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El día y la noche de los humanos

Por Alfredo Soto martes 5 de noviembre del 2019
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Con sinceridad no sabía cómo em-pezar en esta oportunidad esta columna que ver-
sa de distintos tópicos vinculados con la Antártica y los territorios Subantarticos sus características, sus influencias climáticas, también como una manera de resaltar nuestras bellezas y actividades afines todas dentro del marco de la formación del ser humano, o mejor dicho de la manera de educar a nuestros niños y jóvenes, ávidos por aprender de esta vida, vinculante con los entornos que nos rodean. No puedo replegarme y no manifestar algo de la inquietud, las interrogantes, las incertidumbres que provocan todo lo que acontece en nuestro país, en nuestra región y sobre todo con nuestros compatriotas en diversos puntos del  territorio nacional.

A veces existen días donde nos levantamos de la cama y estamos tristes o eufóricos, un poco depresivos o más contentos que cuando recibimos una buena noticia o un regalo que cumple con alguno de nuestros sueños, con ganas y el deseo de hacer muchas cosas, a veces de hacer cosas estando muy cansados, y todo sin ninguna explicación que nos pueda orientar para saber qué está sucediendo. Pero en el ámbito científico y sobre todo en el campo de la salud, respuestas sí las hay. Tiene que ver esencialmente con la producción química del cerebro y con una serie de  neurotransmisores, que aumentan o disminuyen el nivel eufórico del día, dependiendo también de muchos factores como el estrés que provoca una sociedad compulsiva con problemas de movilidad urbana, con excesos horarios laborales, con incertidumbres del futuro de una vida como adulto mayor, con precarias acciones en la protección de la salud para los más afectados o las preocupaciones propias de la educación de sus hijos, de la mantención de una familia cuando los recursos no alcanzan, pero sin ir más lejos también de las condiciones climáticas de una amplia región, de los ciclos de luz y oscuridad -ritmos circadianos- y, de forma más concreta, de la luz solar, que no hay que confundir con la radiación solar.

Está claro que a pesar y respecto a la luz solar vamos avanzando en nuestra primavera hacia el verano y sabiendo aparte de cuestiones relacionadas con la genética y otros factores sociales, el clima, el buen tiempo, influye decisivamente en los estados de ánimo de las personas por el contrario los días oscuros, con mucha presencia de vientos, precipitaciones que nos obligan a estar encerrados y si agregamos la falta o pérdida del calor, nos sumergimos en un ambiente de frío, generan estados mentales depresivos o pueden desencadenar actitudes melancólicas, decaídas y reprimidas y nuestras respuestas pueden ser a veces dependiendo de factores sociales de insatisfacción con conductas agresivas, buscando elementos distractivos que en vez de solucionar el problema lo agrava como es el alcoholismo y la drogadicción. En todo este mal cultivo en el interior del ser humano aflora una condición natural que a simple vista podríamos catalogar de improcedente, poco civilizado y en desacuerdo total con la vida en común. Pero el problema es que se encuentra en nuestro ADN, a pesar de estar bien adaptados y diseñados para vivir en comunidades, nuestras sociedades humanas poseen rasgos comunes cuando se gatillan situaciones primitivas, entre ellas, la enloquecida actitud de caer en un estado de descontrol, de romper todo e incluso de enfrentar y violentar a sus mismos pares. Curiosamente los estudios indican que violentar a su propia especie, está aparentemente correlacionada con una elevada inteligencia.

Los enfrentamientos humanos hoy en día tienen muchos niveles de complejidad y a su nivel más alto es un componente integral del arte de gobernar y en el nivel inferior de la escala, se esconde muy bien, del punto de vista táctico como de los objetivos con el tipo de manifestación violenta de los chimpancés. Es decir nos trae al recuerdo nuestro ancestral pasado de que cuando algo no nos gusta lo manifestamos, primero con educación, luego con tolerancia pero finalmente cuando se traspasan los umbrales de los derechos de cada uno de los integrantes de la sociedad y en masa, demostramos quiénes somos desde nuestros orígenes. Esperamos seguir avanzando hacia nuestro verano de escasos rayos solares, pero con optimismo y convicción de que lograremos salir de esta penumbra y poder controlar sobre todo a nuestros semejantes más violentados en sus derechos que escapemos de nuestro origen primitivo y nos encaucemos basados en nuestra inteligencia en ser más acordes, con firmeza y convicción de lo que realmente queremos para nuestro país y nuestra población.