Patagónico Sur, con su correspondiente avance del frente. Pero sabemos que el glaciar Grey -y, en efecto, la mayor parte de los glaciares del planeta- está en franco estado de retroceso y pérdida de masa, debido al calentamiento climático global.

Considerando que el hielo ha retrocedido en forma irreversible en los frentes de los glaciares de la Patagonia, donde se han verificado grandes desprendimientos en el último tiempo (glaciares Jorge Montt, O’Higgins, Upsala y el mismo Grey en 1997), el reciente fenómeno que ha acaparado las noticias es, sin duda, un efecto relacionado con el cambio climático global, irreversible si se mantiene a futuro la tendencia actual de calentamiento atmosférico, y si no aumentan, sustancialmente, las precipitaciones de nieve en la zona alta.

Los desprendimientos se aceleran al adelgazarse el glaciar, debido a la disminución de la resistencia mecánica del hielo que se adelgaza, y también debido al retroceso del glaciar hacia sectores con mayor profundidad de agua, donde pierde sustentación. Resultados de nuestro proyecto Gaby-Vasa que desarrolla la Universidad de Magallanes junto al Inach y universidades alemanas, muestran un adelgazamiento reciente en los últimos cinco años de unos 7 metros anuales, y un retroceso del frente oriental del glaciar Grey de unos 25 metros en el mismo lapso. Retroceso muy modesto en relación al de 2 kilómetros que ha sufrido su lengua oriental desde mediados de la década de 1980, cuando, prácticamente, cubría toda la bahía que culmina en una península al norte del Refugio Grey.

Es ilusorio pensar que actividades humanas como la navegación y las caminatas en el hielo puedan ser responsables del desprendimiento. Para este efecto, es interesante recordar que en 1939, dos aviones de la Armada argentina bombardearon el frente del glaciar Perito Moreno, con el propósito de romper el dique natural del hielo, provocado, hasta el día de hoy, por el avance de este glaciar al embalsar, periódicamente, el Brazo Rico del Lago Argentino, sin causarle más que un mero rasguño superficial.

Considerando que el témpano de 13 hectáreas es mucho más pequeño que el desprendimiento de 1997, debiera tener un efecto mucho más limitado en la navegación del lago Grey. Debido a la inestabilidad mecánica natural de los témpanos, debiera desintegrarse, paulatinamente, en bloques más pequeños, junto con continuar derritiéndose; desplazándose por los vientos predominantes hacia la playa, y desaguando en el extremo sur del lago. No se puede descartar que algunos de estos bloques más pequeños puedan quedar varados, temporalmente, en dicho desagüe y en el sector aledaño a la playa sur, dificultando tal vez el acceso a los embarcaderos utilizados por las embarcaciones que navegan el lago Grey. No obstante, la duración de este potencial efecto sería mucho más breve que los dos años que duró el bloqueo por témpanos de 1998-99.

Muy apropiada ocasión nos brinda este emblemático desprendimiento, para recordar que la causa principal del calentamiento global somos nosotros mismos. Desde los albores de la Revolución Industrial, hemos emitido del orden de 40 mil millones de toneladas de carbono a la atmósfera, lo que se ha traducido en un aumento de temperatura promedio del planeta de 1ºC en el último siglo. Poco en cuanto promedio, pero suficiente para ocasionar múltiples fenómenos extremos, tales como olas de calor, lluvias y huracanes más intensos, mayor frecuencia de incendios y crecidas catastróficas de ríos y, por cierto, el rápido retroceso de glaciares, incluyendo nuestras maravillas de Patagonia y Tierra del Fuego.

Aunque EE.UU. anunció en junio pasado que se retirará del Acuerdo de París, y que busca limitar las emisiones de CO2 a nivel planetario, para no superar un máximo calentamiento de 2ºC, la Casa Blanca está mostrando señales claras de que reconoce como real el cambio climático antropogénico. En palabras del Papa Francisco en su iluminadora Encíclica Laudato Si’, es necesaria no sólo una conversión ecológica, sino también una conversión espiritual para “el cuidado de nuestra casa común”. Con la reciente publicación del categórico Cuarto Informe Nacional de Evaluación del Cambio Climático de casi 500 páginas por parte del Programa de Investigación de Cambio Climático de EE.UU. -avalado por 13 agencias federales, incluyendo respetables instituciones como la Fundación Nacional de Ciencias y la Nasa- al parecer hasta el Presidente Trump comenzó este necesario proceso de conversión ecológica. ¡Enhorabuena!

