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Alejandro Aravena: la arquitectura al servicio de bienestar social

El chileno Alejandro Aravena ha obtenido el premio Pritzker, reconocimiento a nivel mundial que se entrega anualmente a los arquitectos. Para aquellos que no nos encontramos familiarizados con esta área del conocimiento, viene a ser una especie de “premio nobel” de la arquitectura, lo que significa un gran orgullo que trasciende la producción personal, representando a nuestro país.
[…]

Por Eduardo Pino viernes 15 de enero del 2016

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El chileno Alejandro Aravena ha obtenido el premio Pritzker, reconocimiento a nivel mundial que se entrega anualmente a los arquitectos. Para aquellos que no nos encontramos familiarizados con esta área del conocimiento, viene a ser una especie de “premio nobel” de la arquitectura, lo que significa un gran orgullo que trasciende la producción personal, representando a nuestro país.
El jurado ha querido destacar el mérito de este compatriota, que ha presentado producciones en Estados Unidos, México, China y Suiza, además de nuestro país.  Pero más allá de los alcances del premio, lo que me parece más importante es lo que el mismo jurado expresa:  “El equipo ELEMENTAL (que lidera Aravena) participa en todas las fases del complejo proceso de proporcionar viviendas a los más necesitados: colabora con políticos, abogados, investigadores, residentes, autoridades locales, y constructores, con el fin de obtener los mejores resultados posibles para el beneficio de las personas y la sociedad. (…) Este enfoque creativo amplía el ámbito tradicional del arquitecto y transforma el profesional en una figura universal, con el objetivo de encontrar soluciones verdaderamente colectivas para el medio ambiente construido”
En tiempos donde tantos investigadores desean ganarse el “limbo científico de la trascendencia”, buscando reconocimientos que muchas veces se esmeran en inflar egos personales que por alguna razón se afirman en temas intrascendentes para el común de la gente, Aravena nos muestra que es posible preocuparse del bienestar de las personas que tienen menos, e igual poder alcanzar notoriedad a un alto nivel. Su frase “la arquitectura debe ser un valor añadido y no un costo adicional”, refleja que una actividad tan importante para la calidad de vida de las personas se debe colocar al servicio de éstas, más que satisfacer la vanidad de sus creadores.
En nuestro país hemos visto demasiados ejemplos de cómo la vivienda social en vez de convertirse en el sueño de toda una vida, viene a transformarse en un dolor de cabeza para sus esperanzados habitantes. Espacios cada vez más pequeños, materiales poco funcionales, poco fomento a las áreas verdes y de esparcimiento, por nombrar algunas (además de  poblaciones completas que se llueven o presentan daños estructurales), hacen que algo tan importante en la vida de un ser humano como es su vivienda, se encuentre más cerca de la frustración en vez de cumplir con el objetivo para el cual fue construido: convertirse en un espacio fundamental en que se desarrolla la vida. Las casas no sólo son para protegerse del clima y tener un lugar donde dormir, es el lugar donde muchas veces acontecen los sucesos más importantes en la historia de las familias, donde se fraguarán los futuros recuerdos que darán sentido al paso del tiempo. Es por eso que la calidad de la vivienda y especialmente de su entorno, debe traspasar la barrera de las diferencias sociales, pues contar con un lugar limpio, tranquilo, seguro y acogedor no debe ser un privilegio sólo para quienes puedan pagarlo.
Me alegro por Alejandro Aravena y su reconocimiento, pues tengo la esperanza  que este compatriota se transforme en inspiración para muchos arquitectos jóvenes que consideren el bienestar social de los más necesitados como una tarea desafiante y necesaria para sus carreras profesionales, integrando a sus competencias profesionales la comunicación e interés por las inquietudes de sus futuros destinatarios, esos que tantas veces son ignorados y deben sufrir la autosuficiencia de los “expertos”.  Los formadores de estos futuros profesionales tienen la palabra.