Necrológicas
  • Julio Sebastián Calderón Maclean

De los derechos y obligaciones entre los padres y los hijos (II Parte)

Continuando con la normativa pertinente, cabe señalar que el padre o madre que no tenga el cuidado personal del hijo tendrá el derecho y  deber de mantener con él una relación directa y regular, con la frecuencia y libertad acordada con quien lo tiene a su cuidado, o, en defecto, con las que el tribunal estimare conveniente para el hijo. Entiéndase por relación directa y regular aquella que propende a que el vínculo familiar entre el padre o madre que no ejerce el cuidado personal de su hijo se mantenga a través de un contacto periódico y estable. Para ello, fomentarán una relación sana y cercana entre el padre o madre que no ejerce su cuidado personal, velando por el interés superior del hijo, su derecho a ser oído, la evolución de sus facultades, y considerando especialmente: a) La edad del hijo. b) La vinculación afectiva entre el hijo y su padre o madre, y la relación con sus parientes cercanos. c) El régimen de cuidado personal del hijo que se haya determinado. d) Cualquier otro elemento relevante considerando el interés superior del hijo.
[…]

Por Palmira Muñoz miércoles 9 de septiembre del 2015

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Continuando con la normativa pertinente, cabe señalar que el padre o madre que no tenga el cuidado personal del hijo tendrá el derecho y  deber de mantener con él una relación directa y regular, con la frecuencia y libertad acordada con quien lo tiene a su cuidado, o, en defecto, con las que el tribunal estimare conveniente para el hijo. Entiéndase por relación directa y regular aquella que propende a que el vínculo familiar entre el padre o madre que no ejerce el cuidado personal de su hijo se mantenga a través de un contacto periódico y estable. Para ello, fomentarán una relación sana y cercana entre el padre o madre que no ejerce su cuidado personal, velando por el interés superior del hijo, su derecho a ser oído, la evolución de sus facultades, y considerando especialmente: a) La edad del hijo. b) La vinculación afectiva entre el hijo y su padre o madre, y la relación con sus parientes cercanos. c) El régimen de cuidado personal del hijo que se haya determinado. d) Cualquier otro elemento relevante considerando el interés superior del hijo.
Sea que se decrete judicialmente el régimen de relación directa y regular o en aprobación de acuerdos de los padres, el juez deberá asegurar la mayor participación y corresponsabilidad de éstos en la vida del hijo, estableciendo condiciones que fomenten una relación sana y cercana. El padre o madre que ejerza el cuidado personal del hijo no obstaculizará el régimen establecido a favor del otro padre. Se suspenderá o restringirá este derecho cuando perjudique el bienestar del hijo, declarándolo el tribunal. Por otra parte, el hijo también tiene derecho a mantener una relación directa y regular con sus abuelos. A falta de acuerdo, el juez fijará la modalidad de esta relación atendido el interés del hijo.
Los gastos de educación, crianza y establecimiento de los hijos son cargo de la sociedad conyugal, según las reglas que rigen la misma. Si no la hubiere, los padres contribuirán en proporción a sus respectivas facultades económicas. En caso de fallecimiento del padre o madre, dichos gastos corresponden al sobreviviente. Ahora, si el hijo tuviere bienes propios, los gastos de su establecimiento y los de su crianza y educación, podrán sacarse de ellos, conservándose los capitales en cuanto sea posible.
La obligación de alimentar al hijo que carece de bienes pasa, por la falta o insuficiencia de ambos padres, a sus abuelos, por una y otra línea conjuntamente. En caso de insuficiencia de uno de los padres, la obligación pasará en primer lugar a los abuelos de la línea del padre o madre que no provee; y en subsidio de éstos a los abuelos de la otra línea. En desacuerdo entre los obligados a la contribución de los gastos de crianza, educación y establecimiento del hijo, será determinado por el tribunal, según facultades económicas.
Los padres tendrán la facultad de corregir a los hijos, cuidando no menoscabar su salud ni desarrollo personal. Excluyendo toda forma de maltrato físico y sicológico y deberá, ejercerse en conformidad a la ley y a la Convención sobre los Derechos del Niño. Si se produjese tal menoscabo o se temiese fundadamente que ocurra, el juez, a petición de cualquiera persona o de oficio, podrá decretar las medidas cautelares especiales señaladas en la ley, sin perjuicio de las sanciones que correspondiere aplicar por la infracción.
Los padres tendrán el derecho y el deber de educar a sus hijos, orientándolos hacia su pleno desarrollo en las distintas etapas de su vida. Este derecho cesará respecto de los hijos cuyo cuidado haya sido confiado a otra persona, la cual lo ejercerá con anuencia del tutor o curador, si ella misma no lo fuere. Estos derechos no podrán reclamarse sobre el hijo que hayan abandonado. En esta misma privación incurrirán los padres que por su inhabilidad moral hayan sido separados de sus hijos; a menos que haya sido después revocada. Si el hijo abandonado hubiere sido alimentado y criado por otra persona, y quisieren sus padres sacarle del poder de ella, deberán ser autorizados por el tribunal, y previamente deberán pagarle los costos de crianza y educación, tasados por el juez. Y sólo se concederá la autorización si es de conveniencia para el hijo.
Si el hijo de menor edad ausente de su casa se halla en urgente necesidad, no pudiendo ser asistido por el padre o madre que tiene su cuidado personal, se presumirá la autorización de éstos para las suministraciones de alimentos, hechas por cualquier persona, habida consideración de su posición social. Quien haga las suministraciones deberá dar noticia de ellas al padre o madre lo más pronto que fuere posible. Toda omisión voluntaria en este punto hará cesar la responsabilidad.