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Baradit: la historia está de moda

Por Eduardo Pino viernes 15 de julio del 2016

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La versión N°20 de la Feria del Libro “Dinko Pavlov”, tiene como invitado al escritor Jorge Baradit, quien se ha mantenido por más de 52 semanas entre los títulos más vendidos con “La Historia secreta de Chile”, que por estos días cuenta con el lanzamiento de su segunda versión.  Es que sus apariciones en televisión hablando de temas poco tratados y difundidos de la historia de Chile, además de las portadas poco tradicionales de sus libros con Arturo Prat y su tercer ojo o la fusión entre O’Higgins y Pinochet, han llamado la atención de muchas personas cuyo interés por la historia nacional era prácticamente nulo. Esto es ratificado por los más de 75 mil ejemplares vendidos en menos de un año (y agregue los miles que desgraciadamente se comercian en forma pirata), lo que convierten a Baradit en un Best Seller en nuestro limitado escenario literario.
Obviamente su posición no ha estado exenta de críticas, específicamente de cuatro estudiantes  Doctorales en Historia de la UC, que le acusan de “degradar el trabajo de quienes llevan décadas dedicados al estudio y la enseñanza de la historia y su didáctica, al apropiarse del conocimiento socialmente producido, presentando como hallazgos suyos cuestiones ya sabidas, que ya están publicadas y son el fruto del trabajo silencioso, metódico y a veces anónimo, de decenas de investigadores y ayudantes que han pasado fatigosas jornadas en archivos y bibliotecas verificando e hilvanando pistas, trazos y referencias sueltas que luego se convierten en los insumos con que se componen explicaciones satisfactorias”. Más aún, le acusan de autoadjudicarse un status de “nuevo profeta de la Historia”, cuando en realidad “su trabajo sólo es una pegatina de anécdotas inconexas que iluminará a los ignorantes”. Finalmente no le perdonan la degradación que supuestamente hace en forma reiterada a los profesores de Historia del sistema escolar.
Este quiebre entre el mundo científico universitario y comunicadores que se popularizan  a nivel masivo no es nuevo. Muchos psicólogos de la academia no pueden escuchar a Pilar Sordo sin que les surja urticaria, o el nombre de Fernando Villegas es vetado por los sociólogos cuando se cree que el melenudo comunicador pertenece al gremio. Es que curiosamente Baradit, éxito en ventas con sus libros de Historia, no es historiador, es escritor.
Su obra es entretenida, dinámica y cercana a la gente. Está dirigida a un público masivo, ese que se lateó en clases de historia con tantas fechas y nombres que no vio ni utilizó nunca más, ese que no conoce sus orígenes y que incluso le da flojera googlear datos e investigar más acerca de su propia historia. Baradit integra la narrativa literaria para “sazonar” y hacer sabroso un producto que pocos digieren en estado puro y ortodoxo. Sus breves historias no están dirigidas a los púlpitos ocupados por catedráticos que coleccionan títulos nobiliarios de carácter académico, esos que sólo consideran valiosa la publicación indexada para ganarse la admiración de círculos exclusivos. Por eso es que la selección de los temas es variado, breve y sin tanta profundidad, pero muy atractivo para el lector común. El mismo autor destaca que uno de los aspectos que más imprime en sus escritos, y que sin dudas lo hace interesante, es la impronta emocional que pretende establecer entre el lector y el contenido, logrando en muchos casos una necesaria identificación con personajes y acontecimientos que todos hemos escuchado pero conocemos muy poco.
Resulta muy ilustrativo que Baradit en un programa de televisión hable acerca de las matanzas y abusos a la clase obrera que han sucedido a lo largo de nuestro país, incluido el incendio a la Federación Obrera de Magallanes en 1920, hechos que connotados historiadores prefieren omitir como si nunca existieron. Una de las premisas de este escritor es desmitificar las imágenes que hemos aprendido de las “versiones oficiales” de algunos investigadores y recopiladores, pues todos sabemos que la historia la escriben los ganadores y poderosos, cuyos nombres identifican nuestras calles, museos y monumentos, muchas veces con el costo de miles de anónimas víctimas.
Más que criticar tanto a Baradit, pienso que el desafío de la academia es buscar metodologías que se acerquen a la gente, recuperando la emocionalidad que este escritor ha podido desempolvar para colocar a la historia de moda.