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El 09 de noviembre – ein Schicksalstag

Por Gloria Vilicic Peña jueves 8 de noviembre del 2018

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El día de mañana, el 9 de noviembre es un día memorable para el pueblo alemán y una foto instantánea de tres momentos históricos de éxito y fracaso de una democracia. Al recordar esta fecha los alemanes tienen sentimientos encontrados, pues dependiendo del año al cual se refieren con el 9 de noviembre, va tomando un sentido y sentir distinto. Como una nación forjada por las guerras, los germanos ocupan un término compuesto de dos palabras para referirse a hechos de alcance histórico que coinciden en una fecha especial. Es cuando hablan de un “día del destino” o “Schicksalstag”. Por un lado el 9 de noviembre del año 1918 el partido Social Demócrata alemán declaró el nacimiento de la República alemana de Weimar y el término de la monarquía. Por otro lado el 9 de noviembre del año 1938 los nazis atacaron sistemáticamente a la población alemana de ascendencia judía ante el silencio cómplice del resto de la población, los medios de comunicación y la comunidad internacional. Finalmente el 9 de noviembre del año 1989 cayó el muro de Berlín, dando inicio al término a las dictaduras comunistas y al comienzo de la reunificación de las dos Alemanias.

La memoria colectiva tiene siempre luces y sombras. Hay momentos para enorgullecerse y también los hay para avergonzarse. La así llamada “Noche de los cristales rotos” del 9 de noviembre del año 1938 es un eufemismo para la crueldad sistemática y violencia organizada de un Estado para perseguir y destruir a sus propios ciudadanos. La república de Weimar es el símbolo de una democracia destruida por el populismo político y la intervención estatal. La caída del muro de Berlín el 9 de noviembre del año 1989 es una esperanza por el amor a la libertad de ciudadanos que quieren ser los dueños de sus destinos. Mañana, cuando sea nuevamente 9 de noviembre esos tres momentos históricos palpitarán una vez más en la mente y corazón de los alemanes. Pero también harán eco en nuestra reflexión sobre cómo el ser humano puede volar tan alto hasta construir su propio destino en una unidad democrática, a la vez que puede bajar al infierno de la indiferencia y el odio, para destruir a sus propios congéneres. El 9 de noviembre es una fecha más en el calendario y no lo es. Los sobrevivientes al holocausto nazi llorarán por sus seres queridos destruidos y aniquilados por un Estado organizado para ocupar el poder administrativo para gobernar en el terror. Las familias separadas y destruidas por el Muro de Berlín, celebrarán la reunificación alemana, luego de 44 años de barbarie socialista. Los Socialdemócratas celebrarán el triunfo de la República sobre la Monarquía.

El 9 de noviembre es una fecha que nos invita a reflexionar sobre nuestros actos y la consecuencia de nuestros actos. Existen en todo país, momentos históricos, días concretos en los cuales nuestros gobernantes y políticos toman decisiones sobre el devenir de la nación y sus habitantes, sin saber o medir a veces las consecuencias que puedan tener. La reflexión histórica ayuda a entender el presente y a prever posibles escenarios futuros. La reflexión histórica es subjetiva, individual, colectiva y abre debates sobre los que fuimos, somos y queremos ser como nación. Un pueblo que reflexiona sobre su devenir histórico, avanza en la cohesión social, participación democrática y en la construcción de un ideario de futuro. Mañana, cuando los alemanes recuerden alguno de los 09 de noviembre que tocó a esa nación vivir, sus mentes y corazones se preguntarán por qué ha de existir un “día del destino” o Schicksalstag”, si finalmente depende de cada uno de nosotros si recordaremos fechas históricas como el 9 de noviembre con orgullo o vergüenza. El destino predetermino no existe, pero sí la voluntad de todos de forjar un destino en conjunto por una nación pacífica y democrática. Sea esta nuestra voluntad como nación chilena y como región magallánica este 9 de noviembre.