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Challenger: a 30 años del trágico “pensamiento grupal”

Ayer se cumplieron 30 años de aquel fatídico 28 de enero de 1986, en que el transbordador espacial “Challeger” se desintegraba en el cielo tras 74 segundos de vuelo, formando una nube de vapor provocada por la explosión de los dos millones de litros de hidrógeno y oxígeno, a 15 kilómetros de altura. Esta nube se bifurcaba en dos direcciones, formando una “Y“ que se hizo conocida a nivel planetario gracias a la instantaneidad que entregaba la televisión.
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Por Eduardo Pino viernes 29 de enero del 2016

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Ayer se cumplieron 30 años de aquel fatídico 28 de enero de 1986, en que el transbordador espacial “Challeger” se desintegraba en el cielo tras 74 segundos de vuelo, formando una nube de vapor provocada por la explosión de los dos millones de litros de hidrógeno y oxígeno, a 15 kilómetros de altura. Esta nube se bifurcaba en dos direcciones, formando una “Y“ que se hizo conocida a nivel planetario gracias a la instantaneidad que entregaba la televisión.

Esa tragedia no sólo impactó a los testigos presenciales en Cabo Cañaveral, sino a toda una generación que se maravillaba con una carrera espacial que prometía descubrimientos insospechados. Eran tiempos en que los despegues de los transbordadores espaciales se seguían en directo por televisión, ya que se podía estar toda una mañana pendiente si se realizaba o por alguna razón se postergaba.

Como a muchos de mi generación, ese día me quedó grabado pues no había presenciado ninguna catástrofe espacial frente a una pantalla. Al igual que muchas personas, recuerdo exactamente el momento en que los canales repetían una y otra vez la explosión, pero además recuerdo la sorpresa, pesar e incredulidad de las personas al ver las imágenes.

Es que, al parecer, el creer que la conquista del espacio iba a resultar perfecta, sin errores ni sacrificios humanos no era sólo producto de mi pensamiento adolescente de ese entonces.  Ese viaje fue especialmente difundido los días anteriores por ser el primer vuelo espacial que llevaría a una profesora de primaria, a fin de fomentar el estudio de las ciencias en las escuelas norteamericanas.  Christa McAuliffe había declarado lo emocionada que se encontraba ante tal experiencia, la que transmitiría a sus alumnos a su regreso.

Pero más que ser “generales después de la batalla”, en marzo y junio de 1986, los informes establecían claramente las advertencias de los  ingenieros de “Morton Thiokol”,  empresa fabricante de los cohetes propulsores del transbordador, quienes recomendaron unánimemente que no se efectuara el vuelo. Estaban preocupados porque las temperaturas bajo cero reinantes esos días en Florida podían dañar los anillos de goma que cierran y sellan las junturas de los cohetes propulsores. Pero la dirección de Morton, presionada por la NASA,  dijo: “Dios mío, ¿qué quieren, que aplacemos el lanzamiento hasta abril?”, no haciendo caso a sus técnicos y aprobando el vuelo.

Es que incluso Stephen Robbins en su libro “Comportamiento Organizacional”, establece el caso del “Challenger” como un ya clásico ejemplo de “pensamiento grupal”, al analizar cómo los grupos funcionan para tomar decisiones.   En la mayoría de las  ocasiones, muchos integrantes  dejan la eficiencia mental para optar por una unanimidad  o consenso que permita seguir funcionando. Los sujetos disidentes en el planteamiento de los problemas prefieren quedarse callados, cambiar de opinión o simplemente son “absorbidos” por el grupo. La Nasa pecó de soberbia, de querer seguir proyectando una imagen de perfección, de cumplir plazos más que abordar de manera seria un defecto de diseño que se conocía hace 10 años. Como expresa el informe de investigación definitivo, la NASA prácticamente jugó a la “ruleta rusa”. 

Por doce años estuvieron suspendidos los lanzamientos de transbordadores, reanudándose en 1998. Pero en el 2003, es ahora el “Columbia” que se desintegra junto a toda su tripulación al volver a la tierra. En el 2011 se suspenden de manera definitiva los viajes en transbordadores, quedando los modelos “Discovery”, “Endeavour” y “Atlantis” como piezas de museo. Tras 133 misiones exitosas y dos tragedias que dejaron una profunda huella, esta parte de la historia nos vuelve a advertir que más allá de la tecnología y la ciencia, el funcionamiento dinámico de las decisiones, tanto grupales como individuales, seguirá condicionando el avance de nuestra humanidad.