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¿A quién le importan nuestros niños desprotegidos?

Por Gloria Vilicic Peña lunes 16 de abril del 2018

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De todos nosotros depende que los niños vulnerables no queden desprotegidos. El Servicio Nacional de Menores (Sename), la institución encargada de cuidar a la población más vulnerable del país se encuentra en una profunda crisis. Atender y cuidar de la niñez es fundamental para el progreso humano, por lo mismo, colaborar con los gobiernos y organismos de la sociedad civil para superar los obstáculos impuestos a la infancia por la pobreza, la violencia, la enfermedad, la ausencia de los padres y la discriminación debiera ser objetivo ético, religioso, político o ideológico de todos los partidos. Las ideologías neocolectivistas comunistas de algunos integrantes del Frente Amplio y de los antiguos barones de la Nueva Mayoría pareciera tenerlos más preocupados, sin embargo, en mostrarle los dientes al actual gobierno que en ayudar a construir un futuro mejor para nuestros niños vulnerables.

El 2 de abril sesionó la comisión presidencial por la infancia. El argumento político egoísta de algunos para restarse fue que estos temas deberían discutirse en el legislativo, en especial en las cámaras del Congreso. El argumento de fondo es sin duda que la oposición o más bien parte de ella, no quiere aparecer “colaborando” con el gobierno de Sebastián Piñera. Los que se restan políticamente no saben o no entienden entonces de educación y de la importancia del desarrollo humano en los primeros cinco años de vida o quizá no les interese, lisa y llanamente, el futuro de nuestros niños. Las consecuencias de una infancia bien atendida o descuidada repercuten años más tarde en una brecha ascendente entre los niños en edad escolar, luego en la educación técnico profesional, la vida laboral y finalmente en los niveles de remuneración y productividad de cada uno de los chilenos.

La ciencia revela que las disparidades, diferencias o “desigualdades” en el entorno de aprendizaje temprano de los niños desde el nacimiento hasta los cinco años, se encuentran entre las causas principales de la brecha de rendimiento personal. Ya a los nueve meses de edad, los infantes que nacen en la pobreza obtienen posteriormente en su desarrollo personal un puntaje más bajo en desarrollo cognitivo que sus pares en hogares con mayores niveles de ingresos. Esta disparidad se triplica a la edad de dos años. Las interacciones verbales entre adultos y niños generada por la presencia o ausencia de los padres en los hogares de los infantes provocan las primeras diferencias en el desarrollo cognitivo y emocional. El impacto de las interacciones entre padres e hijos es de gran alcance, especialmente durante los primeros años del desarrollo de un niño. Las disparidades educativas aparecen mucho antes de la edad preescolar e indica la necesidad de que las intervenciones estatales ocurran antes del inicio de la escolarización formal, sobre todo en los hogares más desprotegidos económica y parentalemente.

He aquí la importancia de que la comisión por la infancia llegue rápidamente a un consenso sobre la importancia de invertir en programas sociales y parentales en los primeros años de vida de nuestros infantes desprotegidos. Es un hecho que la etiología en los niños puede remontarse a las desigualdades en la “inversión” de tiempo, cariño y recursos de los padres en los entornos de aprendizaje temprano, que inhiben el desarrollo cerebral fundamental para todos los niños y afecta desproporcionadamente a los niños que viven en la pobreza. La investigación científica revela que el 85% del desarrollo físico del cerebro ocurre en los primeros tres años de vida, con 700-1,000 nuevas conexiones neuronales cada segundo. Este crecimiento exponencial del cerebro está impulsado principalmente por el aporte del “cuidador” en cada hogar donde hay niños, la ausencia de éste tiene repercusiones de por vida. En general, la literatura sugiere que, sin una inversión suficiente de tiempo y recursos de los padres para generar entornos de lenguaje enriquecidos, sin la vinculación entre padres e hijos, sin la capacidad de respuesta del cuidador y sin el intercambio adulto-niño, la gran neuroplasticidad del cerebro de un niño permanece subutilizada y la tasa de aprendizaje y capacidad intelectual se verá severamente disminuida. A los cinco años de edad, menos de la mitad de los niños de entornos vulnerables están listos para la escuela en comparación con el 75% de los niños con mejor protegido económica, social y parentalmente hablando. Las habilidades de desarrollo social y ejecutivo de un niño pequeño (consideradas “habilidades blandas” y a veces denominadas por los economistas como habilidades “no cognitivas”) también se ven negativamente afectadas por la falta de dedicación de los padres o apoderados con los niños.

El presidente Sebastián Piñera ha convocado a una comisión por la infancia para que en ella todos los sectores políticos discutan las propuestas de su gobierno. Eso es tener visión política del futuro de nuestro país. Es triste ver a parlamentarios del Frente Amplio y la Nueva Mayoría restándose de defender a estas pequeñas víctimas de sus propias familias y del Estado, porque no tienen voz, no tienen quienes los representen, dado que quienes deberían cuidar de ellos, les dieron la espalda. Los niños desprotegidos en Chile no tienen voz y la sociedad civil tampoco saca la voz por ellos. No nos sentimos responsables, no son “nuestros” y ese es, justamente, el problema: la marginación que sufren.