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Congreso de la Ciencia

En el edificio del ex Congreso Nacional, se llevó a cabo la quinta versión del Congreso del Futuro, que albergó a científicos de primera categoría del planeta. En un país que destina más plata al fomento del deporte que al incentivo de la ciencia, este hito debe llevarnos a una seria reflexión, pues ya el primer mundo admite que la era del conocimiento ha comenzado.
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Por Jorge Abasolo lunes 1 de febrero del 2016

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En el edificio del ex Congreso Nacional, se llevó a cabo la quinta versión del Congreso del Futuro, que albergó a científicos de primera categoría del planeta. En un país que destina más plata al fomento del deporte que al incentivo de la ciencia, este hito debe llevarnos a una seria reflexión, pues ya el primer mundo admite que la era del conocimiento ha comenzado.

Y ahí se dieron cita personas de alto peso específico, como la bella Lisa Kaltenneger, astrónoma joven que nos demostró que la factibilidad de que exista vida en otros planetas es tan alta como la de encontrar un sucesor de Jorge Sampaoli en la selección nacional.

El chileno Mario Hamuy dejó en claro que los científicos chilenos, con menos respaldo que un sillín de piano, igual se las arreglan para estar a grandes alturas. Y nos demostró que necesitamos 40 mil años para llegar a la estrella más cercana en nuestra galaxia. 

Conversar con Michel Brunet fue una delicia. Este franchute tiene diplomas como para empapelar la muralla china, pues es doctor en paleontología y reconocido por el descubrimiento de Toumai (sahelanthropus tchadensis), un homínido de unos seis a siete millones de años de antigüedad que descubrió en Africa occidental, lo que generó una nueva visión sobre las primeras etapas de la especie humana.

Michel Brunet es gordo, con cara de radical en sus buenos tiempos y nos habló también hasta donde pueden llegar los robots con sus destrezas. Jamás podrá reemplazar al ser humano (por desgracia) pero sí pueden llegar a hacerse cargo de las labores domésticas. Eso sí, ello no es barato y aún sale más a cuenta contratar a una nana peruana.

Nos quedó claro que la ciencia chilena está en pañales, pero una vez más demostramos que “el ingenio chileno” o la “cultura del alambrito” no ha pasado de moda.

¿Por qué les cuento esto?

Porque el robot “Geminod”  fue la vedette en este Congreso. Creado por el profesor japonés Hiroshi Ishiguro, hasta les habló a los asistentes del Congreso del Futuro. Mientras Geminod hacía sus gracias y cautivaba al público asistente, una falla hizo que el humanoide dejara de trabajar. Y no es que haya sido día lunes, sino que un desperfecto en el circuito integrado impidió que el robot siguiera haciendo de las suyas. Entonces, afloró la inventiva chilena, esa que está a años luz de la ciencia europea o norteamericana, pero que igual sigue siendo útil.

Un movimiento brusco desconectó la pequeña fibra que hacía que Geminod pudiera desplazarse por el escenario y vació el dispositivo de agua que requiere para esos movimientos.

¿Cómo pudo el robot nipón seguir operando en medio de una turbamulta que lo aclamaba?

Un improvisado “maestro chasquilla” chileno sacó de una de las dependencias del Congreso una cinta de embalaje y con una botella vacía de agua mineral subsanó “la panne” que hizo taimarse al robot.

En otras palabras, la raquítica ciencia nacional dio una lección a quienes vinieron a hablarnos de los nuevos desafíos de la nanotecnología, de la inteligencia artificial como camino hacia una superinteligencia o del hidrógeno y el litio como energías renovables.

¡Qué gran futuro le espera a la ciencia chilena!