Otras variables que influyeron

En tanto, el investigador del Centro de Estudios del Cuaternario, Cequa, Inti González, partió explicando que “el glaciar Grey está dentro de un contexto glaciológico general que es este Campo de Hielo sur, y donde la mayoría de estos glaciares de la Patagonia tienen como característica, convivir con sistemas acuáticos, es decir, con lagos o fiordos. Eso va a influir en las variables que van a hacer que un glaciar empiece a desprenderse desde su frente. Casi el 80% de estos glaciares están en contacto con agua, esta característica de que su frente convive directamente con una laguna o un fiordo, que es el caso del glaciar Grey”.

En este contexto, “la pérdida de masa o el desprendimiento del frente de estos glaciares se debe a comportamientos más bien atmosféricos, pero también lacustres o en el caso de los fiordos, a las condiciones del agua, porque hay una transferencia del agua y mecanismos termodinámicos y mecánicos que harán que se rompa el frente del hielo. Y que es una de las causas que podrían explicar esta fractura, como estas acciones termodinámicas y mecánicas que ejerce el lago sobre estos frentes del glaciar”.

Sobre si este fenómeno era esperable en cierta forma, Inti González indicó que “normalmente estos glaciares que tienen esta condición de convivir con un medio acuático, el desprendimiento es más bien del frente, en contacto con el agua, y son menores, estos tempanitos que van flotando, pero éste en particular que tiene unos 300 por 400 metros, se escapa un poco a lo que estábamos acostumbrados a observar como desprendimiento. Ahora, el frente del Grey en particular, tenemos tres lenguas, y ésta donde se produjo este desprendimiento, había quedado un poco rezagada respecto del retroceso que habían experimentado las otras dos lenguas. Lo que hemos observado en terreno es que la lengua oeste en particular no estaría ya en condición de flotación con respecto al lago, sino que estaría apareciendo la roca basal que sustenta el glaciar. Esta otra lengua, la este, estaba flotando. De hecho, el frente del glaciar, el año 2016 un grupo japonés hizo estudios en el lago y estimó que la profundidad era superior a 200 metros de profundidad, frente a esa lengua. Por eso recalco la interacción entre los efectos termodinámicos, tanto atmosféricos como lacustres y esta acción mecánica que puede provocar esta ruptura de glaciar”, manifestó González.

Efecto tapón

Sobre las implicancias que este fenómeno puede implicar, el investigador del Cequa estima que de acuerdo a los antecedentes como el ocurrido en la década de los ’80 con el glaciar Dickson “donde este hielo llegó hasta la desembocadura del lago, al nacimiento del río y generaron un proceso de tapón, como una especie de dique, lo que aumentó el nivel del lago, y que cuando este dique salió, provocó un proceso de descarga muy fuerte del agua del lago, lo que causó inundaciones y daño en infraestructura dentro del parque, entonces en este caso, este témpano que está navegando, creo que debiese ser monitoreado en términos de cuál es su navegación y cómo se va comportando, si se va desfragmentando y estos fragmentos cómo van a generar un proceso de dique o de tapón en el lago y en el nacimiento del río Serrano. Si estos témpanos llegan hacia la desembocadura del Grey, podrían provocar este proceso, y eso tendría repercusión en el aumento del nivel del lago, la barra de la playa donde se hacen caminatas, y una posible descarga del lago podría anegar áreas que ahora son utilizadas, además de lo que podría significar la navegación del Grey”.

Este proceso, si bien González no se atreve a aventurar una cantidad de tiempo o de velocidad, sí estima que puede ser rápido, porque “un témpano de similares características en la cordillera de Darwin, navegó 35 kilómetros en nueve días. Es rápido el proceso, pero eso va a depender de la topografía del lago y el componente del viento”.

El Inach con Ricardo Jaña se encuentra monitoreando el sector para cuantificar y dimensionar el témpano, y en Cequa están analizando la posibilidad de incorporar un drone para este proceso y hacer seguimiento a la trayectoria de este gigantesco bloque de hielo, cuyo desprendimiento tiene pendiente a la comunidad científica.