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Aumento de parlamentarios: ¿para qué?

Por Eduardo Pino viernes 4 de mayo del 2018
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En estos días que Chile se ha conmovido por el crimen de Ambar Lezcano, hemos estado atentos a denuncias de acoso sexual en el mundo artístico y la comunidad internacional ha colocado su atención en la condena sólo por abuso sexual, y no por violación, de “la manada” en España; hay una noticia que ha pasado un tanto inadvertida, pero que nos debe llamar la atención pues nos toca como sociedad en forma muy directa, en especial por las consecuencias de su funcionamiento: el proyecto que propone disminuir la cantidad de parlamentarios en el Congreso. Probablemente esta iniciativa de “Chile Vamos” logre prosperar tanto como la reiterada petición de Boric y Jackson de bajar las dietas parlamentarias.

El aumento de parlamentarios fue recibido como un triunfo de la democracia, como el logro de una mayor representatividad de todos los sectores de la sociedad, como la gran esperanza para un mejor porvenir. Habrá que darle un tiempo a esta reestructuración, pero hasta ahora hemos observado a representantes del pueblo elegidos con menos de un 3%, o lamentables altercados como el round Urrutia-Jiles, donde el primero vuelve una vez más a expresar provocaciones gratuitas e innecesarias, para pasar de altanero “patrón de fundo” a una delicada víctima de un apretón inferido por una mujer, la que encarna un “personaje” histriónico cuyas reacciones nos recuerdan a ese compañero impulsivo y malas pulgas que en la enseñanza básica recorría toda la sala para agredir al que se burló de él. Incidentes como ése, y otros más que seguramente nos esperan,  hacen que nos preguntemos en tiempos de recorte en gasto público: ¿valió la pena el aumento en gasto parlamentario?

Entre los integrantes de la comunidad existen legítimas diferencias, pero un aspecto en que prácticamente se observa unanimidad es la necesidad de bajar las exageradas dietas parlamentarias (las segundas más onerosas de la Ocde), por último como una señal simbólica de nuestras autoridades ante la desigualdad de ingresos en nuestro país. Además, el aumento de parlamentarios estuvo lejos de ser un clamor popular, ya que fue impulsado por los partidos políticos, tanto consolidados como emergentes, proyectando una mayor representación apoyados por el fin de Binominal (muchos aún no encuentran la diferencia sustancial).

¿Tener más parlamentarios nos provee de un mejor funcionamiento en el Congreso? Si miramos el espectro mundial, la tendencia no ha sido a subir la cantidad de representantes, sino a fortalecer las democracias para que el ciudadano común elija a los más preparados, tarea difícil pero no imposible.

Un diputado le cuesta al país, mejor dicho, nos cuesta en un año: $296 millones, mientras que un senador casi $380 millones. Desde marzo se aumentaron 35 diputados y 12 senadores, totalizando 155 y 47 respectivamente. Si estos números los contextualizamos en un país donde cada vez más se precariza el trabajo estable, el sueldo mínimo de es $276.000 y el 53% de los trabajadores gana menos de $300.000, la reflexión nos debería llevar a decir más de alguna cosa.

El proyecto presentado pretende volver a 120 representantes en la Cámara Baja y dejar 40 en la Cámara Alta. ¿Cómo cree ud. que le irá?  No se preocupe, yo pienso lo mismo.