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El día después de mañana

Por Gloria Vilicic Peña jueves 7 de noviembre del 2019
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Quizás en dos o más años un connotado comentarista radial y de televisión en Magallanes se preguntará por qué después de haber impulsado el cambio de la Constitución en Chile, los problemas y manifestaciones sigan persistiendo. La respuesta será entonces, al igual que ahora, la misma, porque los problemas que nombran las personas que salen a protestar, no tienen que ver con la Constitución. Y los que plantean la creación de una nueva Constitución persiguen otros intereses distintos a los que se expresan actualmente en las calles. El cambio de sistema de AFP no está en la Constitución si no que en el decreto de Ley 3.500. Las isapres y Fonasa no están en la Constitución si no que en la Ley 18.933. Los delitos de colusión, soborno, cohecho no se regulan en la Constitución sino que en el Código Penal. Los medicamentos son regulados por el Código Sanitario y el decreto 466/1985. Las tarifas del transporte público no están reguladas en la Constitución sino que en la Ley 20.378. Las tarifas de los servicios sanitarios no están en la Constitución sino que en los decretos 453 de 1990. Los sueldos de los ministros y empleados públicos tampoco están en la Constitución, sino que en el decreto 249 de 1974. Los sueldos de los funcionarios constan de un sueldo base y varias asignaciones a las que el común de los mortales no accede.

La Constitución no es el problema. El problema es que parece que generamos leyes de papel que no se cumplen o se cumplen sólo para algunos. Las soluciones son, algunas simples, otras complejas, algunas rápidas y otras de largo aliento. Algunas medidas las podemos implementar ahora mismo, como el 50 ó 100% de descuento para los adultos mayores en transporte publicó a nivel nacional, como la eliminación del impuesto específico a los combustibles, la eliminación del Iva a productos sensibles (harina, libros, etc.), como la creación y financiamiento de pensiones no menores al sueldo mínimo, fomento de las farmacias comunales, etc.

Pero si la Izquierda insiste en que tenemos que crear una nueva Constitución, porque la actual tiene el estigma de su origen, a pesar de las reformas de Lagos, es porque la Izquierda persigue otros fines. La Izquierda insiste en cambiar la Constitución actual porque protege la propiedad privada, protege a los individuos de las tiranías de la mayoría. Pero si la Constitución es la piedra de tope y el precio para volver a la paz social, bueno, entonces cambiémosla y para ello que los interesados levanten candidatos con programas concretos para la creación de una nueva Constitución, indicando qué tipo de Constitución quieren, con qué principios y objetivos. Aprovechemos entonces de crear una Constitución nueva en la cual los magallánicos podamos ser artífices de nuestro propio destino, donde no vengan más candidatos y candidatas a postularse a cargos públicos por tiempos infinitos. Una Constitución que fortalezca aún más las libertades individuales, fortalezca a la familia, proteja la propiedad privada contra los impuestos discriminatorios, premie la meritocracia sobre el nepotismo, sancione a los partidos que anteponen sus ideologías globalistas sobre el bien regional, que cree áreas protegidas que puedan convivir con el desarrollo económico, que reconozca a los pueblos originarios y le den sus tierras ancentrales y no genere divisiones en la unidad territorial de Chile, etc.

El día después del mañana, cuando tengamos una nueva Constitución el connotado comentarista radial y de televisión se preguntará por qué el camino de las reformas pacíficas ha traído siempre más estabilidad a los países, mientras las revoluciones pagan con violencia, lo que en una república democrática se puede alcanzar con el diálogo, programas y propuestas políticas, y, por sobre todo, con un pueblo que vota en consciencia a sus gobernantes, para que nos lleven a formar un país más próspero, justo, digno y lleno de oportunidades, a través de políticas reales y no de leyes o constituciones de papel, que nada dicen como en paz y democracia alcanzamos la prosperidad para todos.