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Aquel 21 de mayo… y el Times

Por Jorge Abasolo lunes 20 de mayo del 2019

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¿Qué pasó realmente ese 21 de mayo de 1879, al margen de lo que nos enseñan en el colegio?

¿A quién se le ocurrió bloquear Iquique con una corbeta destartalada como la Esmeralda, acompañada de otra algo mejorcita como la Covadonga? La idea era simplemente un disparate.

¿Para Prat Chacón no era mejor rendirse que dar combate ante un buque moderno como el Huáscar? Lo primero que ordenó Prat fue izar las banderas de combate. Su decisión fue un acto de audacia que -con el tiempo- no tenía otra opción que cuajar en heroísmo superlativo.

Por esta fecha abundan los relatos en torno a la epopeya de Iquique.

¿No es mejor justipreciar este hecho analizando lo que dijeron en su momento los extranjeros?

Y es que en la rada de Iquique se encontraba la fragata inglesa “Turquoise”. Una vez terminado el encarnizado combate, su comandante ordenó a dos buzos extraer un trozo de madera de la vieja Esmeralda y labrar una cruz, que luego envió al comandante Condell con la siguiente carta que es el testimonio más preciso y bello que ha podido recibir marina alguna:

Al bravo comandante Condell:

Los oficiales del buque de S.M.B. Turquoise, admiradores del glorioso combate de la Esmeralda y Covadonga, sin ejemplo en los fastos navales, empeñaron sus esfuerzos por hallar el sitio donde la gloriosa Esmeralda sucumbió. Querían encontrar allí una reliquia que ofrecer al compañero del heroico Prat, caído cuando se hundía su buque, al tomar al abordaje al enemigo.

A nadie pues, mejor que al comandante Condell de la gloriosa Covadonga corresponde ser el depositario de la noble reliquia que hoy le enviamos”

Lo ocurrido en Iquique ese 21 de mayo de 1879 fue una noticia que dio la vuelta al mundo. El Times de Londres dejó de lado su facundia flemática para narrar así los hechos:

“Este es uno de los combates más gloriosos que jamás haya tenido lugar. Un viejo buque de madera casi cayéndose a pedazos, sostuvo la acción durante tres horas y media contra una batería de tierra y un poderoso acorazado, y concluyó con su bandera al tope”.

El mismo juicio emitieron los grandes órganos de publicidad de Francia, de Alemania, del Japón, de España y de Estados Unidos.

Arturo Prat fue harto más que un héroe. Nadie hubiese fustigado una rendición en tales circunstancias. Su arrojo ilimitado y consciente aleccionó a muchos jóvenes de la época a imitar su ejemplo y a ganar la Guerra del Pacífico en tiempo record. Con justificada razón en el Museo Naval de Japón hay una tríada de bustos dedicados al almirante Tojo (máximo héroe naval de Japón), al almirante Nelson y…¡a don Arturo Prat Chacón!

Testimonio irrefutable de que el heroísmo del capitán chileno no precisa de exageraciones en nuestro país, por su valentía desbordante.

Basta con constatar los hechos. Narrarlos tal cual se desarrollaron.

El colofón corre por cuenta de testimonios paridos mucho más allá de nuestras fronteras. 

En opinión muy personal, creo que cuando los episodios de gallardía son elocuentes y reconocidos por todos, se transforman en epopeya.

Cuando la nobleza de esos actos sobrepasan las fronteras, la epopeya muta en heroísmo.

Es el caso de Prat y quienes siguieron su ejemplo…