Necrológicas

Bienvenido Francisco, hermano y pastor

Por Marcos Buvinic domingo 14 de enero del 2018

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Visitas

Mañana llega a Chile el Papa Francisco, el pastor de la comunidad católica en el mundo entero y -como les decía en la columna del domingo pasado- es una ocasión para la acogida y la escucha de un hombre que no quiere otra cosa que ser un testigo del Señor Jesús.

Es la visita de un pastor a la comunidad católica y a todos los hombres de buena voluntad. Es la visita de un hombre de paz y sencillo, que hace suyos los problemas y dolores de los pueblos, que tiene la misión de iluminarlos con la luz de la fe y proponer caminos en un mundo que resulta tan inhumano e invivible para muchos.

Por eso, su visita es una ocasión para la acogida y escucha de alguien que puede ayudarnos a mirarnos a nosotros mismos, como Iglesia y como país, a mirar nuestros problemas, nuestras posibilidades y esperanzas. Es una visita que puede ayudarnos a ampliar nuestro horizonte, a veces tan pequeño y miope para ver nuestra vida y nuestro mundo. A veces nos quedamos atrapados en tantas pequeñeces, en discusiones absurdas que no conducen a nada y sólo nos llenan de desencanto y rabia; necesitamos levantar la mirada y ampliar nuestro horizonte, y en eso puede ayudarnos a todos la visita de Francisco, hermano y pastor.

Para mí, se trata de una visita que aguardo con esperanza. Es la visita de alguien que admiro por su testimonio de hombre creyente en el Señor Jesús y por su ministerio de anuncio del Evangelio. Desde que fue elegido como Obispo de Roma ha vivido este servicio con una fe audaz y confiada en la misión de renovar la vida de nuestra Iglesia, y hacerla como dijo -desde su elección- “una Iglesia pobre para los pobres”.

También admiro su sencillez y apertura, su capacidad de conectarse con la gente y con lo que viven, admiro su compasión por todos los dolores humanos y sus gestos y palabras que llevan consuelo y esperanza a todos los afligidos, discriminados y marginados por lo que él llama la inaceptable “cultura del descarte”. Por eso y mucho más es que aguardo su visita con esperanza.

Su presencia entre nosotros es una lección de humanidad; también lo es presencia de la humanidad frágil que se equivoca, como en el caso del nombramiento y mantención en su cargo del obispo Barros en Osorno y los otros obispos formados por Karadima, y en las injustas palabras con que Francisco se refirió a la comunidad osornina menoscabada anhelo de ser escuchada y que desea un pastor creíble y confiable.

Aguardar la visita de Francisco con esperanza no significa creer que él va a venir con palabras mágicas o a venir a solucionar los problemas, eso es algo que nos toca hacer a nosotros; pero sí espero que nos ayude a mirarnos a nosotros mismos con la luz de la fe y con una mirada humanizadora, que nos ayude a ponernos ante los desafíos que tenemos como Iglesia y como país, y que nos dé los impulsos para que los creyentes trabajemos en la renovación de la Iglesia, y que en Chile todos trabajemos con un espíritu renovado por una convivencia más humana para todos.

Es cierto que su visita es ocasión de controversias, a algunos no les gusta que venga y a otros les da lo mismo, y eso es parte de la sociedad pluralista en que todos tenemos que aprender a vivir con respeto y solidaridad. A mí tampoco me ha gustado el modo en que se ha preparado su visita, sin preguntarle a la gente ni abrir canales para que se expresen, con tanta insistencia en los gastos de la visita y en cosas irrelevantes (que los “papamóviles”, que la ropa que va a usar en las celebraciones religiosas, y otras cosas por el estilo), y mostrando muy poco al pastor que nos visita y lo que él hace y dice frente a todas esas situaciones. Pienso que le han hecho un flaco favor al Papa Francisco y su mensaje; pero, también eso es parte de los problemas que la Iglesia chilena -y especialmente los obispos que la dirigen- tiene que aprender a solucionar escuchando a la gente y situándose en el mundo y la cultura en que vivimos.

Más allá de estos problemas y situaciones, esperamos los gestos y las palabras sencillas, claras e iluminadoras de Francisco. ¡Bienvenido, Papa Francisco!