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Dos logros internacionales

Ya sabemos que en política nadie puede cantar victoria hasta que no se cuente el último voto. Esta prudente norma es asimilable al juicio de la historia: no se puede hacer el balance de un  gobierno antes que termine su período.
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Por Abraham Santibáñez sábado 18 de julio del 2015

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Ya sabemos que en política nadie puede cantar victoria hasta que no se cuente el último voto. Esta prudente norma es asimilable al juicio de la historia: no se puede hacer el balance de un  gobierno antes que termine su período.

En 2013, al terminar el primer período de Barack Obama en la Casa Blanca, Egidio Damas, comentarista venezolano, no tuvo contemplaciones: “Al hacer un balance de la gestión de Obama, quien esto escribe, se atreve a afirmar que es demasiado difícil encontrar diferencias entre lo actuado por Obama y su antecesor George Bush”.

La lapidaria sentencia ponía el énfasis en el incumplimiento de algunas promesas fundamentales del primer afro-americano que llega al poder en Estados Unidos. Todavía falta para el cierre del período, pero, pese a los muchos altibajos que ha sufrido durante su gestión, hay claras señales que, al final, el juicio de la historia puede ser positivo. En materia internacional, en el último tiempo Obama ha tenido dos logros históricos.

El primero es la regularización de las relaciones diplomáticas con Cuba.

Por décadas, pareció imposible cualquier avance. Ni siquiera el final de la guerra Fría permitió avizorar una mejoría. Y, sin embargo, ya se está logrando lo que parecía imposible. El 1 de julio representantes de ambos gobiernos intercambiaron cartas de sus presidentes en las que afirman que han decidido restablecer relaciones diplomáticas y abrir embajadas en los respectivos países a partir de este lunes 20. Ambos jefes de Estado expresaron su apego a los principios y propósitos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional.

Más de medio siglo de tensiones, incluyendo un momento en 1962 en que los cohetes soviéticos instalados en Cuba pudieron ser la chispa para un conflicto planetario, están quedando atrás.

Y entonces se produjo el acuerdo con Irán.

En Viena, la semana que recién termina, se registró otro triunfo para la política exterior norteamericana: con el respaldo de otras cinco potencias, el gobierno de Washington cerró  lo que consideraba una peligrosa amenaza nuclear.

El acuerdo restringe la  eventual capacidad iraní de fabricar bombas nucleares a cambio del levantamiento de una serie de sanciones económicas y de comercialización del petróleo. No se trata de un acuerdo basado simplemente en la confianza, sino en la verificación de su cumplimiento, aseguró Obama.

Todavía queda camino por recorrer. La oposición republicana tiene serias dudas acerca de la actitud futura de Irak. Y, en Medio Oriente, Israel simplemente no quiere creer que Irán haya abandonado la política en su contra.

Obama no piensa lo mismo.

En un mensaje radial transmitido “en vivo y en directo” en Irán, calificó el acuerdo como “un nuevo capítulo en nuestra búsqueda de un mundo más seguro y más esperanzador”.

Debería ser parte importante del balance final de su gobierno.