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Démis Roussos en el Liceo de Hombres (dedicado a la profesora Sra. Rita Drpić Mladinic)

Por Marino Muñoz Aguero sábado 5 de octubre del 2019

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Démis Roussos (1946-2015) fue un cantante griego nacido en Egipto. En 1971 inicia su carrera combinando pop y rock con elementos de la música de su país. Triunfó a nivel mundial grabando en inglés, y a fines de 1974 lanzó “You are my only fascination” (“Tu eres mi única fascinación”). Esta canción nos retrotrae a nuestra enseñanza media en el Liceo de Hombres de Punta Arenas (actual Liceo Luis Alberto Barrera).

Recuerdo entonces el Segundo “A” de 1975 y el ambiente de la sala esperando a los profesores (as): jugando a la pelota, peleando, haciendo guerras de papeles. Cómo olvidar “la zona de fumadores” habilitada en la última fila y las colectas para arrancarse a comprar pan con ají al negocio de la esquina donde ahora funciona el “Café del Inmigrante”. Nuestra sala estaba en el segundo piso, la habían armado con un tabique en un pasillo que da a Avenida Colón.

Los profesores (as) al llegar reaccionaban de distintas maneras: con indiferencia, con gritos o trayendo al inspector general. Pero con nuestra querida Profesora de inglés, la Señora Rita Drpić, todo era distinto. Ella nunca levantó la voz, ni descalificó, amenazó, acusó o maltrató a nadie; definitivamente no estaba para esas cosas. Su sola presencia bastaba para poner la nota de cordura en medio del desbande. Si parece que la estoy viendo: fina, distinguida y elegante con su impecable delantal rosado y el pelo liso hasta los hombros, abriéndose paso silenciosamente entre la manada (o sea, nosotros) portando el libro de clases y su fiel grabadora de cassette.

“A ver, niños (¿niños?)” -exclamaba con esa dicción perfecta que le es tan propia- “les traje una canción para que veamos cuánto han aprendido”. A continuación, pulsaba “play” y la música parecía atenuar -en parte- el sopor ambiental, logrando lo que el inspector general no conseguía a punta de amenazas, anotaciones en el libro y llamadas a los apoderados. Ella y la música transformaban la barbarie en esperanza.

De la grabadora salía la voz de Démis Roussos: “You’re my only fascination, my sweet inspiration/ Everything i hoped could be/ You’re the dawn that rises for me/ My summer breeze from the sea…” y ahí, el coro de baguales con aliento apocalíptico de tanto pan con ají, exhalaba: “Llur mai onli facineichon mai suit inpireichon…” Entonces, la Señora Rita se dirigía al tropel con suma dulzura: “Niños, escuchen bien la pronunciación y repitan conmigo: …you are…” y así, hasta que algo lograba pulirnos, y a los tropezones -como que no quería la cosa- una que otra frase nos quedaba en la mollera. Seguidamente venía la traducción: “Tu eres mi única fascinación, mi dulce inspiración/ Todo lo que esperaba podría ser/ Eres el amanecer que despunta para mi/ Mi brisa de verano que viene del mar”.

Y si había una “brisa de verano que venía del mar” en medio de la barbarie reinante era precisamente ella, nuestra Profesora. Contratada para que aprendamos inglés, efectivamente nos enseñó a apreciar el idioma de Shakespeare, también el de Cervantes y nos ayudó a encontrar la poesía en la música. Pero más allá de eso, con ella supimos del amor al oficio y aprendimos que cuando las cosas se hacen con cariño se obtienen resultados, sin importar carencias ni adversidades. Además, nos transmitió ese “Don de gente” tan necesario para convivir con nuestro entorno.

Desde que egresé del Liceo en 1977 no volví a verla, hasta que hace aproximadamente dos años nos encontramos en la esquina de la Catedral. Ella iba acompañada de una amiga, a quien le dijo orgullosa: “el es Mi Alumno”. Conversamos e hicimos recuerdos, fue un grato momento con “Mi Profesora”, la misma de siempre, como antes: fina, distinguida y elegante; sin duda sigue siendo “la brisa de verano que viene del mar”.