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El escritor Jaime Laso: Ushuaia, Haití, la muerte

Por Marino Muñoz Aguero domingo 8 de julio del 2018

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A principios de 1964 Jaime Laso (1926-1969) fue destinado a Ushuaia, Tierra del Fuego. Seguramente vino a su memoria la sentencia del sacerdote del colegio que lo amenazaba con el infierno por su mala conducta, a lo que Laso respondía sonriente que no importaba, pues a él le encantaba el calor; “su infierno será frío”, remataba el inquisidor.
“Su designación como cónsul chileno en Ushuaia no fue precisamente un galardón en su carrera diplomática. Hay lugares en la tierra que prueban a fuego el temple de los funcionarios de relaciones exteriores. Uno de esos es Ushuaia…” (Marino Muñoz Lagos, “Jaime Laso en Ushuaia”, diario “Las Últimas Noticias”, 19 de noviembre de 1981).
Llegó a la lejana posesión en tensos momentos bilaterales, con un clima anti chileno por el no resuelto conflicto del Beagle, a pesar del alto porcentaje de población chilena. Argentina era gobernada desde octubre de 1963 por el médico radical Arturo Umberto Illia, depuesto en junio de 1966 por el militar Juan Carlos Onganía.
El 4 septiembre de 1964, un destructor de la armada apuntaba hacia el consulado, ese día eran las elecciones presidenciales en Chile, donde competían el democratacristiano Eduardo Frei (con el apoyo de la derecha), el radical Julio Durán Neumann y el socialista Salvador Allende Gossens. Laso era allendista y la policía secreta argentina tal vez manejaba esa información y probablemente se temía algún desborde en caso que ganara el candidato socialista, lo que finalmente no ocurrió. A propósito de lo anterior, el escritor Jorge Edwards expresa que, al igual que Enrique Lafourcade, Laso se autodenominaba “apolítico”, a raíz de lo cual ambos eran acusados de un derechismo vergonzante (Edwards, “Adiós poeta”, ebook, pag. 161).
“Llegamos a Ushuaia al mediodía y constatamos de inmediato que, efectivamente, postes y murallas estaban tapizados de consignas antichilenas y de incitación a tomar “nuestras islas” usurpadas” (Diario El Magallanes 19 de marzo de 2017, Suplemento El Sofá, pgs. 8 y 9). Es el recuerdo del viaje que hizo en febrero de 1965 el periodista magallánico Jorge Babarovic, oportunidad en la que se reunió con Jaime Laso en el consulado chileno.
Y del infierno frío de la Patagonia al infierno ardiente del Caribe; a fines de 1965 el escritor es designado Encargado de Negocios en Puerto Príncipe, Haití, ciudad donde vivió en toda su crudeza el régimen dictatorial de Francois Duvallier (“Papá Doc”). Laso asumió riesgos de inmediato: refugiaba perseguidos políticos en la embajada salvándoles la vida. De su experiencia en dicha nación sacó el material para su novela “Back y Blanc” publicada póstumamente.
En 1968 llega a Washington en compañía de su esposa Inés Budge. La cancillería los había enviado con el objeto que se hicieran un completo chequeo médico, a fin de detectar cualquier contagio que hubieran contraído durante su estada en Haití, afortunadamente estaban bien de salud.
En Washington se encontró con un viejo conocido chileno, colega en la diplomacia y en las letras; el poeta Armando Uribe Arce que fue destinado también a esa sede. Eran los días de la intervención de Estados Unidos en Chile, en vistas a las elecciones presidenciales de 1970. Laso y Uribe estaban al tanto de los movimientos, incluso descubrieron micrófonos de espionaje ocultos en la embajada (Uribe, “Memorias para Cecilia” ebook pag. 717).
Poco antes de terminar su misión en Washington en 1969, Laso es abordado en un parque por un Coronel del Ejército de Estados Unidos que le ofrece una cuantiosa suma de dinero a cambio de su colaboración como informante. La acción le causó tal molestia al escritor que le manifestó a su esposa lamentar no haber portado una pistola y haber matado a su interlocutor. A pedido de su mujer, Armando Uribe interviene gestionando el regreso inmediato de Laso a Chile, donde muere a los pocos días de su llegada, el 15 de diciembre de 1969. El episodio es referido por el mismo Uribe en “Coloquio del oro y el moro” (con Virginia Vidal), ebook, pags. 265 y sgtes.
Fue una muerte sorpresiva y extraña: infarto, indicó el parte médico. El escritor Jorge Edwards recuerda haberlo visitado tres o cuatro días antes de su fallecimiento, lo encontró con la cabeza envuelta en una toalla caliente y le escuchó muy seriamente decir que “Papá Doc” (a quien, por cábala, no llamaba por su nombre, le decía “El hombre”) le había lanzado maldiciones de vudú (Edwards, “Recordando a Jaime Laso” en Revista Diplomacia Nº125, diciembre 2012, pgs. 70 y 719).
Uribe también alude a una conversación con Soledad Bianchi, sobrina de Jaime laso, quien le contó que en la víspera de la muerte, el escritor se habría encontrado en el centro de Santiago de Chile con un Coronel de Estados Unidos que lo invitó a tomar un trago, al llegar a su casa se acostó y ya no volvió a despertar (Uribe, “Coloquio…” ebook, pag. 271).