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Teleconexiones del sistema océano-atmósfera: interacciones entre la Antártica y Chile

Por La Prensa Austral miércoles 3 de abril del 2019

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Cristián Rodrigo

Investigador

Universidad Andrés Bello

Hace ya varias décadas que el concepto de “teleconexiones” se utiliza para relacionar interacciones a distancia en la dinámica del sistema océano-atmósfera. Una de estas es el conocido fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (Enos), que afecta principalmente las costas de Ecuador, Perú y norte de Chile, asociándose a un aumento de la temperatura superficial del mar y de las precipitaciones, entre otros cambios.

Aunque en un principio se pensó que era un evento más bien de tipo regional, luego se encontró que se relacionaba con variaciones anómalas a una escala mayor del comportamiento de la circulación general del Pacífico tropical, asociadas a cambios en los sistemas de presión atmosféricos, los cuales generan trenes de ondas que llevan las “propiedades tropicales” a las latitudes medias y altas.

Durante las últimas décadas se ha observado un rápido calentamiento de la península Antártica (PA) y de la región occidental de la Antártica, así también un desbalance en la extensión de los hielos marinos entre el sector del mar de Ross versus Bellingshausen-Amundsen. Este dipolo se asemeja a los mecanismos tipo “balancín” que ocurren entre los hemisferios para tratar de compensar los cambios de la circulación general de la atmósfera.

La Antártica y El Niño

En la Antártica ocurren procesos similares para equilibrar los cambios entre sus sistemas climáticos, pero ¿cómo afecta un evento lejano como el Enos?

Pareciera ser que El Niño/La Niña actúan como forzante para este “balancín antártico”. Como consecuencia de la propagación ondulatoria directa, se observan más los efectos en el sector antártico “expuesto” al Pacífico sur. Las consecuencias de El Niño en la península Antártica se manifiestan en cambios de variables meteorológicas como aumento de la presión atmosférica y disminución de las precipitaciones.

En el comportamiento climático existe una mayor influencia de masas de aire frías provenientes del suroeste. Luego, la extensión y concentración de la superficie del hielo marino en el lado occidental de la península aumentan (mar de Bellingshausen), a diferencia del lado oriental (mar de Weddell).

En la Antártica existen diversos sistemas y mecanismos climáticos que se pueden acoplar con eventos lejanos. No es la idea de este artículo detallar cada uno de estos, sin embargo, se puede mencionar la Oscilación Antártica o Modo Anular del Sur, debido a su importancia en la distribución de precipitaciones y temperatura para todo el hemisferio sur. Este se asocia al movimiento hacia el norte o sur del sistema de bajas presiones antárticas que dan origen a vientos E-W. Si se modifican estas bajas presiones por algún forzante lejano, la influencia antártica sobre el hemisferio sur se vería alterada, con consecuencias en el clima general del hemisferio.

En el océano Austral ocurren importantes intercambios entre la atmósfera, el océano y el hielo marino. La Corriente Circumpolar Antártica (CCA), la cual es superficial y gira alrededor de la Antártica, es generada por los vientos del oeste y otros fenómenos dinámicos (fig. 2).

Esta corriente juega un papel importante en el clima global, ya que transmite energía térmica y mecánica a todo el hemisferio sur, pero también anomalías climáticas. Se ha observado que las características de la variabilidad interanual se propagan hacia el este con la CCA en forma de un sistema de anomalías acopladas, conocido como Onda Circumpolar Antártica. Dada sus características de bajo período y escalas de tiempo subdecadal, se acopla con ENOS, transmitiendo su influencia a través de la CCA y, por lo tanto, transportando las anomalías cálidas de la temperatura superficial del mar a todos los demás océanos del hemisferio.

La Antártica y las costas de Chile

Por otro lado, se pueden considerar conexiones más permanentes en el tiempo, que contribuyen al establecimiento de un determinado clima en una región.

La costa sudamericana de Chile está principalmente influenciada por la CCA, cuya parte medular se encuentra entre el frente Subantártico y el frente Polar. Sin embargo, su rama norte se encuentra con el continente sudamericano (corriente de Deriva del Oeste) en una franja centrada en la península de Taitao, creándose así la corriente Perú-Chile o Humboldt hacia el norte y la corriente del cabo de Hornos (CCH) hacia el sur (fig.2).

Por lo tanto, este sistema lleva agua fría, determinando el característico clima chileno. Asociado a este sistema están los vientos del oeste, que llevan abundantes precipitaciones a la región sur-austral de Chile, disminuyendo las características salinas superficiales, propiedad de las aguas subantárticas, cuya influencia alcanza hasta latitudes cercanas a los 30° S (frente Subtropical, Región de Coquimbo). Al norte, dominan las aguas más cálidas y salinas, pero aún frías, ayudadas también por fenómenos de surgencia de agua fría subsuperficial (bomba Ekman), debido a la presencia del Anticiclón del Pacífico y sus vientos S-SW. Lo anterior, sumado a la topografía, hacen que exista un clima seco y único en el planeta.

Por último, existe la influencia de la circulación de masas de agua profundas (circulación termohalina), producto de las diferencias de densidad por cambios en temperatura, salinidad y presión 3. Aparte de aquellas asociadas a la CCA, existen otras a distintos niveles en profundidad que nacen en la Antártica: la Intermedia Antártica, generada en la zona de la convergencia antártica (frente Polar), y la de Fondo, que nace cercana a la costa antártica y es muy fría y densa, por lo que fluye por el fondo del mar (fig. 3).

En general, esta circulación crea una especie de “correa transportadora” por todo el mundo, llevando las características térmicas, de gases y otros, a distintos puntos del planeta, constituyendo quizás el mayor sistema de teleconexión submarino.

No se ha podido evaluar la influencia directa de estas masas de agua antárticas en el Pacífico sur oriental y la costa de Chile, debido a falta de datos y muestreos, pero seguramente causan un impacto en los ecosistemas y en el clima a largo plazo. Aún quedan por entender diversos factores y fenómenos en esta complicada telaraña, incluyendo los efectos antrópicos, por lo que es necesario mayor investigación y nuevos datos para alimentar los modelos oceánicos-atmosféricos y, de esta manera, contribuir al desarrollo humano sostenible y a la protección del planeta.