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Balance provisorio

Por Abraham Santibáñez sábado 23 de diciembre del 2017

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Los presagios cayeron abruptamente. Se pronosticó que el resultado de la segunda vuelta de la elección presidencial sería estrecho. Los apoderados, una institución que parecía obsoleta, volvieron en gloria y majestad…y dispuestos a dar una dura pelea, “voto a voto”.
Nada de ello ocurrió. Pese a los excesos de fervor partidista, no hubo mayores denuncias de fraude y los resultados se conocieron con sorprendente prontitud. Quienes creen -y no son pocos- que es hora de implantar la votación on line, podrían estar ahora revisando posiciones.
En esta ocasión descubrimos que la eficiencia no está reñida con la tradición. Mientras en diversas partes del mundo los sistemas electrónicos han tenido falencias -y en algunos casos ha habido complejas manipulaciones- los chilenos, marcando una cédula con un lápiz de grafito hemos votado regularmente de manera rutinaria, sin acusaciones graves de fraude ni demoras sospechosas. El recuento a mano, a “la antigua”, ha demostrado su rapidez y confiabilidad,
La eficiencia del sistema es la primera comprobación que nos dejó el acto electoral.
La segunda es aún más importante: apenas conocido los resultados se pusieron en marcha algunos emocionantes ritos cívicos. El reconocimiento del candidato derrotado, el cordial llamado de la Presidenta al ganador nos indican que el sistema funciona. Cuando había que esperar la decisión del Congreso para ratificar al triunfador se abría un lapso de incertidumbre y negociación que en el actual sistema sirve para reordenar fuerzas entre las dos vueltas.
En este enaltecedor curso de los acontecimientos, cabe resaltar la conducta de Alejandro Guillier. Sus primeras palabras tras la derrota son un ejemplo de civismo y respeto a la democracia. Con razón, cuando retornó al Senado, sus colegas le brindaron un homenaje de respeto y cariño que subrayó la corrección del proceso electoral. En la misma línea debe considerarse la serie de reuniones de “coordinación” ya iniciada entre los ministros salientes y el Jefe de Estado recién electo.
Nada asegura, sin embargo, que este ambiente va a perdurar.
Hubo una primera reacción de intolerancia de parte de algunos de los triunfadores que debe ser tomada en cuenta. Aunque el candidato no los suscribió, hubo partidarios suyos que difundieron videos y opiniones sobre un destino fatal de nuestro país en vías de convertirse en Chilezuela.
El efecto se apreció públicamente en la noche misma de la elección con el grito en la calle: “Nos salvamos, gracias a Dios”. Durante el día se difundieron pueriles imágenes de una misma cédula “marcada” que habría aparecido en distintos lugares.
Igualmente lamentable y negativa ha sido la reacción de algunos sectores de izquierda que demuestran una precaria convicción democrática. Lo ejemplificó el diputado Hugo Gutiérrez que trató de “idiotas” a los votantes de Piñera. Como suele ocurrir, sus explicaciones (“siempre lo dije en sentido griego la palabra ‘idiota’: aquella persona que se desvincula del interés general y sólo está preocupado del interés propio”) no mejoraron las cosas.
Tampoco la diputada Karol Cariola fue muy afortunada al hablar despectivamente de “la gente rubia” que vio en las elecciones en Recoleta, al parecer aludiendo a los apoderados de mesa de Piñera.