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Casanova

Por Jorge Abasolo lunes 12 de marzo del 2018

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El joven Giacomo Casanova pasó a la historia como uno de los personajes más ardientes que se haya conocido, superando a Nerón y Juana de Arco.

Mujer que agarraba, mujer que se “cepillaba”.

Tenía una nariz aguileña y tan prominente como su órgano favorito.

Siendo adolescente se presentó a un concurso en torno a quién tenía el apéndice sexual más largo. Su amigo Ricardo Faloppio lo acompañó y le dijo antes de subir al escenario:

-“Saca lo suficiente como para ganar el concurso. Ni un milímetro más”.

Casanova ganó por amplio margen, mejor dicho, por amplios centímetros y su fama se acrecentó por la ciudad, ante la poco disimulada envidia de los maridos de las mujeres hermosas.

Casanova comenzó su turbulenta existencia como aspirante a la carrera sacerdotal y la terminó como bibliotecario.

¿Se imaginan a Casanova de sacerdote?

Karadima habría pasado como niño de pecho a su lado, pues se sabe que el joven era más caliente que aceite de churro.

Nació en Venecia hacia el año 1725 y se dice que su primer amor habría sido la enfermera que lo trajo al mundo, aunque esto no deja de ser cotilleo de mentes afiebradas. Lamentablemente, a Casanova le faltó hogar…aunque nunca una cama para cometer sus trapacerías, en su mayoría…en posición horizontal.

Sus padres lo dejaron a cargo de la abuela materna, a quien intentó “chiflarse” en más de una ocasión. Cansada de tanto acoso sexual, la abuela lo mandó a una escuela, muy cerca de la ciudad de Padua, donde lo alojó en una casa de huéspedes que hervía de chinches. A su vez, Casanova hervía de ganas de meterse a la cama, aunque acompañado.

Como estaba joven, resolvió masturbarse cinco veces al día.

Cuando su abuela se enteró de esto, le mandó a cortar las manos, cosa que no logró concretarse, pues de lo contrario, el joven Casanova habría quedado viudo.

De joven destacó en sus estudios y a los 17 años obtuvo el doctorado en derecho civil y canónico.

A su llegada a Roma, Casanova obtuvo el puesto de secretario del influyente cardenal Aquaviva. Tal vez hubiera hecho carrera en la Santa Sede, pero se vio complicado en un escándalo. Todo indica que Giacomo había seducido a la novia de un sobrino del Papa y, a consecuencia de ello, tuvo que salir arrancando semi pilucho de Roma.

El Papa reaccionó indignado:

-“Hay que echar a este hombre de la iglesia. ¡Si hizo esto con mi sobrina, imagínense lo que le puede pasar a la Virgen María!”

Y tuvo aventuras con mujeres de todo tipo: altas, bajas, rubias, morenas, pelirrojas, ricas y pobres.  El no se fijaba en qué tipo de pelo tenían las féminas ni la condición social a que pertenecían.

Le bastaba que lubricaran. .. para arder como el Dios Vulcano.

Entró una noche a casa de la Princesa Hamilton, que tenía una perrita llamada “Cherry”.

Al día siguiente saltó de la cama y se perdió por los cerros.

La princesa quedó feliz…y la perrita embarazada.

No había caso con este hombre de carácter levantisco y libido más alta que su temperatura,

Era refinado y de gustos exquisitos. Su lema por toda la vida fue:

– “Lo cortés no quita lo caliente”