Necrológicas
  • Aroldo Andrade Andrade
  • María Lucinda Levill Levill

Batucadas: ¿manifestación cultural magallánica o ruido molesto?

Por Eduardo Pino viernes 12 de febrero del 2016

Compartir esta noticia
290
Visitas

La polémica entre los artesanos instalados en Plaza de Armas y el grupo de la Batucada municipal por el ruido que auyenta a los turistas y perjudica sus ventas, nos trae a la reflexión uno de los principios básicos de la convivencia en sociedad: el respeto por el otro. De manera muy acertada, algunos concejales como Checho Aguilante, Vicente Karelovic o Juan Arcos, han ido más allá de este hecho puntual, reflejando que las quejas por ruidos molestos en nuestra ciudad son más comunes de lo que creemos. Una verdadera paradoja para una ciudad que atrae a sus visitantes precisamente por lo prístino y descontaminado de sus parajes, donde incluso se puede disfrutar de un silencio urbano que en gran parte es interrumpido por los sonidos de la naturaleza, privilegio que las grandes urbes parecen haber perdido irremediablemente.

En cuanto a la intensidad del sonido, la OMS ha establecido como límite de lo adecuado los 50 decibeles. De ahí en adelante, el ruido excesivo puede provocar un estrés perjudicial en las personas. Tanto el órgano sensitivo como el equilibrio emocional se ven perturbados por el ruido constante, disminuyendo la capacidad de atención y concentración, repercutiendo, entre varios aspectos, en el aprendizaje de sus víctimas. El umbral auditivo cada vez va aumentando en aquellos sujetos expuestos a altos sonidos, por lo que se va perdiendo la sensibilidad ante el entorno, provocando incluso hipoacusia. Uno de los fenómenos que cada vez se observa con mayor frecuencia es la pérdida gradual de audición en jóvenes que abusan del volumen en sus audífonos. Como dato de referencia, en una Disco se registran entre 100 a 110 decibeles, lo que hace difícil poder mantener una conversación.

Pero hay un aspecto muy importante al considerar el análisis de esta exposición: el nivel de control sobre la fuente del sonido. Nadie que vaya a la Disco se quejará del alto volumen de la música pues es lo que ha ido a buscar, pero es muy distinto cuando se trata de alguien que desea descansar en su casa y sus vecinos le “regalan” música a todo volumen. El desagradable ruido de automóviles sin silenciador será un agrado para el desconsiderado piloto que se adjudica las calles creyendo que son pistas de carrera. El ruido ensordecedor, será la fuente de estimulación y placer para quienes lo provocan, pero también el origen de irritabilidad y estrés para quienes lo sufran. Algo muy similar a lo observado tiempo atrás cuando se podía fumar en cualquier parte. Resulta increíble que aún muchas personas, ya sea por desconsideración social o baja capacidad cognitiva, no evalúen que los ruidos molestos son un tipo de contaminación.

Por eso la polémica de las batucadas se convierte en una buena instancia para conversar un tema que necesita normarse más claramente, pero sobre todo una comprensión desde la educación y el respeto que nos exige vivir en sociedad. Cuando los artesanos deben “soportar” horas de ruido constante y monótono, se comprende su molestia más allá del perjuicio a su negocio. Aplaudo el trabajo del sr. Barrientos en dirigir a estos jóvenes de la Batucada municipal, por lo que le invito a entender que no se ataca el empeño que colocan estos chicos en la música, más allá que no tenga ninguna relación cultural tradicional con nuestra zona. Tampoco se cuestiona la labor social y de integración que el municipio fomenta. Me parece excelente que llamen la atención de turistas que tomen fotos, además de animar las tardes de verano, pero urge moderar  el volumen, acortar los tiempos de exposición y variar los compases, como me sugería un entendido que trajo esta manifestación musical afro brasileña a algunos de los primeros carnavales de invierno.

Los magallánicos esperamos que nuestros espacios comunes se conviertan en puntos de encuentro para la comunidad, además de escenarios para la cultura. El lograrlo en armonía con la gente, es un gran desafío que confiamos a nuestras autoridades.