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Allende

Por Carlos Contreras martes 16 de octubre del 2018
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La historia exige que el tiempo transcurra para que se puedan elaborar los juicios y por ello me sorprende tanto las expresiones del ex ministro de las Artes y Culturas Sr. Rojas quien además de acusar una demonización en su contra, se da el gusto de escribir un libro en menos de dos meses contando su trágica experiencia.

Pero esta situación me llevó a pensar en la figura del ex Presidente Allende, pues a pesar del transcurso del tiempo no se ha tenido la madurez para definir adecuadamente su figura y trascendencia histórica, pareciera que nuestra estructura sociológica condena indefectiblemente a determinadas figuras como aconteció también con el Presidente Balmaceda.

Lo que me importa no es llegar a un consenso, lo que me importa es que, al igual que otros personajes, su uso y abuso en las expresiones partidarias, en las convocatorias, en la propaganda, en la gráfica oficial de determinados movimientos sociales de izquierda, lo terminen transformando en una caricatura o una imagen que se vende al igual que la del Che Guevara en las poleras.

Allende no era perfecto, pero fue Presidente de este país contando con muchos méritos que se desdibujan frente al fantasma de su figura que proyectan adherentes y denostadores. En efecto, muchas de sus acciones tenían como único objetivo superar la desigualdad y generar espacios de equidad y justicia para los ciudadanos más postergados en el ámbito económico, social, cultural y en netamente humano, se dedicó toda su vida a este proyecto y hasta el día de hoy ha sido el único proyecto de corte socialista que no llegó por la vía armada al poder, llegó por el voto y los consensos de una democracia. Nacionalizó el cobre y paradojalmente con ello se ha financiado el Ejército que lo derrocó y que hoy aparece con diversos fraudes amparados en los recursos que fluyen de dicha riqueza patria a su presupuesto institucional.

Es evidente que también tenía zonas oscuras, pero nunca al nivel de ser juzgado por la justicia en materias penales, ni tampoco en el ámbito de la transgresión de derechos fundamentales.     

No creo en las poleras de Allende, ni en las gigantografías, ni en los discursos que lo citan, ni mucho menos en los folletos programáticos que entregan los partidos que, bien o mal, se sienten depositarios de su legado. Creo en el Allende en carne y hueso que definió el sentido de la política para mujeres, hombres, jóvenes, trabajadores, profesores y obreros de nuestro país, el Allende que respetó la democracia y que, a pesar de los intentos por demonizarlo, vivió en tolerancia y fraternidad. Por ello creo en aquellos que efectivamente pueden ejecutar el legado de Allende, en aquello que es lo más vital, por medio de ejemplo de trabajo, dedicación y consecuencia…no se requieren figuras ni imágenes, se requieren personas que puedan actuar en consecuencia.