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Don Lucho y ese 21 de mayo

Por Jorge Abasolo lunes 23 de mayo del 2016

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Un 21 de mayo de 1879 varios chilenos se elevaron sin quererlo -como suele suceder con los actos de arrojo- a la categoría de héroes, lo que en otras palabras significa quedar incrustado en la historia para siempre. Envidiable, ¿no?

Ahí se inmortalizó un pariente mío, Juan de Dios Aldea, un sargento tan porfiado como vasco amurrado, y al que le faltó poco para incendiar el Huáscar. Otro día les hablaré de esa “gracia” y de las andanzas de este dicharachero y audaz sargento, bisabuelo de mi padre.

No faltan las mentes suspicaces que por estos días reclaman por el clima imperante previo al 21 de mayo: “otra vez los mismos desfiles”, “otra vez las mismos discursos” y “una vez más los mismos recuerdos”

Cabría responderles: “Otra vez estos mismos imbéciles repitiendo las mismas bravatas de todos los años”.

¿Qué podría decir yo de Arturo Prat Chacón que ya no se sepa?

Tal vez contarles una simple anécdota. Simple pero decidora. Hace unos años un pariente mío -gustador de la historia- llegó de Japón y me contó lo que había visto en el Museo Naval de Tokio. A la entrada de éste hay tres bustos bañados en oro, que inmortalizan a tres gigantes héroes de la marina mundial. Uno corresponde al almirante Tojo, héroe de la marina japonesa, ejecutado en plena segunda guerra mundial. El otro recuerda al almirante Nelson, mentor y guía de la flota británica en tiempos imperiales. El tercero está erigido a la memoria de Arturo Prat Chacón. Un testimonio más de la grandeza de este mártir, recordado, admirado e inmortalizado hasta en tan lejanas tierras.

En medio del fragor de ese combate tan asimétrico, Miguel Grau miraba desde su habitáculo de comandante las alternativas de la refriega. Mientras los balazos iban y venían, la tensión llegaba a su más alto grado de expresión y los machetazos silbaban por los aires, el cholito Grau no dejaba de exclamar:

-“¡Dios mío…cómo combaten estos chilenos!

Lo narrado no es falacia pues el peruano que acompañaba a Grau en aquella ocasión, quedó con vida, fue hecho prisionero y se quedó más tarde a vivir en Chile.

Don Arturo tuvo tres hijos: Carmela, Estela y Arturo Héctor. El hijo varón del héroe fue hombre dedicado a la economía y hasta participó activamente en política. De rostro atrabiliario y tan serio como inauguración de morgue, parecía aplastado por ser “hijo de”. Y no es para menos. El hecho es que Prat Carvajal se hizo muy amigo de Luis Izquierdo Fredes, un diputado liberal, chancero y con un proverbial  sentido del humor. Don Lucho Izquierdo se hizo muy amigo de Prat Carvajal, el hijo de nuestro mártir y héroe. Tal vez la amena conversación de don Lucho sacaba de la tristeza de tango que muchas veces exhibía Prat Carvajal.

Buen amigo de sus amigos, un buen día don Lucho invitó a almorzar a don Arturo Prat Carvajal. Don Arturo se excusó diciéndole que ese día, 21 de mayo, era el aniversario de la muerte de su padre y que por tal razón su familia acostumbraba a reunirse en casa. Don Lucho aceptó las excusas, pero, de pasadita, optó por preguntarle:

– Sácame de una duda Arturo, ya que estoy tan desmemoriado…¿de qué murió tu papá?