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Andrés Aylwin Azócar, quijote de corazón azul

Por Juan Francisco Miranda jueves 23 de agosto del 2018

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Hace unos días partió don Andrés, un emblema de quijotes de otro tiempo, de los que combatieron al mal sin temor, que triunfaron sobre el miedo invencible en una época donde el miedo era parte del paisaje y lo cotidiano. Uno más de los que de pie soportaron el dolor de una noche larga y trágica de 17 años acompañando a miles de familiares de detenidos desaparecidos y de perseguidos. Un hombre que luchó por el bien sin dudar ni temer, pues para él la dignidad del ser humano es un derecho que no se puede dejar de respetar amparado en contextos, ya que su respeto siempre debe prevalecer en cualquier espacio y en todo tiempo.

Un hombre sabio, honesto, sencillo y bueno, de aquellos que son irremplazables y al mismo tiempo, imprescindibles. De esos chilenos que forman parte de un Chile que se extraña, que se añora, y que se ve lamentablemente cada vez más lejano, y del cual cada vez se conoce menos, entre tanto revolucionario de teclado y unos pocos caracteres, y entre tanta relativa convicción en tiempos disfrazados de modernos pero que en términos de valores parecen prehistóricos.

Probablemente para generaciones más recientes, don Andrés les resultará un desconocido, pero lo cierto es que para miles de chilenos nos resulta una persona entrañable, reconocido por su alargada figura y por su altura moral gigante, que tal como un quijote contra molinos de viento, estuvo dispuesto al infierno llegar si se lo dictaba el deber. Así lo hizo, se alzó para defender los derechos de miles de personas perseguidas por la dictadura, en un trabajo riguroso y silencioso, que es reconocido por todos entre los que están muchos de sus adversarios políticos.

Don Andrés, como esos maestros de vida, con su testimonio y coherencia, fueron mostrando un camino, donde el tiempo le fue dando la razón junto a otros 13 insignes camaradas de partido al rechazar tempranamente al Golpe Militar de 1973. Sufrió por ello siendo relegado y exiliado. Sin embargo, sus convicciones, su humanismo cristiano al servicio de los que sufren lo llevó a ser más que un abogado de brazos abiertos para miles de familias que hasta hoy piden justicia para sus seres desa-parecidos. Don Andrés fue ejemplo de valor, de ética, de coraje, y de nobleza.

Su figura se agiganta hoy que muchos se hacen los valientes en redes sociales, hoy que muchos políticos buscan ser reconocidos haciéndose los simpáticos, o vociferando lo que parece popular sin el mínimo rigor de hacerse un examen de conciencia (basta recordar que en 2018 algunos diputados promovieron restablecer la pena de muerte). Su figura política se agiganta al ver el contraste con algunos mesiánicos políticos “apolíticos” con un poco de poder. Su figura se agiganta ante quienes con soberbia siguen pensando que hubo contextos para justificar violaciones a los derechos humanos.

Hoy que muchos políticos se orientan por encuestas, debiesen aprender de políticos como don Andrés, que se guiaron por valores y principios sólidos y tan esenciales como el de luchar por la vida, defender al débil, y combatir la injusticia.

El gran mensaje que nos deja su vida es promover los derechos humanos y su defensa, que no es cuestión de izquierda o de derecha, sino que simplemente es todos los seres humanos. Mis respetos y admiración a don Andrés Aylwin Azócar, que descanse en paz.