Necrológicas

El día de la marmota

Por Carlos Contreras martes 4 de septiembre del 2018
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El día de la marmota o el groundhog day es una película que se tradujo para nuestra cartelera como hechizo del tiempo y que da cuenta de un protagonista que queda atrapado en el mismo día, esto es, que todos los días empieza en el día anterior y se repiten las mismas acciones del día anterior, sin importar lo que haga o las formas que inventa para salir de esta situación.

Revisando nuestros últimos años tenemos varios episodios del “día de la marmota” en nuestra historia Republicana y tengo la impresión que nadie quiere romper este hechizo.

En efecto, cada cierto tiempo vemos cómo mucha gente se lamenta de la triste situación de nuestros niños, de la niñez desvalida y abandonada en nuestro país, salen las capas y las espadas, las soluciones legislativas para que nunca más en Chile pase lo que ha pasado. Cada cierto tiempo tenemos más de un conflicto basado en las violaciones a los derechos humanos y la única diferencia es si miramos hacia adentro de nuestro país o hacia afuera con el objeto de empatar o manifestar una mayor magnanimidad o conocimiento en el tema. Cada cierto tiempo se hacen llamados a la unidad nacional en los “grandes temas de Estado”, parafraseando, en mi opinión, al concepto de gobierno de “unidad nacional” que trató de instalar en el inconsciente colectivo la Dictadura. Cada cierto tiempo se plantean una serie de instrumentos y modificaciones legales para favorecer y dar una mejor calidad de vida a la clase media y pareciera que ello nunca llega ni se concreta. Cada cierto tiempo se hacen grandes campañas para apoyar distintas actividades dirigidas a los más desposeídos sin que exista una política real para atender estas urgentes situaciones y necesidades.

El problema es que siempre es lo mismo, sólo cambian un poco los emisores de la información y los protagonistas, sólo cambian los protagonistas, pero no existe mejora ni finales felices.

Es curioso que muchos crean que el mundo no evoluciona, que pueden seguir con los mismos discursos y algunos retoques, pero es tiempo que se constate y se asuma con claridad que nuestro mundo no es el mismo que hace veinte, treinta y cuarenta años, que los derechos humanos no pueden ser objeto de discursos ideológicos trasnochados y oportunistas; que los niños no son el futuro, sino que son el presente y requieren una solución aquí y ahora; que la clase media chilena, como la conocíamos ya no existe y que ha sido reemplazada por una estructura propia del sistema de libre mercado marcado por el consumo; en fin, entender que a la pobreza o menesterosidad económica se ha sumado una pobreza valórica que es evidente al privilegiar el individualismo por sobre la solidaridad y lo colectivo.

Mientras no se asuman las situaciones señaladas, seguiremos viviendo el día de la marmota.