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Chile, una historia casi secreta

Por Jorge Abasolo lunes 14 de mayo del 2018
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Es muy cierto. Sea por inercia, investigaciones caprichosos o catadores del accionar del ser humano, la historia se mueve entre mitos o verdades a medias…además de relegar al olvido a seres humanos que al menos merecerían el nombre de una calle, cuando no, un sencillo busto.

¿Quién habla hoy de Routier Parra, el ordenanza González o Raúl Sáez?

Algunos creerán que se trata de un ciclista español, el puntero izquierdo de la Unión Española o de un frentista fugado y refugado de alguna cárcel sudamericana.

Pero no. Routier Parra fue el primer chileno que disputó un título mundial de boxeo (¡proeza para la época!); sin el ordenanza González, Alberto Larraguibel jamás habría batido el récord mundial de salto a caballo (2,47 metros) y de no ser por la perspicacia y talento de Raúl Sáez, el río Riñihue se hubiese desbordado, tras el terremoto de Valdivia del año 1960, tan intenso -según mi madre- que hasta las gallinas daban los huevos revueltos.

Antes de leer una historia, hay que averiguar la biografía del historiador,  me recomendaba un profesor que tuve en la secundaria.

De allí que me atreva a recomendar el reciente parto literario de Fernando Villegas, “Chile, una historia casi secreta” (Editorial Planeta, 237 páginas)

Es un libro dedicado a los que pudieron ser héroes, a quienes alcanzaron el bronce o la plata, más no el oro, a los olvidados injustamente porque la historia -siendo algo muy serio- a veces es escrita por “huachucheros” que se dejan llevar por la pasión, el sensacionalismo ilimitado…o por aquellos historietistas que confunden las ideas con las simples opiniones.

Desfilan en el libro de Villegas Marcó del Pont, Orozimbo Barbosa (cuya muerte habría pasmado al mismísimo Nerón); Justicia Espada (que demostró que la ingeniería no es sólo para machotes); Max Jara (el poeta de las cosas nimias); Teresa Wilms Montt (la primera sindicalista de Chile); y Arturo Salazar y Enrique Sazié, entre otros.

Y mete el dedo en la llaga, ausculta y desmitifica.

Marcó del Pont no fue el amariconado que se nos quiso hacer creer. En palabras de Ricardo Latcham fue el primero en traer un excusado de loza, desde España, y otros adminículos que permitían un aseo menos artesanal.

Era la época en que los españoles conquistadores, jamás se habían lavado siquiera la punta de la nariz. No olvidemos que en tiempos de la Colonia se pensaba que limpiarse el poto era perjudicial para la salud. (¡SIC!)

Fue muy curioso este encontronazo de culturas, porque la España católica y expansionista, que vino a fagocitarse este nuevo mundo, el buen soldado saludaba con la mano derecha y se limpiaba el culo con la mano izquierda.

En una atmósfera de este tipo, resulta natural tildar a Marcó del Pont de afeminado.

Hago un arito con Salazar y Enrique Sazié, los que permitieron que la Radio llegara a los hogares de Chile. A este último le conocí personalmente, pues era muy amigo de mi tío Ramón, pero no pude aquilatarle, pues era yo un mocoso al que había que ayudarlo a sonarse los mocos todavía.

Quería contarles una anécdota muy original y simpática del día de la primera transmisión radial en Chile (19 agosto de 1922), pero debo terminar mi columna. Quedará pendiente.

No lo olviden…a los amantes de la historia (me incluyo) “Chile, una historia casi secreta” es un libro que no se nos puede pasar de largo.

Gracias a Fernando por escribirlo, gracias a Editorial Planeta por publicarlo…y gracias a Karen Monsalve, por la gentileza de hacérmelo llegar.