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¿Adónde vas Sename?

Por Carlos Contreras martes 15 de mayo del 2018

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Un tema fundamental en la agenda de gobierno el día de hoy está determinado por la protección de nuestra infancia y la situación de los niños y niñas infractores de ley; si a lo anterior sumamos la situación de los abusos con resultado de muerte de niños y niñas, así como el proyecto que establece la imprescriptibilidad de los delitos sexuales cometidos respecto de ellos, podemos señalar que es un tema fundamental y requiere solución en lo inmediato.

La mala noticia está determinada por la circunstancia que las leyes no solucionan estos problemas por sí sola y, además, la sociedad tiene que generar las condiciones para que la protección legalmente establecida sea eficiente. En efecto, nada sacamos con generar una nueva institucionalidad de protección y juzgamiento para nuestros niños, si ellos son abandonados, primero por sus familias, y luego por un Estado que se preocupa cuando ya existen escasas posibilidades de protección; de nada sirve la imprescriptibilidad si después de muchos años no existen pruebas, antecedentes, testigos que tengan la valentía y la claridad para poner en tela de juicio a los abusadores; de nada sirve modificar la imagen institucional de las organizaciones que colaboran en el mundo de la niñez desvalida, si no centramos el tema en un problema social de diversos niveles y responsabilidades.

El Sename, la institución o instituciones que lo reemplace, debe realizar un trabajo titánico en poco tiempo. No sólo se trata de resignar recursos de reevaluar instituciones colaboradoras o de revisar exhaustivamente los programas en actual ejecución, así como la forma de financiarlos, no señor.

Como nunca la labor del Sename tiene, necesariamente, que volcarse a la realidad, a la sociedad, a las poblaciones a las escuelas y barrios, a las organizaciones en las cuales participan niños y niñas, a las actividades que convocan a la infancia y a los padres para tener una claridad real de lo que acontece hoy en una sociedad en que la familia ya no es la tradicional, en que los valores han cedido ante la necesidad de contar con un plasma o un buen equipo de música o telefónico, en que el tiempo con los hijos se limita a las horas de sueño en el hogar, con suerte… porqué el problema empieza en cada hogar y hacer ese análisis es difícil, sobre todo en aquellos hogares en que las carencias son el único denominador común, carencias materiales, pero también afectivas.

Espero de todo corazón que esta labor sea asumida de una vez por todas, de cara a los seres humanos, de espaldas a las cifras y a los estándares y evaluaciones de gestión y con la necesidad de no fallar en esta oportunidad.