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Despertar ético y responsabilidad personal

Nunca se ha hablado ni se ha escrito tanto de ética, en nuestro país, como en los últimos meses. Estos discursos éticos son -por un lado- el reclamo ciudadano por probidad y transparencia ante las situaciones de corrupción que han afectado a diversas instituciones y ámbitos de la vida nacional. Hasta ahora, casi ninguna institución ha quedado fuera: el parlamento, los partidos políticos, importantes empresas y sus controladores, las iglesias, las fuerzas armadas, la vida deportiva.
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Por Marcos Buvinic domingo 7 de febrero del 2016
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Nunca se ha hablado ni se ha escrito tanto de ética, en nuestro país, como en los últimos meses. Estos discursos éticos son -por un lado- el reclamo ciudadano por probidad y transparencia ante las situaciones de corrupción que han afectado a diversas instituciones y ámbitos de la vida nacional. Hasta ahora, casi ninguna institución ha quedado fuera: el parlamento, los partidos políticos, importantes empresas y sus controladores, las iglesias, las fuerzas armadas, la vida deportiva.

Por otro lado, esta profusión de discursos y artículos sobre temas éticos es la manifestación de un histórico déficit de reflexión en nuestra sociedad sobre la ética; déficit reflexivo que es fruto -en buena parte- de la cultura dominante, individualista y  autocomplaciente, economicista y pragmática, así como de la poca importancia dada al cultivo de las humanidades en la vida académica.

En medio de los casos de corrupción y la crisis de confianza que generan, pienso que hemos dado un paso adelante cuando mantenemos viva nuestra capacidad de escandalizarnos ante lo que sucede y cuando se comienza a reflexionar acerca de la importancia fundamental de la ética privada y pública en la convivencia social, así como cuando se comienzan a generar leyes y mecanismos de control para evitar que proliferen los abusos, las pillerías y los arreglines. Parece que estamos despertando a una conciencia ética que estaba adormecida. 

Hace unos días tuve una ocasión de leer con gusto  una entrevista a Humberto Maturana, un científico que prestigia a nuestro país con sus aportes al conocimiento y con sus reflexiones sobre la vida humana.  Maturana, como muchos otros, se muestra preocupado por la debilidad del sentido ético en nuestra sociedad chilena y hace afirmaciones para remecer al más indiferente y despistado de los que viven anestesiados en la autocomplacencia de la mediocridad hecha virtud y en la codiciosa búsqueda de beneficios personales.

Frente a la acostumbrada tendencia a evadir responsabilidades personales en estos asuntos y echarle la culpa al “sistema”, Maturana señala que “la corrupción no es responsabilidad de ningún modelo o teoría económica. Es siempre de las personas. Echarle la culpa a algún modelo económico es no asumir responsabilidad y revela ceguera social. La corrupción no surge de un modelo político o económico sino de la ambición, avaricia y el afán de poder, emociones todas que llevan a la deshonestidad”.

En esto no se puede vivir pensando como el cojo que echa la culpa de su cojera al empedrado, sino que es necesario asumir que la honestidad y probidad son asuntos de responsabilidad personal y que brotan de las convicciones que van dando forma a la vida personal.

Apelando a la responsabilidad personal, Maturana parafraseaba -quizás sin saberlo- unas antiguas y siempre nuevas palabras del Señor Jesús: “es de dentro, del corazón humano, que salen las intenciones malas: robos, asesinatos, adulterios, codicias, fraude, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas esas perversiones salen de dentro y hacen impuro al hombre” (Mc 7, 21 – 23).