Necrológicas

Cuando dices ¡este país…!

Por Marcos Buvinic domingo 16 de septiembre del 2018

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Los avispados lectores habituales de estas columnas rápidamente se darán cuenta que ésta es la reiteración de una que publiqué hace dos años. Me disculparán, pero lo que sucede es que me duele, me sigue doliendo -especialmente en estos días de fiestas patrias- cuando hay personas que hablan de “este país”.

Los que así hablan de Chile a veces son febriles manifestantes de cualquier causa que reclaman contra “este país…”. Otros son sesudos analistas que en lenguaje difícil tratan de explicarnos lo que ocurre en “este país…”. Otros son personas que con aire de suficiencia muy viajada comparan los usos y costumbres de “este país…” con lo que han visto en otros lugares. Otras veces son autoridades y diversos actores políticos que intentan convencernos de lo bien o lo mal que estamos en “este país…”; y así, muchos hablan de “este país” como si perteneciesen a otro, como si fuesen turistas.

Puede parecer que -simplemente- se trata de un modo de hablar, pero todos sabemos que el lenguaje crea realidad. Es decir, no sólo expresa alguna realidad, sino que su reiteración establece una expresión como una realidad incontestable.

Entonces, en ese lenguaje propio de turistas, ya no se trata de “mi país” o “nuestro país”, ya no se trata de “mi pueblo”, sino de “este pueblo”.  ¿Cuál es la realidad que se va creando con ese lenguaje? Se crea la distancia propia del descompromiso y de ausencia de pertenencia, en la que nadie es responsable de lo que no le pertenece y de lo que no es parte. La pérdida del sentido de pertenencia nos sitúa desde fuera y desde allí se juzga todo sin ser responsable de nada.

Haga usted la prueba de repetir mentalmente “este país”, luego diga “mi país” o “nuestro país”, y preste atención a lo que pasa en su interior, a las sensaciones o emociones que se despiertan. Pruebe con otras expresiones, como “esta familia” o “mi familia”, “esta ciudad” o “mi ciudad”, etc. Como usted ya se dio cuenta, el problema no son las palabras, sino el sentido de pertenencia que comunican al ser parte involucrada, responsable y comprometida. Es la diferencia entre el lenguaje de los usuarios y el de los ciudadanos responsables.

Mala señal es la que da el lenguaje al indicar una distancia desinteresada que puede ir dejando abandonado a “este país” -que es “mi país” y “nuestro país”- al vaivén de los eventos, de los aprovechadores, de los corruptos, y… sin ciudadanos responsables de lo que sucede en nuestro país. Tampoco se trata de hacer un simple maquillaje lingüístico e imponerse el noble propósito de no hablar más de “este país”, sino que se trata de abrir la mente a un proceso de reflexión acerca de lo que nos está pasando, de lo que está ocurriendo al sentirnos o no parte responsable de la comunidad humana que es mi país, mi gente, mi pueblo…

En este contexto, hace bien recordar las palabras del gran patriota y maestro de la fe cristiana que fue el Cardenal Raúl Silva Henríquez, que en un párrafo de su testamento espiritual dice: “mi palabra es una palabra de amor a Chile. He amado intensamente a mi país. Es un país hermoso en su geografía y en su historia. Hermoso por sus montañas y sus mares, pero mucho más hermoso por su gente. El pueblo chileno es un pueblo muy noble, muy generoso y muy leal. Se merece lo mejor. A quienes tienen vocación o responsabilidad de servicio público les pido que sirvan a Chile en sus hombres y mujeres, con especial dedicación. Cada ciudadano debe dar lo mejor de sí para que Chile no pierda nunca su vocación de justicia y libertad”.

Les deseo que puedan celebrar una hermosa fiesta patria de nuestro país.