Necrológicas
  • Jorge Antonio Yersic Soto
  • Francisca Gallegos Rubio
  • Julio Sebastián Calderón Maclean

$198.000 y… ¿Quién se quedó con la plata?

En estos días se sigue discutiendo acerca del monto de las comisiones de las AFP; es conveniente recordar que los cálculos dicen que $198.000 es la cantidad promedio que reciben los jubilados en Chile. Pero, eso es el promedio, porque hay un 90,7% de los jubilados que reciben pensiones iguales o inferiores a $147.000.
[…]

Por Marcos Buvinic domingo 10 de enero del 2016

Compartir esta noticia
111
Visitas

En estos días se sigue discutiendo acerca del monto de las comisiones de las AFP; es conveniente recordar que los cálculos dicen que $198.000 es la cantidad promedio que reciben los jubilados en Chile. Pero, eso es el promedio, porque hay un 90,7% de los jubilados que reciben pensiones iguales o inferiores a $147.000.
Esto es aún más injusto e indignante al considerar la distancia con las pensiones considerablemente más elevadas que reciben los jubilados de algunos servicios estatales. Además, tiene otra irritante e injusta diferencia entre varones y mujeres; por ejemplo, se calcula que el promedio de la jubilación de los varones que han cotizado en la Región de Magallanes es de $210.000, mientras que para las mujeres el promedio es de $150.000 mensual; lo que a su vez, da un promedio regional de casi $180.000. ¿Acaso las mujeres han trabajado menos o tienen menos necesidades vitales que los varones? ¿Quién puede vivir con esas cantidades de dinero?
Todos sabemos que esto es aún más dramático en el caso de los que reciben las llamadas “pensiones solidarias”, cuyo monto asciende a cerca de $90.000. ¡Qué vergüenza! Eso es hacer de la solidaridad una burla, y -como dice la Biblia- “quien se burla del pobre, ultraja a su Creador” (Prov 17,5).
Estamos ante un elemental asunto de justicia social que, para los cristianos se trata de una de las consecuencias sociales de la fe; es lo que llamamos “la Doctrina Social de la Iglesia”. Como lo ha dicho el Papa Francisco, una sociedad se desarrolla cuando aprende a cuidar los dos extremos de la vida, los niños y los ancianos; los niños que son la esperanza de esa sociedad, y los ancianos que ofrecen un tesoro de experiencia y sabiduría. Sin cuidar la esperanza y sin valorar la experiencia y sabiduría, una sociedad no se desarrolla y se deshumaniza.
La pregunta que muchas personas nos hacemos es cuándo alguna autoridad tomará en serio el urgente tema de las injustas pensiones de los que se han pasado la vida trabajando para que hoy tengamos el país en que vivimos. Aquí se trata del derecho básico de los adultos mayores que es permanentemente negado a través del sistema previsional vigente, al que de modo pomposo se le llama de “la industria de la administración de recursos financieros de terceros”.
Las proyecciones de población permiten calcular que en diez años más habrá una cantidad de jubilados cercana a los tres millones de personas que pasaron 35 o 40 años de su vida trabajando y si esto no se soluciona pronto, seguirán recibiendo estas paupérrimas pensiones  y preguntándole a las AFP “¿quién se quedó con la plata?”
Es una triste paradoja recordar que la palabra “jubilación” viene de “júbilo”, es decir, alegría y gozo; lo cual es precisamente lo contrario a la angustia que viven la gran mayoría de los pensionados de nuestro país que siguen esperando una clara respuesta de las comisiones que estudian el tema y de las autoridades del país.