Necrológicas
  • Carmen Alvarez Alarcón
  • Valeria Aguilar Díaz

¿De dónde viene la violencia?

Por Juan Francisco Miranda jueves 13 de julio del 2017

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Consternación es lo que se siente cuan-
do se reciben noticias trágicas, dolorosas, y tristes. Es lo que probablemente muchos sentimos cuando empezamos a recibir las noticias de Puerto Natales en relación a las consecuencias de la golpiza que recibieron Gonzalo Muñoz, Sady Galindo y Víctor Hernández por un grupo de personas entre las que se encontraban dos carabineros (dados de baja por la institución). También consternación produjo ver cómo parte de una comunidad como la natalina, de gente honesta, querible, trabajadora, en un acto de rabia y frustración ante el hecho de violencia en contra de tres de sus hijos, protestó frente a la comisaría de Carabineros, primero pacíficamente y luego también con violencia.
La investigación de los hechos y la recuperación de los jóvenes brutalmente golpeados sigue en curso. Es necesario que la investigación se resuelva pronto, y que la salud de los afectados mejore. Pero el hecho necesariamente debe motivar a sacar algunas reflexiones y conclusiones. Nada justifica la violencia, y menos la desigual contienda, pues cobarde es el que se esconde entre muchos y no puede enfrentarse por sí solo en contra de quien tiene un problema. Cobarde es aquel que no puede enfrentar los problemas en forma pacífica, y cuando no tiene la razón de sus argumentos actúa con el poder de la fuerza. Lejano está el tiempo en que los caballeros actuaban o peleaban con honor. Es condenable el actuar de los sujetos que golpearon a los tres jóvenes, y aunque la investigación siga en curso, es evidente que en la riña la contienda fue desigual, pues sólo hay malheridos de un solo lado. Pero también es condenable el ataque al cuartel, pues ¿qué culpa tienen o tenían los carabineros que no estuvieron en los hechos? Si en lugar de los dos ex carabineros hubiesen sido dos trabajadores de un hotel, o dos enfermeros, o dos bomberos, parece razonable haber ido a atacar el hotel, el hospital o el cuartel de bomberos, y colocar en riesgo a quienes trabajan en esos recintos.
La pregunta de fondo es ¿de dónde proviene la violencia? ¿Qué motiva a un grupo de personas a golpear a otros en franca minoría? ¿La indignación ante la injusticia y el abuso es suficiente fuerza para actuar también con violencia? La respuesta es compleja, porque vivimos en una cultura y sociedad violenta, y todos aunque no queramos hemos sido violentos de algún modo (la violencia no sólo es sinónimo del empleo de la fuerza). Una sociedad donde se promueve la competencia, el exitismo, no trabaja ni conduce la frustración, la silencia, la oculta. Del mismo modo, se oculta el fracaso, y se valora más el resultado que el esfuerzo. No hemos valorado la diferencia y no se le ha dado importancia a todos los talentos, pues en general el sistema busca amoldar a la persona al talento que el sistema necesita. Se valora más que responda alternativas en lugar de desarrollar una respuesta, se valora más que se sepan las operaciones básicas matemáticas que encontrar la matemática en la naturaleza.
Nuestra sociedad busca encasillarnos en los moldes que son funcionales al sistema, por ello quien es diferente al promedio se aísla, se aleja, y en muchos casos se olvida. Esto es lo que ocurre hoy con el Sename, donde los medios de comunicación se acordaron de que había niños vulnerables, y hoy es urgencia lo que durante muchos años nadie o pocos se cuestionaron. Nos duele, nos indignamos, pero también pronto nos olvidaremos si no somos capaces de tener el sentido de urgencia enfrentar de una buena vez el problema de fondo.
En lo de Puerto Natales hubo violencia injustificada, y en lo del Sename la violencia es de una sociedad que entre todos construimos a diario. En estos tiempos el acto máximo de rebelión es no ser violento.