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Adiós al pionero

En los últimos días de mis lecturas de los diarios regionales me quedo con lo afirmado por una autoridad edilicia, quien sostuvo en forma vehemente, que el comenzar con la gran aventura de unir río Pérez con seno Obstrucción quedaba invalidada, pues era algo lejano a la gente. Hay obras de urbanización que necesitan esos dineros, aseguró. Su conclusión: la porfía de las autoridades gobernantes -por la senda de penetración que por estos días se inicia- es una demostración de cómo la clase política es ajena  a las necesidades del ciudadano común.
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Por Ramón Arriagada miércoles 16 de septiembre del 2015

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En los últimos días de mis lecturas de los diarios regionales me quedo con lo afirmado por una autoridad edilicia, quien sostuvo en forma vehemente, que el comenzar con la gran aventura de unir río Pérez con seno Obstrucción quedaba invalidada, pues era algo lejano a la gente. Hay obras de urbanización que necesitan esos dineros, aseguró. Su conclusión: la porfía de las autoridades gobernantes -por la senda de penetración que por estos días se inicia- es una demostración de cómo la clase política es ajena  a las necesidades del ciudadano común.

El ejercicio anterior, entonces, invalidaría los esfuerzos que se hacen junto al Cuerpo Militar del Trabajo por seguir con la senda de penetración hacia península Staines. Y porqué no decirlo, también la proposición de bonificar la navegación entre el sur de Aisén (Puerto Yungay) y nuestro Puerto Natales.

Debo concluir, entonces, la existencia de un conflicto ideológico en el habitante de Magallanes. No confundir comportamiento ideológico con político. Es posible que en los treinta primeros años del siglo pasado, un visitante interesado en clasificar la ideología del magallánico, la hubiese catalogado como incuestionablemente “colonizadora y pionera”.  Esa era la visión del mundo, presente en cada magallánico, construida desde la infancia, con una clara influencia del entorno social y familiar. Porque en toda construcción ideológica hay una visión completa del mundo que rodea a la persona; hay ideología política, ética, formas culturales y económicas, hábitos costumbres, leyes no escritas más o menos inquebrantables y formas religiosas y supersticiones más o menos asumibles.

Sostengo que la ideología del colonizador tiene su descenso al sobrevenir la declinación de la explotación capitalista- industrial de las tierras aprovechables en la región. El magallánico busca refugio en las concentraciones urbanas, perdiendo las labores rurales su impronta de desafío, haciéndola llegar a un bajo nivel de ponderación y prestigio en las generaciones jóvenes. Nuestra masa laboral se tornó cortoplacista, primó la ideología de la búsqueda del beneficio inmediato, por  ello, la aceptación de la actividad pesquera, ganadora de adeptos en las generaciones jóvenes. No hay que sembrar ni criar, sólo cosechar.

Las mayores posibilidades de educación, la llegada de grandes centros comerciales y oficinas de la burocracia privada y estatal, se ganó a la mayoría. Sumado a la satisfacción de las necesidades primarias, han hecho del ciudadano de Punta Arenas (como principal núcleo poblado) un individuo aburguesado, lejano al personaje que poéticamente nos transmitiera el insigne José Grimaldi… “es el símbolo viviente del empuje y la paciencia… es un Rey sin trono fijo, el ovejero de mi tierra”.

Me preocupa la asimetría de aspiraciones ante la posibilidad de unir por ruta marítima, con una frecuencia semanal Puerto Yungay con Puerto Natales, privilegiando Puerto Edén. Las comunidades aiseninas de Tortel, Cochrane, Villa O’Higgins, poblados terminales de la Carretera Austral, ven en esta apertura la continuación de sus ideales de seguir empujando la colonización. Mientras en Puerto Natales y en la región este hito trascendental lo hemos asimilado como un hecho más  de nuestra sobrevivencia  isleña.