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De un cuantuay

Los tiempos de cambio y revoltura en la política nacional hacen que la gente añore la irrupción de líderes de verdad, de esos que se atreven a tomar decisiones, no los de la cortada y tampoco los que simpatizan a la primera con los revoltosos o les hacen guiños para conquistarlos. Basta de barricadas, destrozos, paros indefinidos y delincuencia, en estos tiempos se requieren líderes que sean capaces de enfrentar con valentía los conflictos y si hay que poner las peras a 4, que puedan hacerlo con el tino necesario pero con firmeza.
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Por Diego Benavente viernes 24 de julio del 2015

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Los tiempos de cambio y revoltura en la política nacional hacen que la gente añore la irrupción de líderes de verdad, de esos que se atreven a tomar decisiones, no los de la cortada y tampoco los que simpatizan a la primera con los revoltosos o les hacen guiños para conquistarlos. Basta de barricadas, destrozos, paros indefinidos y delincuencia, en estos tiempos se requieren líderes que sean capaces de enfrentar con valentía los conflictos y si hay que poner las peras a 4, que puedan hacerlo con el tino necesario pero con firmeza.

Basta de puerta giratoria y condenas de terciopelo, que lo único que consiguen es que los delincuentes abusen de lo garantista del sistema y más encima, se escapan como Pedro por su casa. Ni las comunicaciones pueden salvar los errores políticos ni las indefiniciones sirven para gobernar por ningún espacio de tiempo.

En el gobierno, al parecer sacaron la voz los “conservadores” o concertacionistas retro de la Nueva Mayoría, quienes hasta hace muy poco, eran vilipendiados y mirados a huevo o arrollados por la retroexcavadora, por parte de sus compañeros de ruta. Hoy van al alza y aumentan su peso y llegada, solo falta el desenlace o recuento después de la batalla final. Ahí se definirá, quien tendrá la cercanía y la confianza con la patrona, para de ahí en adelante llevar la batuta, poder encabezar en forma el equipo y de una vez por todas, se pueda contar una conducción nítida y sostenida del proceso.

Los desafectados quedarán a la vera del camino o deberán sumarse a regañadientes como actores de carácter secundario. Sin duda, en materia de procesos y reformas políticas, no todo se puede hacer de una, por muchas ganas que se tenga de hacerlo todo y ya.

Llevar a cabo reformas profundas y de gran impacto y relevancia para el país, no se puede hacer obviando la institucionalidad política, ni menos diseñarlas vía compartimentos estancos, con técnicos o políticos de escasa experiencia y redes. Lo cual, es esencial para darles la legitimidad y el compromiso que permita una adecuada implementación, dada su complejidad por la magnitud que aquello implica.

La ex ministra Mariana Aylwin en un vespertino capitalino, afirma que la Presidenta Bachelet “se subió al carro de los movimientos sociales porque parecía ganador” y también declara descarnadamente “la verdad es que el programa era inviable aún sin la crisis económica y política”. La lección que se debe sacar de esta chaplinesca incursión política con precampaña presidencial y todo lo que se ha venido experimentando, es que se hace necesario instaurar una nueva forma de “hacer bien las cosas a la chilena”. Esto es, proyectando, destacando y reforzando el estilo y exigencia de trabajar bien y de una vez por todas, creerse el cuento de que siempre es mejor hacerlo juntos y por el bien del país, en lugar de perseguir principalmente beneficios electorales de corto plazo.

Por otro lado, la carrera presidencial ya se lanzó, los pingos comienzan a marcar puntos en pos de ganar territorio, sobre todo al centro como a la derecha, esto ante la vista y presencia de los ausentes liderazgos y viudos de la alianza, que en estos días han iniciado un nuevo pololeo en pos de una convivencia que siempre ha sido dificultosa. Sin duda, en todo el espectro se viene entretenida y movida la cosa.