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Curiosidades de la Historia

Por Jorge Abasolo lunes 10 de septiembre del 2018

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No es fácil urdir un libro de Historia de esos llamados entretenidos. Generalmente nuestros textos están cuajados de fechas, colmados de héroes y bandidos, y donde se omiten esos detalles tan inherentes a cualquier acto que tenga como protagonista al ser humano.

Por eso dedico esta columna al libro “Crónicas de Chile y el Mundo. Curiosidades de la Historia”, de Germán Bravo Valdivieso (Ediciones Altazor). ¡Es un libro imperdible! Son 400 páginas que no dan respiro, pues Bravo Valdivieso fisgonea en hechos curiosos y desconocidos para muchos, los escruta con rigor de cirujano y nos entretiene de punta a cabo. Por ejemplo, ¿sabía usted que el teniente Serrano saltó al abordaje del Huáscar con la espada del guardiamarina Riquelme? ¿Quién pensaría que el príncipe de Gales y futuro rey Eduardo VIII fue atendido como indigente en el Hospital de Puerto Octay?  Bueno, el Plan Auge no existía…y Fonasa tampoco.

¿Qué razones tuvo el gobierno de Chile para declararse neutral durante la Segunda Guerra Mundial? En la lista de héroes anónimos que han pasado por nuestro país, ¿quién recuerda a Gunther Pluschow, un alemán que recaló en Chile y se convirtió en el pionero del Correo Aéreo de la Patagonia? En el libro también asoma La Quintrala, esa mujer hija de la maldad y apadrinada por el mismísimo Diablo. Cuentan que ya a los cinco años le cortó la cola a un perro a la altura de la cabeza. ¡Mala, mala, mala…!

¿Me creería usted, amigo lector, si le digo que luego de la Batalla de Chacabuco, en una actitud que nadie entiende, el general San Martín se refugió en Santiago y le pasó solamente cien soldados a Ramón Freire para neutralizar a los 900 soldados que el general realista Maroto había dejado en Valparaíso? La tarea era tan difícil como derribar un avión con un matamoscas, pero San Martín “se sacó los pillos”.

También el libro aborda el conflicto entre España y Perú, por deudas impagas, y donde Chile -poseído de un espíritu americanista sin sentido-, se entremezcló en la guerra para ayudar a nuestros vecinos “cholitos”.

¿Pensarían nuestros gobernantes que Perú algún día nos devolvería la mano?

Con suerte y a contrapelo, nos devolvió Arica…

El autor no es de los que ensalza hasta el paroxismo los episodios heroicos de nuestro país. Toda epopeya tiene de dulce y agraz; y Germán Bravo no titubea en repasarnos que el sacrificio del comandante Prat y sus compañeros en la vieja Esmeralda logró revertir la peligrosa situación a la que había sido conducido Chile por las tácticas erráticas del almirante William Rebolledo, tan pasadas de moda que ni el almirante Nelson hubiese puesto en práctica.

La gesta de la Esmeralda frente al Huáscar; más lo hecho por Condell y su raquítica “Covadonga” frente a la poderosa “Independencia”, en Punta Gruesa, hizo que Chile se apropiara del mar. De paso, alejó la posibilidad de que Argentina abandonara -al menos por un tiempo- sus ánimos de sumarse a la guerra, en aras de Perú y Bolivia.

Gracias a Ediciones Altazor, y a su gerente, Patricio González, por brindarnos un libro de esta categoría.