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Asesinato de un converso

Por Gloria Vilicic Peña jueves 16 de agosto del 2018

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La izquierda chilena no quiere o no puede comprender el camino propio de la conversión ideológica por el cual transitó el recién renunciado ministro de Cultura, Mauricio Rojas. Cuando las ideologías entran en contradicción con la realidad, la mayoría prefiere negar la realidad y aferrarse a sus creencias. Quien reflexiona sobre esas creencias contradictorias es un anatema. Por ello la negación de la situación política en Nicaragua, Venezuela y Cuba por parte de la izquierda chilena es un síntoma más de esta evasión de la realidad. Mauricio Rojas decidió durante su estadía en Suecia no evadir la realidad y evolucionar desde la izquierda revolucionaria del Mir a colaborador de nuestro Presidente Sebastián Piñera.  Parte de la familia del ministro ya no le habla. Lo excomulgaron por abandonar su férrea creencia en el comunismo, para convertirse en un ferviente defensor del libre mercado.

Este converso no podía seguir ganando adeptos, ahora como ministro, y por eso la izquierda chilena lo linchó públicamente, por emitir una opinión sobre el Museo de la Memoria hace dos años. Mauricio entendió las sensibilidades del tema, se disculpó públicamente, pero ya no fue suficiente. Mauricio Rojas debía ser acallado públicamente y renunciar. El encono de la izquierda chilena en su contra tiene sus razones en la historia de Mauricio Rojas, pues su conversión no fue capricho ni fortuita, tiene sustentos sólidos. Enterarse en Suecia que en la sublime URSS se practicaba sistemáticamente la persecución de grupos étnicos distintos a los rusos, que había persecución antisemita y  de minorías sexuales, además de las purgas en contra los disidentes políticos, estremece también los fundamentos ideológicos de personas con creencias de izquierda, pero de corazón humanistas y sentido común. Este proceso de conversión debió haberse repetido entre muchos y muchas chilenos que residieron como exiliados en la Europa oriental de los años 70 y 80. Pero no, no  fue. Es como si la ideología terminara fagocitando la realidad que observaban tantos y tantos chilenos en la URSS, Cuba y la Alemania Democrática.

El origen de los ataques que recibió Mauricio Rojas en los últimos días subyace en la diferencia radical con la izquierda de su comprensión de la dignidad humana. ¿Qué molesta tanto a la izquierda de este converso? Es la reflexión que hace de la historia del marxismo y comunismo. Es la convicción de que ideologías totalitarias como el comunismo llevaron a naciones como la URSS a la destrucción de su economía, de las libertades y la diversidad. Mauricio Rojas es un recordatorio constante para la izquierda de que los derechos humanos son para todos los humanos o no son derechos. Las víctimas de la represión política son víctimas en cualquier país, bajo cualquier régimen político. No existen regímenes opresores buenos, con los cuales se puede hacer vista gorda.

El meollo de la reflexión de Mauricio es que constata que a la izquierda marxista chilena no le interesan los derechos humanos de aquellos ciudadanos cuyos derechos son pisoteados en y por un Estado marxista (El Libero, el 26 de septiembre, 2016). 

Ironías de la vida, pues le tocará a la recién nombrada Alta Comisionada de los DD.HH. Michelle Bachelet, que vivió y estudió en la Alemania Democrática (que no tenía nada de democrática), refutar o corroborar la reflexión de Mauricio Rojas sobre los DDHH y la izquierda chilena. Si las reflexiones y estudios del historiador y converso Mauricio Rojas son una mera entelequia, entonces la ex Presidenta Michelle Bachelet saldrá a defender los derechos humanos de todos, también de los ciudadanos venezolanos, nicaragüenses y cubanos. Si el converso Mauricio Rojas tiene razón, entonces la alta comisionada de los derechos humanos será cómplice de un gran silencio.

Mauricio Rojas es un converso y como tal el Odium Theologicum de la izquierda chilena lo asesinó públicamente, por hereje, por apóstata del colectivismo comunista.