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Delincuencia, educación y familias ausentes

Parece que el problema de la delincuencia está superando la posibilidad de un manejo que restituya la paz social y el creciente gasto en seguridad no ha tenido un impacto significativo en disminuir la delincuencia. La percepción de que el problema está fuera de control atraviesa todos los sectores de la sociedad; así se desprende de una reciente encuesta nacional que evalúa la gestión del gobierno, donde el 93% desaprueba la forma en que se está manejando la delincuencia.
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Por Marcos Buvinic domingo 17 de enero del 2016

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Parece que el problema de la delincuencia está superando la posibilidad de un manejo que restituya la paz social y el creciente gasto en seguridad no ha tenido un impacto significativo en disminuir la delincuencia. La percepción de que el problema está fuera de control atraviesa todos los sectores de la sociedad; así se desprende de una reciente encuesta nacional que evalúa la gestión del gobierno, donde el 93% desaprueba la forma en que se está manejando la delincuencia.
La delincuencia no son sólo bandas de asaltantes o rateros de supermercados, sino también está la delincuencia “de cuello y corbata”, presente en ambientes políticos, empresariales o de dirigentes deportivos. En esta galaxia delincuencial, merece especial atención la delincuencia juvenil caracterizada por su violencia y altos índices de reincidencia. ¿Qué hacer para enfrentar el problema?
La respuesta que suele escucharse es endurecer las sanciones, castigar con más severidad y… seguir llenando las cárceles. La pena de cárcel puede ser conveniente en delincuentes de alto riesgo, pero es dañina para quienes en la cárcel, tienen su escuela del delito. Ante la magnitud del problema es pertinente preguntarse por el mejor modo de enfrentarlo y fortalecer la paz social, ¿no será que se aplican medidas ineficaces por un diagnóstico equivocado?
Hace unas semanas en una entrevista a Andrés Mahnke, el Defensor Nacional, que es la principal autoridad de la Defensoría Penal Pública, éste afirmaba: “el 85% de los jóvenes que atendemos y que están en el sistema de justicia penal, están fuera del sistema educacional, tienen consumo problemático de alcohol o drogas, y casi la totalidad está en abandono familiar”.
Se trata de un problema multidimensional, en el cual tienen un rol central estos tres factores: deserción escolar, situación de abandono familiar y consumo problemático de alcohol y drogas. Esos factores son el caldo de cultivo de la delincuencia juvenil y es allí donde se debe actuar con recursos eficaces.
Siendo así, las pistas a trabajar son: mejorar la calidad del sistema escolar y medidas que disminuyan la deserción escolar, la prevención del consumo de alcohol y drogas (según estudios de organismos del gobierno, el 41 % de los delincuentes jóvenes reincidentes consumen marihuana), y el fortalecimiento de la institución familiar.
El Defensor Nacional, Andrés Mahnke, señala: “Ponerles un poco más de castigo no va a solucionar el problema. El camino es otro, más largo y costoso, pero es más barato que la prisión, tener a un joven o un adulto privado de libertad supera los $ 500.000 mensuales”.
Ante el alto costo que significa tener a un joven delincuente en un centro de detención, resulta irrisorio lo que gasta el Estado en programas de reinserción social de quienes han delinquido -cerca de $70.000 mensuales por beneficiario-, o la cantidad que el Estado gasta en educación de un escolar de básica o media, la cual bordea los $ 100.000 al mes. Y… mejor ni preguntar: ¿qué pasa con el fortalecimiento de la familia?